En Pejibaye estará para siempre la reliquia de Miguel Martín Pro

Parroquia de Pejibaye.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

C
omo si fuera una continuación del propio misterio de una vida consagrada a difundir el mensaje de Jesucristo, en las condiciones más adversas imaginables, la reliquia del beato Miguel Agustín Pro, destinada a una parroquia de Pérez Zeledón, también evadió la rigurosa vigilancia de la policía mexicana.

Oró y después encaró a los militares, autorizándolos, que esperaban para acribillarlo.

Oró y después encaró a los militares, que esperaban para acribillarlo.

El relicario (metálico) enviado por la Iglesia Católica de México a la parroquia de Pejibaye, tras una paradójica serie de contratiempos, pasó inadvertido por los detectores de metales del aeropuerto, en la maleta de una religiosa que, de suerte, viajaba hacia Costa Rica.

La reliquia se convierte, ahora, en un legado del padre Elí Quirós que acompañará por siempre a los feligreses de Pejibaye y a quienes quieran llegar a venerarla. Son parte de los restos, elevados a la categoría de símbolos milagrosos, del jesuita que desafió a los ejércitos mexicanos entregados al exterminio de católicos, a principios del siglo antepasado, celebrando misa y llevando consuelo en la clandestinidad, en casas de habitación y –como en los inicios del cristianismo- también en cuevas y catacumbas.

La exhibición de la reliquia del beato Miguel Agustín Pro fue parte de las celebraciones del trigésimo cuarto aniversario de la parroquia de Pejibaye, organizadas bajo el liderazgo del padre Elí. También fue una ocasión oportuna para rendir un reconocimiento a los primeros sacerdotes de la parroquia, los padres Timoteo (Manley) y Francisco (Castells).

El padre Elí Quirós frente a imágenes del beato Miguel Martín Pro.

El padre Elí Quirós frente a imágenes del beato Miguel Martín Pro.

Pejibaye vivió a lo grande las fiestas parroquiales, durante el pasado fin de semana. Y en la cumbre de las celebraciones, los fieles católicos tuvieron la oportunidad de asistir a una eucaristía oficiada por monseñor Guillermo Loría, obispo emérito de San Isidro de El General, ayer, domingo 14 de setiembre de 2014.

La reliquia del beato Pro llega para iluminar a los cristianos, como un símbolo de fe. Es parte del cuerpo un hombre de absoluta convicción en el mensaje de Jesucristo y el poder absoluto y bondadoso de Dios, que en el paredón de fusilamiento pidió que le permitieran orar, por un momento, para después enfrentar al pelotón de fusilamiento, y, con la frente en alto, dar la señal de que estaba preparado para morir.

El beato Pro llegó a conocimiento del padre Elí, cuando estaba estudiando Historia de Latinoamérica, en el Seminario. Como no tenía tema para desarrollarlo, el profesor le recomendó que hiciera un trabajo sobre la vida del mártir mexicano, cuenta el párroco de Pejibaye.

Eucaristía en Pejibaye, en la cúspide de las fiestas parroquiales.

Eucaristía en Pejibaye, en la cúspide de las fiestas parroquiales.

Quedó impresionado por la apasionante vida de Miguel Agustín y cuando, ya como sacerdote, tuvo la oportunidad de viajar a México, pidió que lo llevaran a la tumba del beato. Él y un rector del Seminario acudieron a solicitar un formulario para solicitar una reliquia del beato Pro, pero solamente quedaba una, recuerda el padre Elí.

Luego lo intentó otra vez, mediante un documento escrito que nunca le contestaron, porque se extravió. Y, finalmente, logró que le concedieran la reliquia, para la parroquia de Pejibaye, mediante un formulario digital.
Se la concedieron y, aunque él debió ir a recogerla personalmente, las autoridades eclesiásticas mexicanas accedieron a entregársela a la religiosa, que logró pasar la cajita metálica sin que delataran los detectores.

¡Cuántas veces tuvo el padre Pro que esconderse, que andar disfrazado, para esquivar al ejército! ¡Y, en la leyenda, el descuido o el milagro, en su paradójico viaje a Pejibaye de Pérez Zeledón, lo logró otra vez!


15 septiembre, 2014

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