Montero asume compromiso con las clases más necesitadas

Ordenación Gabriel Enrique Montero.

Carlos Monge
prensa@perezzeledón.net  

M
onseñor Gabriel Enrique Montero, líder de la diócesis de San Isidro de El General desde este mediodía, asume el obispado con un compromiso claramente dirigido a mantener una cercanía con la gente y, principalmente, con las clases más desposeídas.

Un momento sublime de compromiso con la Iglesia.

Un momento sublime de compromiso con la Iglesia.

Es una promesa que le recordó el arzobispo emérito de San José, monseñor Hugo Barrantes, durante la ceremonia de ordenación celebrada en la catedral de San Isidro hoy, sábado primero de marzo de 2014.

“Fray Gabriel Enrique ha manifestado, públicamente, su preocupación por la difícil situación social y económica del Sur. Su carisma franciscano es promesa de su cercanía con la gente, con los campesinos e indígenas, en especial con los pobres y necesitados”, dijo Barrantes.

Pero, más que eso, monseñor Montero prometió por trabajar en el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos y por la unidad de los cristianos y ser más solidario con los que más sufren. Lamentó, de hecho, no percibir en la catedral la presencia de líderes de otras religiones cristianas.

Fray, hasta aquel momento. Luego, conforme el ritual de ordenación de la Iglesia Católica, el obispo ordenante, monseñor Guillermo Loría primero, y todos los demás obispos después, le impusieron las manos y dijeron la plegaria con que Montero se convertía en el cuatro obispo de la diócesis de San Isidro, por disposición de S.S. el Papa Francisco:

“Infunde ahora sobre este tu elegido
que de ti procede
el espíritu de gobierno
que diste a tu amado hijo Jesucristo,
y él, a su vez, comunicó a los santos apóstoles,
Quienes establecieron la Iglesia
como santuario tuyo
en cada lugar,
para gloria y alabanza incesante de tu nombre”.

Porque, en la diócesis de San Isidro de El General, en el concepto católico del cristianismo, monseñor Gabriel Enrique Montero es el vínculo con los pastores, enviados por Jesucristo a difundir sus enseñanzas.

Hermanas y hermanos acompañaron al nuevo obispo.

Hermanas y hermanos acompañaron al nuevo obispo.

Ha sido un día de fiesta, en la Iglesia Católica, a cuya ceremonia de ordenación  rigurosamente ajustada al simbolismo canónico, solemne siempre; alegre a veces y a veces sensitiva, en que han participado pastores nacionales y extranjeros y laicos, seminaristas y monaguillos y una feligresía que siguió cada paso del ritual en el templo o bajo el sol reverberante de la plazoleta del parque de San Isidro y en los hogares, dada la transmisión realizada en directo al menos por dos canales de televisión.

Monseñor Montero es el cuarto obispo de San Isidro de El General, una extensa diócesis de 26 parroquias, que abarca el sector de Los Santos y la Región Brunca de Costa Rica. El primero fue Delfín Quesada, fallecido durante su obispado; el segundo Ignacio Trejos y el tercero Guillermo Loría.

Otra vista de la sede de la diócesis de San Isidro de El General.

Una vista de la sede de la diócesis de San Isidro de El General.

El nuevo obispo promete una mayor cercanía con la gente; y manifiesta su clara preocupación por la debilidad de las bases de la sociedad –la familia- y el resquebrajamiento de la institución del matrimonio. Afirma que de las familias íntegras, cristianas, es de donde emanan los pastores, y lo comprueba con hechos: durante la ceremonia de hoy estuvo acompañado –entre otros familiares y allegados suyos- por tres hermanas y dos hermanos.

Ahora emprende una labor profética: “El obispo es defensor de los derechos humanos. El obispo debe ser capaz “de suscitar esperanza en las situaciones más difíciles, porque si no hay esperanza para los pobres, no la habrá para nadie, ni siquiera para los llamados ricos”, citaba en la mañana el arzobispo emérito Hugo Barrantes.


1 marzo, 2014

Anúnciate Gratis