Cuando San Isidro dormía en “La Shell” seguían despiertos

La Shell. Gerardo Martínez A., a través de Qué bonito ser de Pérez.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

T
odavía existen cientos de generaleños, por no decir de habitantes de toda la Región Brunca, que contribuyen a darle fama a la “Soda Shell”, un establecimiento que si acaso existió alguna vez con ese nombre, dejó de llamarse  así desde hace por lo menos cuatro décadas.

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El origen del nombre podría atribuirse a su cercanía y relación complementaria (aunque a veces no tan amistosa) con la Bomba Shell, con la que era vecina de pared por medio. Pero esta asociación tampoco parece válida porque tampoco hay recuerdos de que la gasolinera se llamara “Bomba Shell”, sino Gasolinera del Sur durante muchos años y luego “R y M” (Ramírez y Murillo), antes de convertirse en Fersol.

Los orígenes del nombre es un asunto que queda para los historiadores. Pero lo cierto es que la Soda Shell  se convirtió en todo un punto de referencia, en la historia del desarrollo de Pérez Zeledón, porque fue uno de los bares/restaurantes más exitosos que haya habido en San Isidro de El General en todos los tiempos.

Los mejores testigos del éxito fueron los tantos generaleños que trabajaron en el bar y restaurant y quienes afirman que, desde que recuerdan, la estación de servicio no se llamó Bomba Shell sino Gasolinera del Sur, propiedad de Edgar Aguilar, y la Soda Shell se llamó “Bar y Restaurant Interamericano”, de Marcos Villalobos.

El nombre de “La Shell”

Hay versiones que se inclinan hacia la probabilidad de que “Shell” fuera el nombre que tuvo la gasolinera en sus orígenes, cuando apenas se iban instalando en San Isidro la “Esso”, la “Texaco” y la “Gulf” y comenzaba a desaparecer la de Rómulo Salas, que estaba por donde hoy queda la Soda Suyapa.

Un helicóptero aterrizó en una gasolinera para abastecerlo de combustible. (Foto de Zárate).

Un helicóptero aterrizó en una gasolinera para abastecerlo de combustible. (Foto de Zárate).

Pero también se estima que el nombre proviene del rótulo “Shell” que había en la entrada del edificio (se observa en la fotografía de entrada) para anunciar los productos de la transnacional petrolera. ¿Hasta donde el poder de penetración y permanencia de un ícono?

Hoy, inclusive, existe detrás del edificio que ocupan la gasolinera y el “24 horas” Fersol, un pequeño caserío al que se le llama “Barrio La Shell”.

Pero llámese “Shell” o “Interamericano”, el negocio es una fuente de recuerdos para hombres y mujeres de varias generaciones. Lo recuerdan aquellos que, como estudiantes del Liceo Nocturno, decidían prolongar por un rato más la conversación con sus compañeros de estudios y pasaban a beber café y tal vez a comerse un sándwich .

Lo recuerdan los bebedores a los que, a la media noche, cuando San Isidro descansaba, “La Shell” les quedaba abierta como única opción para prolongar la fiesta; y los que, a las tres o cuatro de la mañana, decidían que querían desayunar.

A la media noche

Era después de la media noche, cuando  el movimiento dentro del bar y restaurant alcanzaba la mayor intensidad; hasta las seis de la mañana, en que quedaba vacío porque abrían las cantinas o porque los trasnochadores ya se habían ido para sus casas, unos a dormir y otros a alistarse para presentarse en el lugar de trabajo; y algunos hasta “caramboleados”, por haber resuelto en la calle algún punto de desacuerdo que surgió en la mesa de tragos.

De cuando aparecían las primeras gasolineras. (Qué bonito ser de Pérez).

De cuando aparecían las primeras gasolineras. (Qué bonito ser de Pérez).

Esta presencia de clientes era alentadora para la administración del bar/restaurant, pero no para los trabajadores de la bomba, porque no pocas veces tuvieron que quitar un carro de la entrada a la gasolinera, contra la voluntad de un chofer trastocado por la bebida. Didier Cascante, trabajador de la bomba, recuerda que hasta tuvo que recibir el apoyo de taxistas, para poder defenderse de ebrios hostiles que lo atacaron en grupo, porque no querían quitar los carros de la entrada.

Pero el mayor éxito que “La Shell” pudo alcanzar se daba cuando llegaban los buses procedentes que viajaban entre la zona sur y San José. Entonces sí había que atizar el fuego y correr, para que los pasajeros no tuvieran que seguir con hambre por la larga y tediosa carretera interamericana, que por muchos años fue de lastre.

Y si al congestionamiento usual se suma el arribo de tres buses adicionales, (durante una campaña electoral) como lo recuerda Ricardo Monge, puede el lector imaginar a los cocineros poniendo los bistecs en la sartén, apenas como para que cogieran color por los lados y disparando casados…  en una madrugada en que se terminaron los bistecs, el pescado, los frijoles…

Así, a grandes trazos, era La Shell, una soda que, salvo mejores referencias, nunca existió.


31 octubre, 2013

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