Un vulcanólogo generaleño en la comunidad científica

Jorge Barquero, vulcanólogo generaleño.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

A
 la Región Brunca se le ha reputado como una cantera de mano de obra dispersa, de gente que  se desplaza a San José y a los Estados Unidos a trabajar en cualquier cosa y, en el mejor de los casos, de estudiantes que viajan al Valle Central, se preparan en las universidades y regresan a casa con títulos universitarios que les permiten conseguir un trabajo para ir viviendo y rematar una jubilación relajada.

Pero también ha sido un manantial mentes que han sobrepasado limitaciones y barreras, cuyos aportes, desde puestos claves, han contribuido y siguen contribuyendo en la gestación de cambios de trascendencia para el país y para el mundo.

La Región, en otros términos, ha sido un “punto de fuga”, donde nacen ideales que se proyectan mucho más allá de las barreras naturales y mentales que presupone la existencia del Cerro de la Muerte.

Uno de ellos es Jorge Barquero Hernández, un generaleño que se ha dedicado  a las investigaciones vulcanológicas.

Un ser viviente

Jorge Barquero, en una de sus tantas visitas a la cima del Chirripó.

Jorge Barquero, en una de sus tantas visitas a la cima del Chirripó.

Cerca de una colada de magma, materia sólida derretida a la temperatura de 700 grados centígrados, Jorge Barquero toma una piedra, y la acaricia. Sabe que es “la parte” más joven del planeta Tierra, un ser viviente que está en permanente cambio.

Los volcanes son su pasión, desde que se le presentó la oportunidad de promover la creación y formar parte de un instituto para la investigación vulcanológica, con fines de prevención y aprovechamiento de una de las más formidables expresiones de la naturaleza.

Son su pasión, es decir, se convirtieron en su pasión, porque cuando estudiaba en la Escuela 12 de Marzo de 1948 y en el Liceo Unesco y se entretenía, a la sana manera campesina, en los guayabales donde luego se levantaron amplios sectores de la San Isidro de El General, jamás se hubiera imaginado que el destino le iba a permitir convertirse en uno de los fundadores del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica.

Es de la raza de José Barquero y Rosa Hernández, un matrimonio joven que se estableció en San Isidro de El General en l950, en una propiedad que hoy colinda con los tribunales de justicia. El padre de familia vino a trabajar en el MOPT.

 La oportunidad de estudiar

Portada del Libro "El Macizo Chirripó".

Portada del Libro “El Macizo Chirripó”.

San Isidro todavía guardaba aires de aldea y quedaba muy lejos del Valle Central, cuando a Jorge se le presentó ofreció la posibilidad de que se estableciera con una hermana suya, que vivía con su esposo en Cartago.

Terminó la secundaria en el San Luis Gonzaga y continuó estudiando para profesor en la Escuela Normal, en las áreas de Geografía e Historia.

Luego, con la creación de la Universidad Nacional, el 15 de febrero de 1973, pudo profundizar en sus estudios, obtener la licenciatura en Geografía y Física, convertirse en catedrático y generar la idea de crear un observatorio vulcanológico permanente.

El apoyo fue total. La Escuela de Ciencias Geográficas de la UNA se convirtió en un albergue de científicos que acudían a respaldar el proyecto que se habría de convertir en el Observatorio Vulcanológico y sismológico de Costa Rica (OVSICORI). El apoyo del Servicio Geológico de Estados Unidos, de universidades estadounidenses, del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, del Instituto Costarricense de Electricidad, de la Universidad de California, del Consejo Nacional de  Investigaciones Científicas y Tecnológicas.

De esa forma se logró establecer un sistema de conexiones a tiempo real, en todo el Círculo de Fuego.

Barquero también es escritor. Ha publicado cinco libros, que se llaman “Volcán Poás”, “Volcán Irazú”, “Volcán Arenal” y “Pinte y Aprenda” y “El Maciso Chirripó”, todos ellos en dos idiomas, porque un importante porcentaje de sus clientes son de habla inglesa.

Aterradora premonición

Le apasiona el conocimiento; el conocimiento de los volcanes, por dentro y por fuera. Una vez, en 1993, acompañado por otros nueve científicos, iba descendiendo hacia el cráter del volcán Galeras, en el sur de Colombia, cuando de pronto se le metió un desatino y se devolvió. Existía riesgo de generación de un flujo piroclástico.

Los demás siguieron y nunca más los volvió a ver. Una noticia aterradora le informaba algunos de los científicos que se habían adelantado al grupo fue virtualmente volatilizado. Los cuerpos de los demás estaban calcinados.

Barquero forma parte de la comunidad científica del mundo y en ella se desenvuelve. Pero alcanza el borde de la realización, cuando acude a las escuelas y los colegios, cuando los niños y los jóvenes escuchan, con asombro lo que él les cuenta sobre los maravillosos volcanes, su grandeza, su poder y la labor que les ha sido asignada, en la formación y la transformación de la Tierra.


19 abril, 2013

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