Por ingobernables, tuvieron que vender las cabras de Cocorí

Cabras.

Carlos Monge

prensa@perezzeledon.net  

P
or haber despreciado todas las comodidades posibles  –incluyendo cierto régimen de libertad y pasto en abundancia- las cabras que solían verse en el sector sur de Lomas de Cocorí fueron vendidas y “confinadas” a Puerto Cortés, cantón de Osa.

El hato de cuarenta cabras que convertía a Edgar Corella, su propietario, en el más importante proveedor de leche de cabra en San Isidro de El General, en los años recientes, quedaba reducido a siete animalitos y que, dicho sea de paso, estaban a la venta, a inicios del presente mes de marzo de 2014.

No aprovecharon las libertades y el alimento abundante.

No aprovecharon las libertades y el alimento abundante.

La leche de cabra, reconocida como un producto delicioso y alimenticio, debería ser, además, un buen negocio. Pero con las cabras no se puede.

Son animales mansos y llevaderos, pero tienen costumbres alimenticias radicalmente diferentes a las que se observan otros animales, como los caballos, las vacas y las ovejas, que comen a ras del suelo. Las cabras optan por lo que encuentran a cierta altura y, en consecuencia, si hay ramas comen ramas; si lo que alcanzan es el tallo de la planta lo descascaran; y si lo que encuentran es ropa tendida, ni modo, también se la comen.

Debido a estas características, los hatos caprinos son mantenidos bajo un estricto control. Puede ser en fincas, pero siempre va a ser mejor en pequeños apartos o en estabulado y, dependiendo de la raza, amarradas del cuello con una cuerda que les permita una cierta movilización.

Son mansas y rentables, pero desobedientes.

Son mansas y rentables, pero desobedientes.

Corella las ha tenido en libertad, gracias a las facilidades que le han dado los propietarios de los pastizales que existen, por ejemplo, entre el salón comunal y el antiguo botadero de basura de Lomas de Cocorí.

Vivían en la abundancia, pero las quejas de algunos vecinos por los daños que estaban causando, lo llevaron a venderlas. Porque Corella –considerado con los aparentes sentimientos de libertad de los animalitos- no las quiere tener encerradas y menos amarradas.

Estudios realizados por la Universidad Estatal a Distancia indican que en Costa Rica, la caprinocultura bien administrada es una actividad rentable, por el alto precio que tiene un litro de leche de cabra, si se le compara con el de vaca.

En diversos sectores del país se desarrollan proyectos caprinos, aunque  investigaciones del Instituto Nacional de Aprendizaje revelan la carencia de registros. Y en el caso particular de Pérez Zeledón, la caprinocultura es marginal porque, así como Corella, los generaleños no quieren complicarse con cabras sueltas ni quieren condenarlas a vivir condenadas al cepo.  


18 marzo, 2014

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