Se pueden disimular los gases, pero no la mala digestión

Río San Isidro, a su paso por el Polideportivo.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

T
oda vez que lograron comprobar lo que Héctor Fallas y demás vecinos del barrio Las Américas ya sabían, acerca de los sudores de la laguna de oxidación y de que se están escapando contaminantes al río San Isidro, funcionarios del Ministerio de Salud recomendaron a su jefe regional que fije un tiempo prudencial a Acueductos y Alcantarillado para que busque una solución efectiva.

“Es un hecho que la planta de tratamiento de aguas residuales ubicada en El Hoyón está contaminando el Río Quebradas, en donde son vertidas dichas aguas, por lo que no procede otra cosa que girar orden sanitaria para que en plazo razonable se inicien las obras necesarias  para cumplir con el Reglamento de Vertido y Reúso de Aguas Residuales”, dice un oficio suscrito por Manuel Barquero, de la Dirección de Área Rectora de Salud de Pérez Zeledón, dirigido a Gustavo Rodríguez el seis de febrero de 2013.

Barquero visitó la planta de tratamiento, situada en las afueras de San Isidro de El General, para indagar sobre la denuncia que presentó Fallas, presidente de la Cámara de Comercio de la Región Brunca, un día en que la digestión de la laguna estaba moderada. No estaba más hedionda de lo “relativamente normal”  y “…no se observan fluctuaciones importantes que nos indiquen alguna anomalía que altere el desarrollo normal de la oxidación”, dice el informe del funcionario.

Lo del hedor lo explica un técnico de operación encargado del funcionamiento de la vigilancia y  monitoreo de las lagunas de oxidación en que a las aguas se les está dando un tratamiento con un producto biológico para controlar los olores.

Aún así, el funcionario de Salud expresa que el problema que ocasiona el sistema de tratamiento de aguas residuales, “por malos olores, entre otras cosas”, es un poco más complejo y va más allá que una tarde de contaminación ambiental.

Indica que tres  análisis realizados por el Laboratorio de Aguas del AyA revelan que la planta sobrepasa los límites permitidos en altos porcentajes y que a pesar de que en los reportes se recomiendan acciones correctivas muy específicas con el fin de mejorar el funcionamiento de la planta, la situación se mantiene igual, a pesar de que la contaminación es una realidad.

Ahora, lo que sigue es determinar cuánto dura un tiempo razonable para que AyA inicie las obras con miras a cumplir el reglamento y, además, cuánto es lo que van a durar construyéndolas, lapso equivalente –por silogismo de escuela primaria- al que las aguas viciadas de la laguna seguirán cayendo al río.

El San Isidro, o Quebradas, como se le llama más arriba, es afluente del río Grande de Térraba y en el propio barrio El Hoyón, donde se encuentran las lagunas, se junta con el  Jilguero, el otro río que baña a la ciudad de San Isidro.

 

La foto es del río San Isidro, a su paso por el Polideportivo.


19 febrero, 2013

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