Instalados 200 hidrantes adicionales en el área urbana de Pérez Zeledón

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

L
a rebeldía de los ciudadanos a comportarse de manera racional, como lo sugieren las normas de tránsito, el sorprendente retraso en la instalación de instrumentos técnicos para el combate contra la delincuencia, como las cámaras de vigilancia, y hasta la falta de iniciativas para evitar el robo de tapas de alcantarilla, hacen pensar que Pérez Zeledón es una comunidad  atrasada e insegura.

Hay gente que sigue desafiando el sentido común en  la célebre “carretera de la muerte”, al ignorar las islas que fueron construidas para evitar los atropellos; hay alcantarillas de hasta dos metros de profundidad donde puede caer una persona que no se percate de que falta la tapa; ayer mismo –lunes once de febrero de 2011- otras dos personas que viajaban en una motocicleta fueron golpeadas en las afueras de San Isidro –carretera a San José- por un automóvil a cuyo conductor se le metió en gana hacer un adelantamiento en curva, con el irreparable resultado de que una de las víctimas perdió la vida.

Si no fuera porque las autoridades de la Fuerza Pública y la Dirección de Tránsito redoblan los esfuerzos convencionales para hacerle frente a la delincuencia y a los “pistoleros” que pierden la razón al tomar un volante y porque hay instituciones que trabajan para combatir otros males, como el fuego, podría tenerse la premisa de que Pérez Zeledón se rige por leyes aprendidas en las películas del Viejo Oeste.

Uno de los puntos favorables al lento proceso de adelanto de Pérez Zeledón es el trabajo que viene desarrollando el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillado (AyA) en la instalación de hidrantes. Punto a favor, aunque sea porque una ley que lo obliga y tiene dinero en la registradora.

Rafael Badilla, sargento de la Estación de Bomberos de Pérez Zeledón, estima que desde que se comenzó a aplicar la Ley de Hidrantes  -aprobada en 2008- el AyA ha instalado en Pérez Zeledón alrededor de 200 hidrantes nuevos que, sumados a los viejos, ya suman unos 700.

Esta es una importante ventaja para los bomberos, en su diaria lucha contra el fuego, y causa de alivio para los propietarios de bienes inmuebles que, a falta de conciencia y recursos para contratar  un seguro, viven en eterna zozobra  por miedo a que el fuego pueda destruir lo que tanto les ha costado construir.

Badilla considera que los bomberos de Pérez Zeledón trabajan en una situación de comodidad gracias a los hidrantes que se han ido instalando en las áreas urbanas.  Instalados en los sitios estratégicos recomendados por los bomberos, cuentan con agua, y si hubiera alguna situación compleja, pueden acudir a abastecerse en los ríos.

Afirma que mayor dificultad se presenta en las áreas rurales, donde la mayoría de las Asadas todavía no han podido desarrollar el programa que les impone la Ley de Hidrantes. Tienen que hacerlo, porque la Ley establece un impuesto de 12 colones por cada metro cúbico de agua consumido, para dedicarlos específicamente a instalar hidrantes.

Otro inconveniente a resolver, por encima que se trate de edificaciones viejas de madera –dice Badilla- es la inadecuada escogencia de los materiales que se utilizan en las instalaciones eléctricas. Los cables de mala calidad y poco espesor, así como los tomacorrientes, enchufes y demás accesorios deficientes, son causantes de corto circuitos que muchas veces inician un incendio.

A lo largo de la historia, y hasta 2008, hubo incertidumbre con la administración de los hidrantes. No había una ley que responsabilizara a las municipalidades, AyA o los bomberos, de la  administración de los hidrantes.

La nueva ley es clara. El administrador de los hidrantes es el administrador de los acueductos, trátese de AyA, una Asada, una empresa de servicios públicos o de una municipalidad. El administrador de los acueductos instala los hidrantes, les da mantenimiento y los abastece de agua, donde el Cuerpo de Bomberos lo indique.

En el país se requiere una cobertura con 12 mil hidrantes y al ritmo de recaudación de dinero y de instalación, el Cuerpo de Bomberos espera contar con una red ideal hacia el año 2020.


12 febrero, 2013

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