Un espacio filantrópico en el mundo empresarial

Pedro Barrantes.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

E
n el mundillo comercial de Pérez Zeledón, especialmente afectado por una prolongada crisis, es difícil concebir que haya un empresario, como Pedro Barrantes Chavarría, que reserve parte de sus ganancias a obras de caridad y de bien social.

Propietario de las marisquerías Don Beto y del Rancho Don Beto, Pedro Barrantes es uno de esos generaleños que emerge de las condiciones económicas más dramáticamente modestas –hijo de un peón agrícola con una familia de diez hijos- para convertirse en un empresario solvente de convicciones altruistas.

Brinda ayuda a organizaciones filantrópicas; a deportistas de condiciones muy modestas; en proyectos comunales, y si bien es objeto de reconocimientos por su generosidad, prefiere una que le dediquen una oración que las gracias y los agasajos.

Una retribución simbólica

En medio de las atribulaciones de una mañana intensa de trabajo, y a pesar del desfile de gente que aproxima para tratar algún tema de interés mutuo, Pedro Barrantes todavía tiene tiempo para atender una entrevista improvisada.  Tal es la sensibilidad social de este empresario generaleño. El tema: su generosidad.

“No me gusta decir que yo ayudo; cuando me dan las gracias, les respondo que le pidan a Dios que me vaya bien.  Lo hago con gusto”, afirma, al explicar que sus aportes no son donativos, sino una forma de devolver a los clientes algo de lo que ellos le dan. “Todo negocio tiene que tener responsabilidad social; pienso que se debe ser agradecido con los clientes”, subraya.

Respaldo a las obras de bien social.

Respaldo a las obras de bien social.

Pedro Barrantes dedica un porcentaje de utilidad a actividades sociales y de beneficencia.  El año pasado -2013-  por ejemplo, organizó y costeó una fiesta para 120 personas, en la escuela de Los Reyes (distrito Daniel Flores), con ocasión de estarse celebrando el Día del Niño.

Antes –recuerda- iba tres veces por año a la cárcel, para celebrar con los privados de libertad el Día de la Madre, la Navidad y el Día del Privado de Libertad; pero el proyecto cayó desde que falleció Vianney Monge, el educador, músico y cantante que intercedía para que Barrantes contribuyera en las celebraciones.

La lista de actividades en las que brinda ayuda es larga. Baste con mencionar fiestas para los niños con parálisis cerebral (en que sólo cobra un precio simbólico) o su sistemático apoyo al “Proyecto Carpa”, mediante el cual un grupo de generaleños trabaja en la búsqueda de soluciones para los indigentes.

Los atletas indígenas

Pedro Barrantes está detrás de uno de los más celebrados detalles de la Carrera Internacional Campo Traviesa al Cerro Chirripó: la participación de atletas indígenas, gente sorprendente revestida de misterio, que llega desde el otro lado de la Cordillera de Talamanca a ocupar lugares de privilegio, tras haber caminado una jornada de ocho horas.

Apoyo a los atletas indígenas.

Apoyo a los atletas indígenas.

Se movilizan en grupos de siete y hasta ocho personas, a las cuales ha venido financiando desde que los tomó bajo su tutela, cuando corrían descalzos o con botas de hule que les dejaban los pies en carne viva.

Su disgusto no es para menos porque en la organización del evento lo hayan cambiado por otro patrocinador, el Banco Popular y de Desarrollo Comunal, ahora que los indígenas tienen formación de atletas y aparen en los titulares de los medios de comunicación del país.

A los que no ayuda, y en eso es claro y contundente, es a los caballistas, porque considera que exigen tratos abusivamente preferenciales, a cambio de una cuota que no deja ninguna rentabilidad a las comunidades a las que asisten.

De empleado a empresario

Era administrador del supermercado Palí, “donde ganaba menos que un cajero y trabajaba de seis de la mañana a diez de la noche”, cuando decidió aventurarse en un negocio propio, primero comercializando mariscos y después montando un pequeño restorán (dada su afinidad y su gusto por la cocina). Los llamó “Marisquería Don Beto”,  en homenaje a su padre, Alberto.

Declarado de interés turístico.

Declarado de interés turístico.

Comenzó en el barrio Boston, en un pequeño abastecedor, propiedad de su padre; y luego se trasladó (sin abandonar el abastecedor) a la Feria del Productor Generaleño, en consideración a que su negocio estaba creciendo y necesitaba una ubicación más céntrica y estratégica.

Luego se hizo de un local, destruido por un incendio, accidente que sólo le sirvió de motivación para tomar nuevos impulsos; y se ubicó a 50 metros al norte del Estadio Municipal de Pérez Zeledón, donde hoy la “Marisquería Don Beto” es un punto de referencia.

Y, sobre la base de un arduo trabajo y perseverancia, además de la necesaria alta calidad del servicio, hoy su pequeño proyecto está constituido por el histórico abastecedor, la marisquería del Centro, la marisquería de Villa Ligia y el Rancho Don Beto.

Un hombre agradecido

Este Rancho, ubicado en Pavones, fue construido en un terreno de cinco hectáreas y, con dos ranchos, piscina, zonas verdes, senderos y cancha de fútbol, cuenta con capacidad para 500 personas. Fue declarado de interés turístico por el Instituto Costarricense de Turismo.

Catering service, música, bus, manteles, arreglos florales, brindis… todo adaptado a las capacidades y necesidades del cliente, en una empresa visitada por gente de todas las condiciones sociales y económicas.

Una empresa que evoluciona.

Una empresa que evoluciona.

Por su propia fama o atraídos por el programa “Tiempo de Tertulia”, conducido por Tony Méndez, por ahí van pasando las más diversas personalidades. Ex presidentes, gente de la farándula, todos o casi todos, los candidatos presidenciales… Aunque Pedro Barrantes prefiere no hacer distinción entre clientes.

Dice que se tiente cansado, atribulado por los dieciocho años de estar al frente de una empresa que demanda su labor constante; pero inmensamente agradecido con la oportunidad que ha tenido para servir.

Agradecido de ver que sus chiquillos van saliendo adelante: una hija licenciada en Preescolar y sacando Psicología; uno cerca de graduarse como médico en la Universidad de Costa Rica; y el otro (son tres) estudiando Administración de Empresas.

Agradecido de ver que sus hermanos fueron acomodándose en la sociedad, en diferentes actividades, y han logrado enfrentar con éxito los avatares de la vida; de haber superado las calamidades económicas de cuando, en alguna ocasión, tuvo que acostarse sin comer porque no había nada en casa; agradecido de poder ayudar; e inmensamente feliz –y esto es algo que no oculta- de tener un nieto de cuatro meses que… no, no se llama Pedro, se llama Benjamín.


10 febrero, 2014

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