Etelvina bien; llegamos jueves; traigan bestia

La Voz de El General.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

E
n un día como hoy, 13 de febrero de 2014, miles de radioemisoras están celebrando el Día Mundial de la Radio y aquí, en Pérez Zeledón, también hay razones sobradas para hacerlo, si se parte de que durante décadas, la radiodifusión fue su principal contacto con el resto del mundo.

No existían la televisión, ni los teléfonos; el cine (que incluía noticias de lo que ocurría en el mundo) llegaba con años de atraso y, por supuesto, tampoco existía la comunicación virtual.

“En San Felipe de Potrero Cerrado, a la familia Morales: Etelvina bien; llegamos jueves; espérenos con bestia. Si alguien escucha este mensaje, favor avisarle a Chendo”.  Eran así de breves, porque antes, como ahora, los avisos radiados se han cobrado por palabra emitida y, en aquel entonces, la gente era sumamente pobre.

Antes de que vinieran los primeros vehículos, en San Isidro existió una radioemisora.

Antes de que vinieran los primeros vehículos, en San Isidro existió una radioemisora.

La radio fue, durante las décadas posteriores a los años 30, el instrumento inmediato  de comunicación de aquellos generaleños que se alejaban de sus hogares por las más diversas razones, pero principalmente por causas de enfermedad, para informar sobre su regreso a casa.

Pero también fue el medio que permitió a los habitantes de las remotas comunidades y las casas retiradas, informarse sobre lo que ocurría en la ciudad y en el mundo, gracias a las pocas empresas radiofónicas que fueron emergiendo en el Valle Central y a las potentes emisoras propagandísticas que nacieron durante la Segunda Guerra Mundial.

La difusión por onda larga hacía difíciles las comunicaciones; había que buscar las partes altas para instalar las antenas de recepción; y algunos, más osados, trascendían las fronteras escuchando emisoras de onda corta que emitían desde Europa, los Estados Unidos y Sudamérica.

Y cuando, superados los tubos catódicos, aparecieron los transistores, la radio también se convirtió en acompañante fiel de los viajeros y de los trabajadores del campo, que podían escuchar los mensajes mientras sacaban la fajina.

Emisoras pioneras

En ese escenario, la historia otorga espacio en primera fila a dos emisoras pioneras del Valle de El General: una que se podría perder en el tiempo; otra proyectada al infinito.

“Esta es TI2JB: Les habla Joaquín Barrantes Elizondo, desde San Isidro de El General, para informarles … (noticias de San Isidro) …y ahora escuchemos una canción entonada por mi hermana Ana María…” (de ocho años de edad).

Francisco Quesada, un histórico locutor de excelencia.

Francisco Quesada, un histórico locutor de excelencia.

“Quín”, como le llamaban sus parientes, instaló la primera emisora de radio en Quebradas, en 1938. Estableció una programación de apenas unas horas cada cierta cantidad de días; y tras cada transmisión, anunciaba la fecha y la hora de la siguiente.

Fueron los inicios rudimentarios de la radio, en San Isidro (una década después de que Amando Céspedes Marín logró las primeras emisiones radiofónicas, en Heredia) cuando apenas comenzaba a funcionar el servicio aéreo de transporte de pasajeros y todavía no existía la carretera interamericana. Habría funcionado durante dos años, hasta el prematuro fallecimiento del joven Joaquín (en un accidente aéreo) en 1940. Aunque pequeños, los transmisores que trajo, le permitieron proyectarse hasta Los Santos y el Valle Central.

Por aquellos días, San José "quedaba inmensamente lejos".

Por aquellos días, San José “quedaba inmensamente lejos”.

El vacío que dejó Joaquín no fue rellenado hasta marzo de 1955, cuando Roger Sobrado instaló la emisora La Voz de El General y el sacerdote Gonzalo Jiménez –en ese mismo año- formó un comité con el fin de crear una radioemisora católica, para el servicio de la Diócesis de San Isidro de El General.

Dos años después, en 1957, habría de salir al aire Radio Sinaí, con el fin de llevar el mensaje católico y catequizar a los habitantes de las comunidades alejadas  –mediante escuelas radiofónicas- a través de radio receptores aportados por la propia Iglesia. Desde entonces, Sinaí ha ocupado un lugar de distinción, primero en el Valle de El General, luego en Costa Rica y ahora –con el respaldo de la Internet- dondequiera que se encuentre un generaleño.

Ciertamente, las condiciones han cambiado desde aquellos años de mensajes brevísimos y la radio ha sido alterada por la Internet, las redes sociales, los mensajes de texto, que la han relegado a un segundo plano. Pero estas nuevas tecnologías de la información también le dan la mano –ahora sin límite de distancias y barreras geográficas- permitiéndole moverse en el bolsillo oyentes, gracias a los teléfonos móviles.


13 febrero, 2014

Anúnciate Gratis