Una perrita convive con las vacas por agradecimiento a su dueño

Canela

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

H
ay historias como la de Hachiko –el perro fiel japonés- que siguen estremeciendo los más profundos sentimientos de la gente, hasta en los confines de la Tierra, pero hay millones de historias de perros fieles que son desconocidas, como la de una zaguatita generaleña llamada Canela.

Es, ésta, la historia de una perrita que llama la atención en los barrios El Llano y San Andrés, de San Isidro de El General, porque decidió corresponderle a su benefactor cuidándole las vacas, así tenga que esperar a que amanezca para que le lleven comida y así tenga que soportar una lluvia pertinaz como la que está cayendo, en esta mañana de domingo 15 de junio de 2014.

Aunque la lleven a la casa, siempre regresa con las vacas.

Aunque la lleven a la casa, siempre regresa con las vacas.

Hace ya dos años que Mario Víquez, un vecino de la comunidad de Pacuarito, vio que había una perrita de meses, sólo pulgas y huesos, que permanecía en un caño de la Cuesta del Chupulún, camino a Dominical.
Dos días después, todavía seguía en el caño, y algún gesto de cariño le hizo Mario, porque la perrita se fue detrás del carro; y con un poco de desaprobación de su familia, por el estado en que se encontraba, la metió en la cabina, la llevó a casa, la alimentó, la aseó y, desde entonces, es un amado miembro de la familia.

Es más que sabido que hay un instinto en los perros que han estado en el abandono, que los lleva a expresar su agradecimiento adoptando gestos de cariño y protección de las cosas que pertenecen a sus benefactores.
Pero el caso de Canela es diferente. En lugar de quedarse en la casa, cuidando desde el corredor, decidió proteger a las vacas. Vive con ellas; y si un extraño se les acerca, ladra, gruñe y enseña los dientes hasta que el intruso se haya retirado.

Siempre está dispuesta a retirar al extraño que se acerque a las vacas.

Siempre está dispuesta a retirar al extraño que se acerque a las vacas.

No le importa que Mambo, el otro perro de los Víquez, se haya ido para la casa. Mambo es otra cosa, es un perro “corriente”, negro y pequeñito, que también fue adoptado desde que anduvo durante varios días sin rumbo ni destino y que, como otros, prefiere proteger la casa echado en el corredor.

Ni es cierto –para los que puedan haber pensado que Canela “montó un negocio rentable”- que aproveche las condiciones para beber la leche de las vacas. Se notaría y, de todas maneras, no aceptaría con el mismo gusto la leche que le llevan sus dueños en las mañanas.

La actitud de Canela es un caso muy particular; pero es sólo una de tantas las historias de agradecimiento y fidelidad que pueden contar todos los que han recogido un perro de la calle. Una de las tantas historias que, de alguna forma, se parecen a la de Hachiko.

Hachiko, conocido universalmente

El perro fiel japonés es un símbolo universal del amor de un animalito hacia su dueño. Se lo regalaron a Eisaburo Ueno, profesor del Departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio, en 1924, para que llenara el vacío que le dejó la muerte de una perrita.

Usted puede obtener más información sobre mascotas por medio del correo adopciones@perezzeledon.net


Hachiko fue enviado dentro de una caja desde una lejana comunidad llamada Akita hasta la estación de Shibuya (un viaje de dos días en un vagón de equipaje) y cuando los sirvientes del profesor lo fueron a retirar, creyeron que estaba muerto.

Dice la historia: “Sin embargo, cuando llegaron a la casa, el profesor le acercó una fuente con leche y este se reanimó. El profesor lo recogió en su regazo y notó que las patas delanteras estaban levemente desviadas, por lo que decidió llamarlo Hachi (‘ocho’ en japonés), por la similitud con el kanji (letra japonesa) que sirve para representar al número ocho (八)”.

Hachiko disecado, en el Museo Nacional de la Naturaleza y las Ciencias de Japón.

Hachiko disecado, en el Museo Nacional de la Naturaleza y las Ciencias de Japón.

“El profesor pensó en regalar a Hachi, pero pronto se encariñó con el perro, que lo adoraba enérgicamente. El perro lo acompañaba a la estación para despedirse allí todos los días cuando su dueño iba al trabajo, y al final del día volvía a la estación a recibirlo. Esta rutina, que pasó a formar parte de la vida de ambos, no fue inadvertida ni por las personas que transitaban por el lugar ni por los dueños de los comercios de los alrededores.

“Esta rutina continuó sin interrupciones hasta el 21 de mayo de 1925, cuando el profesor Ueno sufrió un paro cardiaco mientras daba sus clases en la Universidad de Tokio, y murió. Esa tarde Hachiko corrió a la estación a esperar la llegada del tren de su amo, y no volvió esa noche a su casa.

Paloma, una de las mascotas que esperan en SOS Adopciones PZ.

Paloma, una de las mascotas que esperan en SOS Adopciones PZ.

“Se quedó a vivir en el mismo sitio frente a la estación durante los siguientes 9 años de su vida. Conforme transcurría el tiempo, Hachiko comenzó a llamar la atención de propios y extraños en la estación; mucha gente que solía acudir con frecuencia a la estación habían sido testigos de cómo Hachiko acompañaba cada día al profesor Ueno antes de su muerte. Fueron estas mismas personas las que cuidaron y alimentaron a Hachi durante ese largo período.

“La devoción que Hachiko sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que lo rodeaban, quienes lo apodaron “el perro fiel”. En abril de 1934, una estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación Shibuya, y el propio Hachikō estuvo presente el día que se inauguró”.

Así es Hachiko y así Canela. Y así Perla y Paloma y Zanahoria y Estrellita y tantos otros animalitos que están esperando la compasión de un ser humano, en SOS. Adopciones PZ, para acompañarlo y corresponderle con amor.


15 junio, 2014

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