En un balcón forjado por el mar se encuentra la icónica “Parcela”

La Parcela, Dominicalito.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

S
obre un balcón forjado por las olas del mar, en la línea imaginaria donde se juntan el Pacífico Centro y el Pacífico Sur de Costa Rica, se encuentra La Parcela, un restorán icónico para generaciones de turistas locales y extranjeros.

A solo 100 metros de la carretera costanera, por buen camino.

A solo 100 metros de la carretera costanera, por buen camino.

A izquierda y derecha, una secuencia de playas bordeadas por cocoteros, almendros y arboledas propias de ese sector del litoral siempre verde. Desde su mesa bien atendida, en el restorán, un atardecer en Dominicalito, el tómbolo de Punta Uvita y el sector de la península de Osa que en tiempos de la conquista sirvió de escondite al pirata Drake…

… la oportunidad de ver las ballenas jorobadas, tan comunes entre diciembre y abril; y con frecuencia admirar a los surfistas que juguetean con las olas hacia el sur de La Parcela. Por eso, y por la fina atención del personal, y por la exquisitez de las comidas, y no por otra cosa, es que cada día hay más clientes que se inclinan por La Parcela.

Rodolfo Obando Vargas.

Rodolfo Obando Vargas.

“Vinimos por la vista y regresamos por la comida”, dicen. Esta es una razón totalmente válida, si se parte de que la especialidad de la casa está en los mariscos y que éstos son adquiridos a los pescadores locales, conforme van llegando del mar. Y porque, si lo prefiere, puede optar por un gallo pinto, ceviche, arroz con pollo, platillos especiales elaborados con las carnes más frescas; acompañarlos con cerveza, vinos finos y bebidas especiales. Y terminar con un postre tropical en llamas, preparado en su mesa, para darle un toque mágico y de excelencia a su visita.

La Parcela del Descanso, como se llama, vive una evolución constante, en la búsqueda de la excelencia, desde que se le fundó, hace cuarenta años, como un punto de arribo para las personas que se desplazaban por el litoral, cuando todavía no había calles ni carreteras, o para las que comenzaban a llegar a pescar en Las Rocas de Amancio.

Rodolfo Obando Vargas, con veintisiete años de trabajar en La Parcela, recuerda a los primeros clientes llegar a pie o a caballo, y sentarse a descansar y disfrutar los espléndidos panoramas, en unas bancas construidas debajo de un viejo y frondoso árbol de mango.

Andrés Picado Alfaro.

Andrés Picado Alfaro.

Luego, el negocio fue tomando forma, con el apoyo de una refrigeradora y un congelador de canfín y un pequeño generador eléctrico, para poder atender a la creciente cantidad de pescadores que llegaban a Las Rocas de Amancio.

Después, aquel Dominical de paso para las lanchas que transportaban pasajeros desde Puerto Cortés y Uvita hasta la ciudad de Puntarenas, comenzó a convertirse en un atractivo para los turistas nacionales.

Y ahora, a sólo 100 metros de la carretera costanera, La Parcela sigue siendo el restorán icónico para generaciones de visitantes que ahora acuden a un Dominical convertido en todo un atractivo turístico para gente de todo el mundo.

La península de Osa, desde el restorán La Parcela.

La península de Osa, desde el restorán La Parcela.

La Parcela sigue guardando ese hálito de nostalgia de un atardecer en Dominicalito; y sigue teniendo la misma atención que invita a volver; pero también se renueva, para adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos.
Joseph Andrés Picado Alfaro garantiza la más satisfactoria estadía, por las características propias de un restorán ubicado sobre el lomo de un peñón acariciado por la brisa del mar; por la calidad de las comidas, por la calidez de la atención y, también, por los precios.

Especifica que los precios de alimentación oscilan entre los dos mil y los doce o trece mil colones y que las tarifas por habitación (a diferencia de otros negocios similares, que cobran por persona) son de cuarenta dólares por noche, con la particularidad de que a los huéspedes se les favorece con un diez por ciento de descuento en el servicio de alimentación.

“Cuatro cabinas, rústicas, pero confortables y con vista hacia la península de Osa. Con balcón privado, baño con agua caliente, dos camas grandes, aire acondicionado y televisión, en Punta Dominical, donde las montañas se juntan con el mar”. ¿Qué más puede pedirse?


18 noviembre, 2014

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