Las campanas de Pueblo Nuevo repican la fascinante voz de Dios

Campanas de Pueblo Nuevo.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

Las campanas del templo católico de Pueblo Nuevo de Rivas son todo un tesoro, por la alta calidad de su sonido
y por su historia.

+++++

Q
uienes se detengan en el apacible caserío de Pueblo Nuevo de Rivas, en Pérez Zeledón, no tardarán en quedar sobrecogidos por la brisa fresca y el continuado murmullo del río Buena Vista, que recorre el pintoresco pueblecito de arriba abajo.

El aliento del agua fresca, cristalina y pura invita a la contemplación y la reflexión; pero si el visitante –a sabiendas o por casualidad- tiene la suerte de encontrarse ahí, de previo a una actividad religiosa, entonces podrá apreciar que el río baja el tono, cuando, por la hondonada de Pueblo Nuevo, se esparce la voz de Dios.

Las campanas cuelgan de la cúpula del templo de Pueblo Nuevo.

Las campanas cuelgan de la cúpula del templo de Pueblo Nuevo.

No de otra manera puede entenderse la fascinante melodía con que llaman al pueblo las campanas de Pueblo Nuevo, un tesoro de bronce importado de Holanda, de una calidad sonora que sólo replica y canta en las grandes catedrales.

A las campanas, con un simbolismo propio para las grandes y antiguas culturas del mundo, en el occidente se les suele llamar “La Voz de Dios”. Fernando E Rodríguez-Miajar, en un documento de Internet titulado “La Voz de las Campanas, explica: “Es costumbre muy antigua convocar al pueblo cristiano a la asamblea litúrgica mediante alguna señal o sonido y también advertirle, a través de esos signos, de los principales acontecimiento de la comunidad local”.

“De este modo, agrega Rodríguez-Miajar, la voz de las campanas expresa, de alguna manera, los sentimientos del pueblo de Dios, cuando se regocija o cuando llora, cuando da gracias o suplica a Dios, cuando se congrega y manifiesta el misterio de su unidad en Cristo”. Y en Pueblo Nuevo es fácil entenderlo, cuando el río calla ante su voz seductora que se expande por la hondonada del Buena Vista.

Un tesoro, por su valor, por su calidad y por su historia.

Un tesoro, por su valor, por su calidad y por su historia.

“A la par de las campanas de Pueblo Nuevo -dice una señora- las demás suenan como si fueran trastes…”. Los habitantes de Pueblo Nuevo no sólo están orgullosos de estas dos campanas que cuelgan de la cúpula de la torre de su esmeradamente cuidado templo católico; también de su historia (porque, ha de saberse, todas las campanas tienen una historia).

Sería hace como treinta y cinco años, cuando a los vecinos de Pueblo Nuevo los asaltó la preocupación de que tenían templo, pero no campanas. Se sabía que frente al Cementerio General de San José había un taller donde fabricaban campanas y se pensaba en comprar dos algo sencillitas, para que no salieran caras.

Se encargó de la compra a dos jóvenes miembros de la Junta de la Iglesia; pero el padre Álvaro Coto Orosco (q.d.D.g) les sopló que en Alajuela había un sacerdote que se encargaba de importar de Europa las campanas que le pedían desde todo Centroamérica y los previno de que, si no les alcanzaba la plata, le podían regatear para que les diera fiado.

Un vistazo al apacible y pintoresco Pueblo Nuevo.

Un vistazo al apacible y pintoresco Pueblo Nuevo.

Efraín Fonseca Mora y Antonio Monge hablaron, entonces, con la gente del pueblo, para recoger donaciones (de medias fanegas, fanegas o lo que pudieran de café) y se fueron a Alajuela a conversar con el sacerdote, que se llamaba Pedro.

Cuenta don Efraín que el padre les propuso que compraran tres; pero ellos no quisieron comprometer al pueblo y, habiendo hablado de precios y de posibilidades de crédito, firmaron un contrato. Tenían que hacerlo sobre la marcha, porque el padre Pedro no volvería a importar campanas, debido a que en el término de tres meses iban a grabar las importaciones con un impuesto muy alto.

Un mes después regresaron por el pedido, encontrándose con la sorpresa de que, por equivocación, sus campanas habían sido vendidas, una a la parroquia de Pejibaye y otra a la de Buenos Aires.

Don Efraín Fonseca, detrás de la historia de las campanas de Pueblo Nuevo.

Don Efraín Fonseca, detrás de la historia de las campanas de Pueblo Nuevo.

Pero el sacerdote, honrando el compromiso que había asumido con los muchachos, les entregó las dos que ellos habían visto, más grandes, delicadas y sonoras y en el mismo bronce de altísima calidad que caracterizaba a las campanas fabricadas en Holanda.

Así fue como llegaron las campanas a Pueblo Nuevo, por iniciativa, negociación y suerte de Efraín Fonseca y Toño Monge.

Créditos: Nuestro agradecimiento a Laura Hidalgo, por prevenirnos acerca del tesoro; a Helberth Fonseca, por facilitarnos el acceso al campanario y a don Efraín Fonseca, por permitirnos registrar este retazo de nuestra historia.

26 diciembre, 2014

Anúnciate Gratis