Durika: armonía y plenitud con la naturaleza

Durika, proyecto caprino.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

I
nternarse en el bosque y entregarse a la reflexión puede ser una aventura realizable y sobrecogedora si, lógicamente, se tiene un mínimo de comodidades que garanticen a la persona que no va a pasar hambres, ni fríos, ni escasez.

Producen hortalizas orgánicas, derivados de leche de cabra...

Producen hortalizas orgánicas, derivados de leche de cabra…

Esta posibilidad de sentirse anacoreta durante unos días la ofrece la Fundación Durika, en la parte alta del cantón de Buenos Aires, Puntarenas, sede de una organización autosuficiente que se dedica, desde 1991 a enseñar acerca de las oportunidades de vivir en armonía con la naturaleza.

La comunidad está ubicada a unos dieciocho kilómetros al de la ciudad de Buenos Aires, por el sector donde se encuentran las reservas indígenas de Salitre y Ujarrás y el poblado de Olán.

El poblado cuenta con apenas veinticinco habitantes, que subsisten básicamente con lo que producen en sus huertas orgánicas, un proyecto caprino que les permite producir leche, queso y yogurt, un bananal de altura, café orgánico y plantas medicinales, explica Vilma Rodríguez, en representación de la Fundación Durika.

Una comunidad vegetariana de veinticinco habitantes.

Una comunidad vegetariana de veinticinco habitantes.

Cuenta, además, con una escuela privada y con cabinas para los visitantes, que así llegan a quedarse durante dos días como a extender sus vacaciones por tres y hasta seis meses.

Es un proyecto creado por un conservacionista, German Villalobos, quien materializó, en el 91, una vieja iniciativa suya de crear una comunidad que viviera en armonía con la naturaleza, con la formalización y el establecimiento de la organización no gubernamental.

Los habitantes se alimentan de productos vegetarianos y, básicamente, en palabras de Vilma Rodríguez, tienen el objetivo de transmitir la pasión por la naturaleza y enseñarles a los visitantes –en el propio terreno- las razones por las que se debe cuidar el bosque. Se parte del convencimiento de que, si una persona conoce el bosque y el agua en su estado más natural, se va a identificar aún más con ellos y va a tener sentimientos más profundos para cuidarlos.

El visitante tiene la oportunidad de aprender cosas que ayuden en la conservación del planeta.

El visitante tiene la oportunidad de aprender cosas que ayuden en la conservación del planeta.

En el restorán y las cabinas, los visitantes pueden disfrutar todos los servicios. Y aunque vegetariano, los visitantes van a encontrar una amplia variedad de platillos que –van a comprobarlo- son exquisitos.
Hoy existe un camino que permite a los visitantes llegar hasta el propio proyecto Durika; pero es importante que los interesados visitarla reserven su espacios, en la oficina de la fundación, en Buenos Aires, o por medio de la página durika.org.

Es particularmente importante la reservación –explica Vilma Rodríguez- si se trata de la visita de un profesor que lleva a sus alumnos a conocer el proyecto, para asignarle un guía con un programa específico que los oriente y les vaya explicando.

La Fundación Durika ofrecía su proyecto de enseñanza el sábado 15 de noviembre de 2014, en la Feria Expoacadémica Pérez Zeledón, que contó con la presencia de catorce empresas educativas.


18 noviembre, 2014

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