El Pérez Zeledón clásico y la música filarmónica

Era impresdindible

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

N
o se crea que en los orígenes de Pérez Zeledón, el Valle de El General fue todo soledad, trabajo y pobrezas; también hubo momentos para el esparcimiento.

La guitarra, la mandolina y el bandoneón asoman tímidamente en aquellas primeras décadas del siglo pasado, como instrumentos que acompañaron a los campesinos de pies descalzos y ranchos pajizos, ya como entretenimiento tras las usuales largas jornadas en la finca, ya para animar alguna celebración antes de arreciaran los vapores de la cususa.

La Filarmonía fue una institución muy importante en la época clásica de Pérez Zeledón. (Cortesía de la Municipalidad).

La Filarmonía fue una institución muy importante en la época clásica de Pérez Zeledón. (Cortesía de la Municipalidad).

“Allí llegamos mi prima, mis padrinos, mi familia y nos casamos a las seis de la mañana. Éramos muy pobres. Nada más que le solté el ruedo al vestido blanco que tenia y con un sombrero de mi prima, nos casamos. Como mi papá ya había sido jefe político, llevó a dos del resguardo que tocaban guitarra y entonces nos hicieron una fiesta”, cuenta la benefactora Hilda Cruz acerca de su matrimonio con Jorge Ramírez, en un documento histórico del periodista Camilo Rodríguez.

Y aunque se vivía así, entre aislamiento y pobrezas, en la comunidad de San Isidro también se daba un gran acontecimiento en que no podían faltar la música y el consabido bailongo: las fiestas del santo patrono San Isidro Labrador. ¿De dónde, la música? Desde San Marcos de Tarrazú, llegaban los músicos cargando los instrumentos, a pie, por entre raigambres y barriales.

Encabezaba los desfiles. (Cortesía de Sergio Barrantes).

Encabezaba los desfiles. (Cortesía de Sergio Barrantes).

Pero se dio una iniciativa trascendental para la instauración del período clásico; el de las fotografías en blanco y negro que convierten los corazones rebosantes de nostalgia y agradecimiento de los hijos, nietos y bisnietos de los pioneros en frijoles saltarines: la Orquesta Filarmónica.

Habiendo ya una “ciudad” con cuadrantes, caños, Municipalidad, templo católico y plaza de futbol,  se hizo necesario contar con una Filarmonía; y aquí la historia menciona la gestión de dos destacados pioneros, Rafael Rojas Andrade y Celestino Mora Barboza, para que la Municipalidad comprara unos instrumentos musicales que tenía en venta a buen precio la Municipalidad de La Unión.

Durante décadas, la Filarmonía fue parte del alma del pueblo generaleño. (Cortesía de “Que bonito ser de Pérez”).

Durante décadas, la Filarmonía fue parte del alma del pueblo generaleño. (Cortesía de “Que bonito ser de Pérez”).

Los anales registran a Rafael Rojas como el personaje que propuso la compra del instrumental de la filarmonía de Tres Ríos, en junio de 1938 y que, habiendo sido donados los instrumentos por el Gobierno de León Cortés Castro, en 1939, fue Rojas Andrade quien se convirtió en el primer director de la orquesta.

Otros datos revelan la trascendencia de Celestino Mora Barboza, como músico asociado a los orígenes del Valle, director de la orquesta y precursor de una escuela que luego habría de asumir Ramón Mata Meoño, un mítico genio de batuta y pentagrama que vino a revolucionar la cultura musical de Pérez Zeledón.

Músicos que formaron parte de la Filarmonía de Pérez Zeledón. (Cortesía de la Municipalidad).

Músicos que formaron parte de la Filarmonía de Pérez Zeledón. (Cortesía de la Municipalidad).

El maestro Ramón Mata llegó a Pérez Zeledón en los años 50 y acompañó a la Filarmonía hasta el 76, por los días en que se comenzaban a extinguir su vida y la época dorada del Valle de El General.  Durante su estadía en San Isidro forjó músicos que aún lo siguen recordando; algunos pocos que siguen embocando la trompeta y el saxofón; que lo recuerdan por las giras a tocar en Buenos Aires, Golfito y Aguirre, a veces en carro por las calles polvorientas o de barro, a veces en avión, a veces atravesando el río Saavegre a caballo, para coger, del lado de las plantaciones bananeras, el tren que los llevaba a Quepos.

Y aquellas procesiones de Viernes Santo con el “Duelo de la Patria” que, quién sabe por qué, hacía a la gente llorar. Y aquellas retretas, en la glorieta que estaba en diagonal al Palacio Municipal, donde todavía a algunos, tampoco se sabe por qué, tararean “Nunca en domingo” o “Mi fascinación”.

 

En la foto de entrada: La Banda u Orquesta Filarmónica fue imprescindible en los grandes acontecimientos cívicos y religiosos. El maestro Ramón Mata toca el saxofón.


12 junio, 2013

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