Los pioneros: Eustolia Arguedas Aguilar

Eustolia Arguedas Aguilar.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

M
ás allá del honor que le corresponde por haber sido la primera regidora municipal que hubo en Pérez Zeledón, Eustolia Arguedas Aguilar inicia una época en que a las mujeres del Valle de El General les asiste el derecho de tomar sus propias decisiones y, entre ellas, la oportunidad de elegir y ser electas.

Fue regidora en la Municipalidad de Pérez Zeledón durante el período comprendido entre 1953 y 1958, dadas las condiciones sociopolíticas del momento, sus características de mujer inteligente, emprendedora e infatigable y la intercesión de “un hombre de honor”, Joaquín Barrantes Retana, en el momento oportuno.

Eustolia Arguedas y su esposo Victorino Chanto.

Eustolia Arguedas y su esposo Victorino Chanto.

Doña Eustolia nació en San Marcos de Tarrazú en 1905 y falleció en San Isidro de El General el catorce de setiembre de 1983. Llegó al Valle de El General en los años 30, con su esposo, Victorino Chanto Hernández, cuando todavía había que hacer el recorrido a pie y a los niños pequeños se les transportaba en javas, a lomo de carguero.

Su vida entera fue de emprendimientos y de tantas aptitudes, que le permitieron llegar a ocupar un cargo político que estuvo vedado para las mujeres costarricenses hasta 1950, cuando se realizó un plebiscito para que los habitantes de La Tigra y La Fortuna decidieran si querían pertenecer al cantón de San Ramón o al de San Carlos.

Eunice Quesada Chanto, hija suya, reseña en un documento, en poder de la Municipalidad de Pérez Zeledón, particularidades que distinguieron a doña Eustolia desde la infancia.

En sus tiempos de escuela, en San Marcos de Tarrazú, se encargaba de decir los mensajes de despedida a las personas fallecidas y, por encargo de su maestra, exponer los discursos de bienvenida a las personalidades que llegaban desde San José.

Ligada a la música

Fue asistente de su maestra; la que formaba parte del coro y tocaba guitarra; la que, a la edad de diez años, impartía el catecismo a niños de edades que a veces superaban la suya; la que no pudo ir a San José a continuar los estudios (que en San Marcos estaban limitados al quinto grado de la escuela) porque no la dejaron; la que aprendió la clave morse y ganó un concurso público para ocupar el cargo de telegrafista (que no pudo ejercer, por ser tan lejos) en Río Segundo de Alajuela.

Descendientes de doña Eustolia, en el más reciente homenaje a la pionera, durante la celebración del LXXXIII Aniversario de Pérez Zeledón.

Descendientes de doña Eustolia, en el más reciente homenaje a la pionera, durante la celebración del LXXXIII Aniversario de Pérez Zeledón.

Se casó joven, a la usanza de aquellos tiempos, y viajó a El General, donde trabajó hombro a hombro con su marido, en la finca, en el comercio, en la política. Y así se le vio haciendo una finca para luego venderla, como comprando cerdos y reses en las fincas remotas para mercarlos en San Isidro; o vendiendo comida a una creciente clientela de viajeros que se desplazaban hacia y desde la zona sur.

En su relación con la política, hacía censos, tomaba fotos y llenaba fórmulas para la confección de cédulas (actividad que estaba a cargo, en aquellos días, de los partidos políticos); y le llegó el momento crucial, durante una reunión de líderes para designar los candidatos a regidores para la Municipalidad de Pérez Zeledón.

Francisco José Orlich (quien luego ocupó el cargo de Presidente de la República) propuso que se incluyera a una mujer en la papeleta, ahora que la Constitución Política de 1949 lo permitía. Y doña Eustolia encontró la oposición de una mujer que defendía la tesis de que la candidata debía ser inteligente y, además, educadora (con formación académica); pero una sentencia del patriarca Joaquín Barrantes definió la contienda: “Aquí no hay nadie más inteligente que Eustolia”.

A caballo; sin dietas…

Las elecciones del 53 (26 de julio) la favorecieron. Fue electa como regidora suplente; pero en el Concejo, constituido por un sólido bloque liberacionista, sólo quedó electo un regidor de oposición que, por su condición desventajosa, decidió no asistir a las sesiones municipales.

Desde entonces, y hasta 1958, doña Eustolia ocupó una curul; y desde entonces, se le vio trabajando por el desarrollo de los pueblos; viajando en su propio caballo y por sus propios medios (los regidores no recibían paga ni dieta) a inspeccionar caminos y puentes y a relacionarse con los habitantes de los poblados.

No fue una erudita, pero representó al Concejo en muchas actividades de trascendencia social e histórica.

No fue una erudita, pero representó al
Concejo en muchas actividades de trascendencia social e histórica.

Ayudada por su esposo y por sus hijos mayores, que se ocupaban de los hermanos de menor edad, pudo ocuparse de sus asuntos –hacer y vender comida desde el amanecer hasta el oscurecer- y de los asuntos municipales, sin llegar nunca a decirle al Jefe Político (Nicomedes –Melles- Venegas) que no podía asistir a la sesión, cuando llegaba a llamarla porque no había quórum. En aquel tiempo no era extraño que algún regidor faltara a la sesión porque se lo impedían los caminos y los ríos, debido al mal tiempo.

Los méritos de doña Eustolia Arguedas Aguilar, como madre, esposa, campesina, comerciante y política son profusos y pueden ser consultados en la biografía escrita por su hija Eunice; pero ante todo se le deberá recordar por haber enarbolado la bandera que identifica a los movimientos femeninos del mundo y que, en el caso particular de Costa Rica, lideraron a lo largo de décadas (hasta conseguirlo en la Constitución Política de Costa Rica de 1949) las históricas Ángela Acuña Brown y su Liga Feminista.


15 octubre, 2014

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