La Iglesia y la academia agradecen el legado de Barrantes

Claudio Barrantes Cartín.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

H
ugo Barrantes, obispo emérito, y José Luis Díaz, director académico de la Universidad Nacional, sede Región Brunca, coincidieron en agradecer el legado de Claudio Barrantes Cartín a los estudiosos de la Historia y la Cultura.

El cuerpo de Barrantes fue sepultado a primera hora de la tarde de hoy, en el Cementerio Municipal de San Isidro de El General, tras una ceremonia celebrada por el Obispo Emérito, a quien correspondió la responsabilidad de bendecir y despedir a dos de sus primos hermanos, hoy mismo, miércoles 26 de diciembre de 2013.

Agua bendita, que simboliza la muerte y el nacimiento.

Agua bendita, que simboliza la muerte y el nacimiento.

Hoy a las siete de la noche, en el templo de la Divina Misericordia del barrio Morazán, se estará realizando una misa por el fallecimiento de Carlos Jiménez Barrantes, otro descendiente del patriarca Joaquín.

Tiempo para recordar –en el contexto de monseñor Barrantes acerca del misterio de la muerte- el error de pensar mucho en aquí y poco en allá, como personas integrantes de una sociedad cortoplacista que olvida que hay un “proyecto a largo plazo”, prometido en los evangelios.

Claudio Barrantes falleció en el hospital a raíz de una lesión cerebral que venía sufriendo desde hacía al menos una década, según recordaban sus hermanos. Por esa causa se le había hospitalizado en diversas ocasiones.

Barrantes, quien decía que le hubiera gustado ser antropólogo, dedicó cuatro décadas a investigar y escribir sobre la historia de lo que hoy es la Región Brunca, asociada desde los propios orígenes de la aparición de los conquistadores españoles y el proceso de evangelización.

Durante la develación de su retrato, en el Complejo Cultural, el 9 de octubre de 2012.

Durante la develación de su retrato, en el Complejo Cultural, el 9 de octubre de 2012.

Monseñor Hugo Barrantes hizo mención al libro “Orígenes de la Diócesis de San Isidro de El General” –uno de los tantos escritos que el historiador legó- por tratarse de un documento al que el padre Álvaro Coto Orozco ha considerado de consulta obligatoria para quienes quieran conocer la historia de la Iglesia  Católica en el sureste de Costa Rica.

Orígenes de la Diócesis fue publicado en 2004. Es un voluminoso libro de historia salpicado con fotografías sorprendentes – algunas de principios del siglo pasado- anécdotas y vivencias, escritas en un lenguaje fluido y exquisito. La primera edición –única que se ha publicado- se vendió rápidamente.

El Director Académico de la UNA, por su parte, hizo una pormenorizada mención de la vasta obra de Barrantes y enfatizó en la “Crónica del Golfo Dulce”, que Barrantes pensaba publicar a principios de 2014.

Díaz enfatizó en la importancia de esta Crónica y otras investigaciones del historiador sean tomadas por otras generaciones, como apoyo al fortalecimiento del sistema cultural de la Región.

Recordando al Historiador

Sólo para recordarlo, unos párrafos acerca de la historia de la parroquia de Golfito:

“Muchas cosas pueden considerarse de los primeros tiempos del trabajo parroquial en Golfito, porque seis décadas después echamos en cuenta la diferencia diametral con el presente.

Una madre que despide a uno de sus hijos.

Una madre que despide a uno de sus hijos.

“Por ejemplo se recuerda con nostalgia la manera como se celebraba la Semana Santa en este lugar, donde destacaba la participación comunal y la seriedad con que se cumplía el rito de los días santos, tanto en cada casa como en las actividades convocadas por la Iglesia, fueran procesiones o misas.

“Un rasgo característico de los días santos eran las comidas ya que entonces se hacían en casa las tortillas y el pan, por lo que la mayor parte de los platos eran hechos a base de maíz y harina, como el tamal asado o de palmito, biscochos, arroz con leche, mieles de papaya, de coco o de marañón, picadillo de palmito, sopa de pescado seco o de bacalao, rosquillas, tanelas, etc., todo preparado de previo para no cocinar durante esos días ya que jueves y viernes no se encendía ningún fogón, aunque algunos no lo hacían desde el Sábado de Gloria.

“La costumbre era no andar en bicicleta, los buses no circulaban, los niños no jugaban y todo era recogimiento, pero si alguien pasaba por enfrente era llamado para compartir la hospitalidad de la casa. El Jueves Santo se tomaba la precaución de practicar los oficios domésticos antes de las ocho de la mañana, porque después todo era reposo y precaución”.


26 diciembre, 2013

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