Los diablitos de Rey Curré sólo esperan el canto de la caracola

Los diablitos trabajando en la confección de sus máscaras.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

E
merson Lázaro, uno de los diablitos más jóvenes de Rey Curré, ya esculpió, afinó, ajustó y retocó su propia máscara y apenas logra contener la impaciencia, esperando que el mayor de los diablitos emita el llamado de la caracola, para que comience la fiesta.

De hecho, todos los diablitos de Rey Curré han venido trabajando en la elaboración de sus máscaras y la preparación de los vestuarios, con el consejo de don Rafael González Leiva, para conmemorar, una vez más, el despojo de que fueron víctimas (y en gran medida lo siguen siendo) durante la “colonización” de sus tierras.

Emerson Lázaro ya está listo para el Juego de los diablitos.

Emerson Lázaro ya está listo para el Juego de los diablitos.

“Los indígenas suben a una loma –cerca de su pueblo- se disfrazan con máscaras y vestuarios adornados con hojas de plátano, y a eso de la media noche del 29 de enero, el mayor de los diablitos suena varias veces su caracol de cambute, lo que significa que han nacido los diablitos en Rey Curré”, describe Uriel Rojas, promotor cultural destacado en la zona sur de Costa Rica.

Al llamado de la caracola, los diablitos saltan abrazados en forma de círculo y gritan en formas de salomas, mientras se dirigen a la primera casa, donde son recibidos con chicha y tamales. Durante el resto de la noche andarán de casa en casa y, al amanecer del treinta de enero (viernes) esperan la llegada del toro (los españoles) que empezará a embestirlos. Se inicia, así, la lucha campal entre el toro y los diablitos, una forma de rendir culto a las batallas de sus ancestros.

El Juego de los diablitos es la ceremonia anual más importante, en Rey Curré.

El Juego de los diablitos es la ceremonia anual más importante, en Rey Curré.

El Juego de los Diablitos es una de las tradiciones más antiguas de Costa Rica y la ceremonia anual más importante de los indígenas de Rey Curré, una cultura de origen boruca. En el presente año, las celebraciones se desarrollarán entre la media noche del 29 de enero y la tarde del primero de febrero, en que el toro muere en manos de los diablitos, informa Rojas.

Pero, además de tradición, esta actividad cultural es un atractivo que cada vez atrae a más turistas, nacionales y extranjeros. Durante todos estos días, los anfitriones tienen comida típica para compartir: tamal de arroz, carne de cerdo ahumada y otros platillos que forman parte de la gastronomía aborigen.

La comunidad de Rey Curré, apacible como el río Térraba, que la circunda, es de muy fácil acceso. Está ubicada junto al río Térraba, sobre la carretera interamericana, a sólo 32 kilómetros de la entrada a la ciudad de Buenos Aires, en la provincia de Puntarenas.

 

Para más información puede comunicarse con: Uriel Rojas R urieldecurre@gmail.com
O visitar en Facebook: “Rey Curré Yimba”.

Créditos: Imágenes e información suministradas por Uriel Rojas.

9 enero, 2015

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