Dos familias generaleñas viven un sueño de Navidad

Club de Leones, Repunta.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

T
ras una prolongada vida marginal y de pobreza, para una abuela como Digna Ramírez Vásquez, es difícil aceptar la idea de que apenas en unos minutos va a abandonar los escombros de la vieja casa, para pasarse a vivir en una nueva, con pisos cerámicos y cielo raso, sin hendijas y con televisor (nuevo) y cocina eléctrica (nueva) y refrigeradora (nueva) y televisor nuevo…

Detrás de la galera asoma don Rómulo Picado.

Detrás de la galera asoma don Rómulo Picado.

Es más, frente a una realidad de ensueño, doña Digna manda que le lleven una pastilla para la presión; y se aferra a la idea de que para qué tanta cosa, si ella siempre ha sido pobre y que –en otros tiempos, cuando toda la gente era pobre- nadie le hubiera puesto atención a sus limitaciones.

Tal es la impresión de una de las jefas de familia que se instalaron en casa nueva, hoy lunes 23 de diciembre de 2013- favorecidas por un programa de Navidad que desarrolló el Club de Leones de San Isidro de El General, con el apoyo de desprendidas empresas y personas –dígase Gollo, Ferretería Boston y Desarrollos Sociales- que hicieron posible lo que no se pudo a través de “Un sueño de Navidad”.

Afuera, uno de los nietos de doña Digna espera, sentado en una piedra, cuando comienza a llegar la gente; ayuda a llevar los primeros paquetes y después –cuando llega el camión grande, da espacio- porque él es pequeñito, para cajas y paquetes tan grandes.

Doña Digna junto al viejo fogón que será difícil de sustituir.

Doña Digna junto al viejo fogón que será difícil de sustituir.

Dentro de la casa, una conmoción: leones y damas abriendo cajas, retirando cartones, juntando zunchos, acomodando… Afuera, en los escombros de la casa vieja en que estuvieron viviendo mientras les construían la nueva, esperan doña Digna, su marido, su hijo y los nietos, además, de una hija que llegó de visita. Afuera, la expectativa ante un evento de una felicidad de la que quisieran huir. Adentro, los y las integrantes de la organización, en fraternal algarabía, que no reprimen la satisfacción de haber alcanzado una nueva meta de bien.

Las beneficiarias son dos las familias que hoy amanecieron en casas rayanas en la indigencia y que, al anochecer, dormirán en cama nueva, con colchón nuevo… Una de las casas está ubicada en la Repunta, distrito Daniel Flores, y la otra en San Rafael de San Pedro, en Pérez Zeledón.

Adentro, la felicidad de abrir paquetes.

Adentro, la felicidad de abrir paquetes.

En San Rafael, las condiciones cambian para Marvin Fuentes Robles y su esposa Anastasia Figueroa, que han venido viviendo en una modestísima casa prestada, con tres hijos y una hija. Uno de los hijos, con minusvalía; el señor con una enfermedad terminal y los otros dos, peones ocasionales.

A los Fuentes/Figueroa, además de casa, menaje y servicios, el Club de Leones y sus colaboradores les consiguieron lote, además un bono para vivienda del Estado, tramitado por una cooperativa financiera.

A doña Digna y a su marido, don Rómulo Picado Mora, les consiguieron la casa, el menaje y los servicios, no así el lote, que es de su propiedad.

Comienzan a llegar los aportes.

Comienzan a llegar los aportes.

La presencia de esta familia en Repunta se pierde en el tiempo; él, de Tarrazú y ella de Esparza, tuvieron once hijos y de alguna forma la iban pasando; pero el marido, de ochenta y dos años, fue operado recientemente de por una hernia y no puede trabajar.

Los hijos, que en total suman once, se fueron yendo, excepto uno joven que queda en casa, viviendo con doña Digna y dos sobrinos, nietecitos que le dejaron a doña Digna. También pasan cosas buenas.


23 diciembre, 2013

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