A la abundancia de Pérez Zeledón agréguele playas con arboledas siempre verdes

Escena típica Dominical.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

S
i Pérez Zeledón es tierra de abundancia para los locales y extraños que quieran disfrutar unas reconfortantes vacaciones, no puede decirse menos de cantones colindantes, donde se suma a las oportunidades turísticas una secuencia “interminable” de playas.

Lo que no tiene Pérez Zeledón -playas- se lo brindan los vecinos.

Lo que no tiene Pérez Zeledón -playas- se lo brindan los vecinos.

Basta con asomarse a Internet para encontrar la propuesta de las micro, pequeñas y medianas empresas de servicios, que ofrecen paquetes en que se incluye canopy, senderismo, recorridos a caballo, pesca de truchas y tilapias, visita a fincas, observación de aves, servicios de alimentación… Cada cual tiene una propuesta interesante.

Pero todo se desenvuelve en torno a un fenómeno que convierte a Costa Rica en uno de los países más afectos a la conservación a la conservación de la naturaleza y la reversión del daño que ha causado el ser humano al planeta Tierra: los parques nacionales.

De un lado de San Isidro de El General, el cerro Chirripó corona, con 3820 metros de altura, al Parque Internacional la Amistad (207 mil hectáreas) compartido por las repúblicas de Costa Rica y Panamá y declarado como reserva mundial de la biosfera, por la Organización de las Naciones Unidas.

Laguna, en las afueras de San Isidro de El General.

Laguna, en las afueras de San Isidro de El General.

El pie del cerro –escoltado por el Kamuk y el Dúrika- no queda a más de veinte kilómetros de San Isidro, la pequeña ciudad cabecera de Pérez Zeledón, donde es posible encontrar prácticamente todo lo disponible en una ciudad grande.

Del otro lado, a solo 36 kilómetros por carretera asfaltada, está Dominical, una comunidad costera con playas típicas del pacífico húmedo costarricense, con una vegetación siempre verde, protegida por la legislación costarricense. Las playas y una franja de 50 metros a partir de la pleamar, en Costa Rica, son públicas.

Viajando desde Dominical hacia el noreste es posible encontrar, en el vecino cantón de Aguirre, playas extensas y apacibles como La Guápil, Matapalo, Hatillo, El Rey y la paradisíaca desembocadura del río Naranjito.

Playas bordeadas por abundante vegetación siempre verde.

Playas bordeadas por abundante vegetación siempre verde.

Hacia el sureste, Dominicalito, Ventanas, Arco, Ballena, Hermosa, Uvita… Se puede llegar hasta ellas, o muy cerca de ellas, por una amplia carretera asfaltada y plana, en el término de minutos. Es cosa de proponerse ir conociendo Costa Rica.

Hacia el noroeste, algo más distante, está Manuel Antonio, una playa visitada por turistas de todo el mundo; y hacia el sureste, el fascinante y emblemático tómbolo que semeja una cola de ballena, donde se unen Hermosa y Uvita.

Estas y otras playas del sureste de Dominical están ubicadas en el cantón de Osa, considerado como el cantón de la Región Brunca con más crecimiento económico desde el año 2000. Se mencionan cifras de un 200% en la construcción de hoteles y condominios, en 2007, algo que ha transformado de una manera vertiginosa a las pequeñas comunidades rurales de hace apenas unos años en áreas donde es posible encontrar centros comerciales y plantas industriales.

Diecisiete 001¡Pérez Zeledón y sus vecinos tienen tanto qué ofrecer! Nadie se va a ir sin haber apreciado una o muchas de las casi 300 especies de anfibios y reptiles (lagartijas, salamandras, anuros, iguanas) que hay en estas tierras.

Y si no tiene la suerte de ver al manigordo o al tolomuco, sí podrá encontrarse a sólo unos metros de los cariblancos y los monos ardilla.

Nada más, hay que traer cámara. Dependiendo del ecosistema en que se encuentre –de los veintidós que caracterizan a Pérez Zeledón y los que agreguen los cantones vecinos- podrá escoger, para ir fotografiando, entre las 400 especies de aves. Tal vez, un quetzal, una águila arpía, una pava, un carpintero careto…


3 enero, 2015

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