A pesar de las vicisitudes Goyo sigue pedaleando

Gregorio Ceciliano Navarro.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

I
mposibilitado para trabajar como peón, porque tiene las dos clavículas quebradas, e imposibilitado para solicitar la misericordia de Dios, porque no puede doblar las rodillas, Gregorio Ceciliano Navarro no tiene más que seguir pedaleando, para ir haciendo frente a las vicisitudes de la vida.

Ha sufrido múltiples fracturas, y tiene que seguir trabajando.

Ha sufrido múltiples fracturas, y tiene que seguir trabajando.

Víctima de diversos accidentes de tránsito, dos de los cuales lo tuvieron al borde de la muerte, Gregorio –Goyo- como lo suelen llamar sus conocidos, sale en condiciones adversas a tratar de conseguir el alimento diario. Pero hay días en que no hay ingresos; no hay alimento… sólo, como en una mítica Caja de Pandora, un hálito de esperanza para el día siguiente…

Viaja en su bici moto diariamente desde San Pedro hasta San Isidro, donde se ofrece para hacer mandados. Duerme en un galerón que pronto deberá desalojar, porque el dueño, que vive en Estados Unidos, pronto regresará con el proyecto de montar una chanchera.

Goyo es un personaje más que conocido en San Isidro de El General, asociado a la venta de lotería, una moto guadaña y una bici moto con canasta y rótulos que alguien le proveyó tratando de ayudarle, en que ofrece un servicio exprés que no siempre le resulta rentable:

Se hacen mandados express, en San Isidro centro. Retirar medicinas en el Hospital, traer almuerzos o cualquier otro mandado. 8779-3600“.

Y hay gente como los muchachos de El Colono, Juan en la Gasotica y Memo en la Botica Santa Marta, que suelen solicitarle los servicios. Pero eso no ocurre siempre y no es la primera vez que Goyo se ve precisado a tragarse el orgullo de ser humano responsable, pidiéndoles ayuda para comerse algo.

Tal es la situación de este hombre de 62 años, a quien sus padres trajeron a San Isidro desde El Copey de Dota, cuando era apenas un niño. Cuando sus padres partieron a la Eternidad, y alejado de sus hermanos, Gregorio inició una vida solitaria en que se ganaba la vida –cuando tuvo una condición económica favorable- chapeando lotes con una moto guadaña y movilizándose, siempre, en su característica bicicleta.

Se hacen mandados exprés, se retiran medicinas en el hospital...

Se hacen mandados exprés, se retiran medicinas en el hospital…

Pero los accidentes han sido su mayor desgracia. En 1977 sufrió un atropello en el que sufrió las primeras lesiones de gravedad y en 1989, un accidente que lo tuvo en coma durante meses, en el hospital. En uno de los accidentes, la manivela de una motocicleta se enganchó a su bicicleta; en el otro, ocurrido en las cercanías del mercado viejo, un vehículo que viajaba en el mismo sentido lo empujo y lo hizo caer violentamente.

De este accidente, Gregorio recuerda que le pareció que le estaban jugando una broma y que, después de algunos minutos, los socorristas de la Cruz Roja le pedían que no hiciera ningún movimiento.

Tras la estadía en el hospital, primero en San Isidro y luego en San José, una señora lo acogió en Santo Domingo de Heredia. Y cuando pudo moverse y caminar, optó por pedirle ayuda a la Junta de Protección Social, para dedicarse a vender lotería.

No siempre hay encargos que le permitan ganarse un dinerito.

No siempre hay encargos que le permitan ganarse un dinerito.

Recuerda, con no poco sentimiento, que apenas podía caminar, que llevaba un brazo en cabestrillo y que un guarda le pidió que desalojara la sala, porque no podía estar en chancletas. Hubiera deseado pagar un taxi de regreso a Santo Domingo; pero no tenía dinero. Logró, sin embargo, que le dieran la concesión para vender lotería.

Desde entonces, se le ha visto en San Isidro, durante una temporada vendiendo lotería; en otras ocasiones chapeando lotes con moto guadaña. A veces en el suelo, por otros cuatro accidentes leves que ha sufrido. Pero en las limitaciones en que ha vivido ha sido presa fácil de los ladrones, que le han robado las moto guadañas.

Y sigue pedaleando. No tiene edad para que la Caja Costarricense de Seguro Social le otorgue una pensión de subsistencia y, conforme los reglamentos institucionales, tampoco está impedido para ganarse la vida. Por ahora, en que tiene un galerón dónde dormir, viaja diariamente hasta San Isidro para ganarse unos cincos y, a veces, para regresar sin nada…


15 agosto, 2014

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