Los pioneros: Alfonso Quesada Hidalgo

Alfonso Quesada Hidalgo.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

P
ocos pueblos costarricenses han tenido un hijo adoptivo que les haya amado tanto, y que, como recompensa por ese agradecimiento, les haya dejado una herencia cultural tan amplia, profunda y sincera, como lo tiene en Alfonso Quesada Hidalgo el Valle de El General.

Diecisiete años después de su fallecimiento, su obra literaria y poética se siguen leyendo con la avidez de la persona madura que quiere volver a recorrer los escenarios de infancia y juventud; y el legado musical sigue sirviendo como punto de partida, irrenunciable, para el folclor generaleño y de referencia para la producción bucólica costarricense.

No es por casualidad que el periódico La Nación, en su edición del miércoles 23 de julio de 1973, lo haya distinguido bajo el título:

Alfonso Quesada y Los Sukias

“Pocos compositores han expresado en verso y en música el sentir de nuestro campesino, con la propiedad que ha logrado el maestro Alfonso Quesada Hidalgo. En su música expresiva y sus versos sencillos vuelca, este poeta que canta a la campiña, toda el alma del hombre que labra el suelo. Sus versos llevados al pentagrama están escritos en clave de corazón aldeano. Sus pasajes, todos, están fuertemente saturados de savia y humus y de sudor labriego”.

Alfonso Quesada y Juan José Méndez.

Alfonso Quesada y Juan José Méndez.

Don Alfonso llegó a San Isidro de El General en 1933, con tan solo doce años, cuando los caminos eran trillos y no existían la carretera interamericana, ni tele, ni radio; tan solo una “ciudad” de ranchos pajizos y algunas muy pocas casas de madera medio labrada y la tertulia en el corredor a veces acompañada por una guitarra.

Y aprendió de su padre, Basilio Quesada Piedra, a tocar la guitarra y el violín con que dos generaciones, en escuelas y colegios, entonaron el Himno Nacional y la Patriótica Costarricense y Las Garzas… instrumentos que, en manos del maestro, emulaban con tanto acierto –y para deleite de los alumnos- el mugido de las vacas y los cantares de la naturaleza…

A Alfonso Quesada Hidalgo le hizo bueno que las fuerzas rebeldes lo despojaran del poder que ejercía desde la Jefatura de Policía, en la madrugada del 12 de marzo de 1848. Por el bien de este retazo de la humanidad que son el Valle de El General y Costa Rica, cambió el máuser por la guitarra y las salvas por las melodías.

El profesor Albán Villegas Cruz lo recuerda: “Laboró más de 25 años como maestro de música, primero en escuelistas de la periferia de San Isidro y luego en la Escuela Nocturna y los liceos Unesco y Nocturno de Pérez Zeledón… Y desde esas aulas incentivó en sus alumnos el respeto y el amor por nuestra identidad cultural, por nuestro folklore, que como muy bien decía: “… nació en el crisol más cálido y digno y como amalgama y síntesis de las bellas tradiciones nacionales”.

Los Sukias. También formó parte del trío Adolfo Rojas.

Los Sukias. También formó parte del trío Adolfo Rojas.

Fue precisamente en la Escuela Nocturna de San Isidro, en setiembre de 1964, donde un maestro le recomendó a don Alfonso que escuchara a un muchachito alumno suyo que se llamaba Juan José Méndez y que tocaba muy bien la guitarra y cantaba, recuerda Villegas.

Integró el dúo “Los Bribris” que luego, con la incorporación de Adolfo Rojas Acuña, se habría de convertir en Los Sukias gloriosos que llenaron de prestigio generaleño los escenarios nacional e internacional.
En uno de los momentos más sublimes, el trío viajó a Cali, Colombia, en 1968, para participar en el Festival Mundial de la Caña, un evento al que acudieron grupos folcloristas de toda América y en el cual don Alfonso, Juan José y Adolfo obtuvieron el primer lugar.

Alfonso Quesada Hidalgo nació el 15 de enero de 1921, en Alajuelita, y falleció en San Juan de Tibás el 31 de octubre de 1997.

El profesor Alfonso Quesada Hidalgo.

El profesor Alfonso Quesada Hidalgo.

De su cosecha quedan las novelas “En El General de antaño”, “El Valle Bendito”, “Las dos hermanas pa’ yo”; la colección de cuentos “Goteras en verano”, el poemario “Las Llaves del Cielo” y una abundante producción musical que consta de 200 canciones, de las cuales se habían grabado 56 durante una jornada principalmente intensa de la década de 1960.

En 1994, el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes le rindió homenaje e incluyó su fotografía en la Galería de Arte Costarricense. En Pérez Zeledón, la Municipalidad bautizó con su nombre el Auditorio del Complejo Cultural e incluyó una fotografía en la Galería de los pioneros que se encuentra justamente en el lobby del Auditorio.


25 agosto, 2014

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