En Pueblo Nuevo hay un cerro que está bendito

Pueblo Nuevo de Rivas, Pérez Zeledón.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

E
n la búsqueda de las campanas que tanto orgullo causan a los habitantes de Pueblo Nuevo de Rivas, es posible encontrar una comunidad abundante en historias, como que tienen un cerro que está bendito y un templo católico con anécdotas dignas de ser contadas.

Las campanas, como ya se dijo (http://www.perezzeledon.net/53123/las-campanas-de-pueblo-nuevo-repican-la-fascinante-voz-de-dios/) son un tesoro por su sonido fascinante, su precio, su procedencia y su historia.

Desde arriba se alcanza a ver San Isidro.

Desde arriba se alcanza a ver San Isidro.

Pero junto al templo que se encuentra en un altozano, detrás del salón comunal, comienza a levantarse un cerro de como cien metros sobre el nivel del pueblo, que llama la atención por su verticalidad, por la cruz que se ve en el “cucurucho” y porque, a decir de Helberth Fonseca, está bendito.

La versión de Helberth la ratifica el hecho de que, hace muchos años, a un sacerdote de le ocurrió oficiar misa en la cumbre y ubicar la cruz de hierro que se observa desde abajo y que con unos buenos binóculos podría verse desde San Isidro. Desde entonces, algunos sacerdotes han subido a celebrar misa en aquel exclusivo mirador.

La misa se ha celebrado arriba algunas veces, pero no mucha, porque por mucha fe que se tenga, se necesita juventud y mucha condición física. En subir por una pendiente de unos veinticinco grados, se tarda al menos hora y media.

Es un cerrito que no va a pasar inadvertido, para quienes visiten Pueblo Nuevo y viajen hacia Buena Vista y La Piedra, por su elevación, por la cruz y porque, ya sabiéndolo, también se percibe está revestido de un aliento espiritual.

El fin justifica los medios

El cerro bendito se levanta detrás de Pueblo Nuevo.

Son poquitos, pero casi todos van a misa.

Pueblo Nuevo es una comunidad pequeña, pero casi todos van a misa. De ahí que al primer templo hubo que hacerle ampliaciones, porque ya no cabía la gente, recuerda don Efraín Fonseca, pionero y benefactor de esta simpática comunidad generaleña (donó los terrenos donde están el templo, el salón comunal, la escuela, la gruta…).

Pero vino el terremoto de Buena Vista (3 de julio de 1985) y le causó tantos daños a la estructura, que hubo que construir otro. Para lograrlo, don Efraín viajó a la Municipalidad de Pérez Zeledón a solicitar ayuda… unos saquitos de cemento.

Le autorizaron la donación. Pero como no había cemento en la Municipalidad, y de común acuerdo con el ejecutivo municipal de entonces, Juan Céspedes, se convino en que lo pidiera prestado al Ministerio de Obras Públicas.

Con unos saquitos de cemento aportados por la Munipalidad se logró construir el nuevo templo.

Con unos saquitos de cemento aportados por la Munipalidad se logró construir el nuevo templo.

En consideración al enorme prestigio de hombre de bien, que ha sido don Efraín, don Juan Céspedes estuvo de acuerdo en extenderle una factura abierta, para que solicitara el cemento en el MOPT. Creyó que iban a ser unos treinta o treinta y cinco sacos, pero cuando vio las facturas, días después, constató que habían sido retirados dos camionados de 100 sacos cada uno.

Cuenta don Efraín, que para evitar un contratiempo, no volvió a pasar cerca de la Municipalidad, cuando bajaba a hacer los mandados. Pero un día, al obscurecer, lo llamaron al templo en construcción, porque había unos hombres que lo andaban buscando.

Pero la parte gris del templo ya estaba levantada y, toda vez que el maestro de obras dio informe detallado sobre el uso de los materiales (dato corroborado por los trabajadores voluntarios sumados a la causa) don Juan Céspedes lo felicitó por la excelencia de la obra y por la audacia en la jugarreta.

Así se van forjando las historias de los pueblos.


31 diciembre, 2014

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