La seguridad vial generaleña se sigue tomando a la ligera

La seguridad vial es insuficiente, en Pérez Zeledón, por falta de semáforos y pasarelas.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

Es posible que, al otro lado del Cerro de la Muerte, haya gente que ignora que en el legendario Valle de El General ahora hay muchos carros y mucha gente; que San Isidro de El General ya no es un pueblo de sólo agricultores y almacenes con olor a carburo y yute, sino una ciudad.

Los argumentos de apoyo a las áreas periféricas del país parecen perder consistencia, cuando cantones como Pérez Zeledón siguen esperando que San José les solucione necesidades  elementales, como la seguridad en las calles y carreteras.

Como no sea porque el Instituto Costarricense de Electricidad viene instalando más luminarias en el trecho de carretera interamericana al que en otra época se le llamó “la carretera de la muerte” y unas islas que no ofrecen suficiente protección a quienes las utilizan, el peligro sigue siendo inminente, a lo largo de ocho kilómetros.

Una de las mayores deficiencias tiene que ver con la falta de semáforos en ciertos cruces de mucho tráfico y más irrespeto a las normas de tránsito, de los que se ha venido hablando desde hace siete años, cuando quedó habilitada una suerte de autopista en medio del área comercial y residencial más poblada de Pérez Zeledón. La carretera que no es otra que la debería estar uniendo las Américas, tiene en Pérez Zeledón un sector cuatro carriles y uno más en el centro que, diseñado para que se le utilizara solamente para girar, era utilizado como una vía adicional.

Luis Ángel Salazar, síndico del distrito San Isidro, también manifiesta su preocupación por dos cruces altamente peligrosos, en el centro de la ciudad: uno en la esquina diagonal a la Ferretería Boston y otro en la esquina noroeste del Estadio Municipal de Pérez Zeledón.

En Boston se presenta la situación más difícil, porque es un cruce de ocho carriles y porque el estacionamiento de vehículos muy cerca de las esquinas priva a los conductores de buena visibilidad.

A diferencia de Boston, en la del Estadio sólo hay tres de las cuatro calles con dos sentidos,  pero la vía principal recibe los vehículos que van saliendo de la ciudad o entrando a ella, muchas veces a una velocidad mayor a los 40 kilómetros permitidos. Además, la vía principal recibe los vehículos que proceden del sector oeste de San Isidro, por donde queda ubicada la Ciudadela Blanco.

Las reiteradas gestiones de Salazar, presionado por los restantes concejales de San Isidro, han sido infructuosas en la Dirección de Ingeniería de Tránsito, una dependencia que sigue en deuda con Pérez Zeledón, porque tampoco ha sido diligente con la instalación de semáforos en la interamericana.

Un documento enviado al Concejo de Pérez Zeledón por la ingeniera Alejandra Acosta Gómez, subjefa del Departamento de Regionales de la Dirección General de Ingeniería de Tránsito, en respuesta a un informe solicitado por los ediles, dice que ya fue ubicado un semáforo peatonal en la entrada al barrio Los Pinos (dos kilómetros al sur del centro de San Isidro), pero el tal semáforo no existe.

También informa que el año entrante serán instalados o por lo menos se recomienda la instalación de otros tres semáforos peatonales sobre la carretera interamericana en las entradas a barrios populosos del Distrito Daniel Flores y la construcción de pasarelas o puentes peatonales, en las entradas a los barrios Los Pinos y Los Ángeles.

La utilización de semáforos y puentes peatonales se considera de la mayor importancia, porque la atraviesan cientos o miles de personas diariamente y porque las desembocaduras se vuelven altamente peligrosas durante las horas de mayor circulación de vehículos.

Es un problema que se viene viviendo desde hace siete años, cuando quedó habilitada la carretera a cuatro carriles. La fatalidad alcanzaba proporciones de epidemia (140 personas fallecidas por atropellos en cinco años) y la falta de respuesta gubernamental se estaba volviendo intolerable.

Por presión ejercida mediante reclamos sistemáticos y una manifestación que congregó a varios miles de generaleños, en el año 2010, el Gobierno construyó  islas en medio de la carretera, para que los peatones pudieran atravesar la carretera en dos intentos.

Los índices de mortalidad cayeron abruptamente, pero los choques y los atropellos no desaparecieron y los choferes desprevenidos siguen dando tumbos por encima de lo que también se ha dado en llamar  “las maceteras”, cuando escasea la luz por causa de la noche o de las lluvias.


5 diciembre, 2012

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