Víctor Mora: “De niño tuve deseos de conocer el mundo y lo conseguí”

Imagen: Víctor Mora: “De niño tuve deseos de conocer el mundo y lo conseguí”

A sus 79 años, este generaleño ha estado en más de 180 países

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net

En el Glaciar Perito Moreno, en Argentina

De niño su sueño fue recorrer el planeta entero y desde muy joven lo consiguió. Víctor Mora Araya es todo un trotamundos y quizás el único generaleño que se ha dado el gusto de conocer más de 180 países a lo largo de su errante existencia.

Y aunque ahora, a sus 79 años está librando una batalla campal contra el cáncer, la muerte no lo amedrenta pues considera que ha llevado una vida plena –a como él la quería– a pesar de no haber estudiado más que la primaria.Este viajero en potencia, quien también es músico, telegrafista, bailarín y que actualmente goza de su pensión de guerra, nos recibió muy afectuosamente en su casa de habitación, ubicada en la cuesta de los Bomberos, en San Isidro de El General, y nos relató sus gloriosas travesías, esas que pocos han tenido la dicha experimentar.

“Nací en San Pablo de León de Cortés. Viví en una casa de bahareque. Mis padres Manuel y Hermenegilda decidieron emigrar junto con sus siete hijos para este hermoso Valle de El General debido a una serie de problemas económicos. Ayudados por nuestro tío Celestino Mora, que ya residía aquí, emprendimos el viaje de ocho días por el ominoso Cerro de la Muerte, hasta que llegamos a Canchera, donde nos estaba esperando otro tío, Emilio, y en una carreta hicimos la entrada triunfal a San Isidro, muertos de hambre y cansancio”, contó este andarín personaje.

Don Víctor comentó que su papá construyó un rancho de paja en el lote que le había comprado a su hermano Celestino, cerca de los planteles (donde hoy está el MOPT). El piso del rancho era de tierra, tomaban agua del pozo y se alumbraban con canfineras. Añadió que luego hicieron una casa de madera y zinc y su señor padre lo heredó a él y a sus siete hermanos con un lote.

En una playa de Veracruz, México, junto a su esposa María Elena Rivera, año 1955

Cuenta que antes de iniciar sus aventuras por tierras allende, realizó toda una serie de trabajos: a los nueve años le llevaba el café y la comida al señor Chacón, y le pagaban tres colones mensuales. Después, vendió cajetas y tamal asado que su mamá hacía, y a los doce años, comenzó a trabajar en el telégrafo como mensajero entregando el periódico Diario de Costa Rica.

“Ese oficio lo desempeñé durante mi adolescencia, hasta que en 1948 estando yo ayudándole a mi hermano Modesto en sus billares que quedaban al costado norte de la plaza pública, (hoy parque central), empezaron a salir balazos de la Jefatura Política. Ya Figueres andaba por ahí y los gobiernistas lo sospechaban, por eso eran los tiros”, detalló.

Excombatiente del 48. Don Víctor vivió en carne propia la Guerra Civil del 48, tanto que, participó en ella como soldado del ejército Figuerista, lo cual le permitió más tarde obtener la plaza de radioperador en una oficina que se abrió en Montezuma, Puntarenas. Posteriormente lo trasladaron a Nicoya, Cañas Gordas y, por último, a Quepos, en donde estuvo hasta 1955 y ahí empezó su primera salida fuera de Costa Rica.

“Desde niño tuve deseos de conocer el mundo. El primer país que conocí fue Panamá. De Quepos fui en una excursión a El Salvador y luego en otra ocasión a México donde me hice novio de María Elena Rivera, con quien contraje nupcias y me quedé a vivir en ese país. Tenemos dos hijos maravillosos: mi hijo Mario Alberto, quien reside en ciudad de México y trabaja como director de informática de un grupo comercial muy importante, y mi hija Patricia, quien vive en San Isidro y es la dueña de la taquería México Lindo, frente al parque”, aseveró.

Tal y como lo indicó don Víctor, se estableció en México, pero también en los Estados Unidos con su familia, país que recorrió de punta a punta; al igual que el territorio azteca.

Seis veces visitó Europa, conoció toda España, Portugal, Alemania, Suiza Francia, Italia, Inglaterra Austria. Asimismo, Bélgica, Liechtenstein, Polonia, Rusia, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia, Holanda, Grecia y Turquía. Así como países del Medio Oriente y África como Líbano, Jordania, Israel, Egipto y Marruecos.

El Cairo Egipto

“Tuve la dicha de estar en los lugares santos como Jerusalén, el huerto de Getsemaní, la tumba de Lázaro, Jericó, el río Jordán y el Mar Muerto, donde el agua es tan densa de sal que no hay ninguna clase de vida y uno no se hunde. En El Cairo subimos a la pirámide de Keops, hasta los sarcófagos de los faraones, y anduvimos en camello por el desierto. En Rusia divisé el Kremlin, con los tesoros de los zares, la Catedral de San Basilio, la Plaza Roja, los museos de Moscú y la tumba de Lenin”, enumeró Mora.

Nuestro peregrino se dio también una vuelta por El Vaticano con su Capilla Sixtina; la piedad de Miguel Ángel y hasta vio en persona al papa Pablo Sexto dentro de la Basílica de San Pedro. En Londres, visitó el Palacio de Buckingham. En París el Museo de Louvre, la torre Eiffel. En Polonia la Capilla de Varsovia. En Austria los bosques de Viena. En Grecia pisó El Partenón, Las Cariátides y el Epidauro (teatro al aire libre en las montañas del Peloponeso), el Canal de Corinto, Olimpia, ciudad de Atenas y recorrió el mar Egeo. Otro destino fue la India, ahí estuvo en el Taj Mahal y en la tumba de Gandhi. De igual manera, en el lejano oriente, llegó hasta los pies de Los Himalayas, con el monte Everest de fondo.

“En otra salida larga visité Kuala Lumpur, capital de Malasia. Subimos 300 escalones para ver el templo de Batur. En Tailandia vi la estatua de Buda de oro de 18 kilates y de  1.80 metros de altura. Luego me fui para Singapur, Hong Kong, China, Japón… ciudades cosmopolitas, ¡inimaginables!”, dijo.

Don Víctor narró que repitió países y que cada dos años venía con la familia por tierra manejando a Costa Rica. Esta práctica la llevó a cabo por todo México y también en los Estados Unidos.

Aventura Patagónica. En 1967 este generaleño conoció por primera vez Sudamérica: Venezuela, Río de Janeiro (Brasil), Machu Picchu y Cuzco (Perú), los glaciares entre Chile y Argentina. Por tierra cruzó la cordillera de los Andes.

Como radioperador en Quepos, Víctor de derecha

En el 2007 hizo un viaje a República Dominicana, donde disfrutó en las playas de arena blanca de Juan Dolio y Punta Cana.

En 1993 se fue a Europa a trabajar en un barco carguero denominado Buenos Aires Refer. El navío partió de El Pireo Grecia rumbo a Ucrania para cargar pacas de algodón. Surcó los mares Egeo y Mediterráneo y salió por el Estrecho de Gibraltar. Durante esa travesía en barco franqueó también el Golfo Pérsico, Arabia Saudita y Los Emiratos Árabes.

Cinco viajes en crucero. El primero fue por el mar interior de Japón, en un barco a la usanza antigua. El segundo fue en el popular “crucero del amor”, de la compañía Pacific Princess, surcando las aguas de San Francisco a Canadá. El tercero fue por el sur del pacífico, la embarcación salió de Los Ángeles a Nueva Zelanda. El cuarto crucero lo realizó con un grupo de generaleños, quienes zarparon de Puerto Limón con rumbo a Cartagena, atravesando las islas de San Blas de Panamá y el Canal, entre otros lugares. Y el quinto viaje en altamar fue de San Juan, Puerto Rico, a diversas islas del Caribe.

Don Víctor tiene un cajón lleno de películas de 8 y súper 8 milímetros de todos sus viajes y también se ha destacado como músico, tanto que, ha grabado varios discos de tango y boleros. De igual manera ha ganado concursos de baile por su destreza en la pista.

En su casa, con su equipo de telegrafía

Sobre cómo se las ingenió para haber conocido tantos países, él respondió: “Viajar siempre fue mi sueño y a Dios gracias lo conquisté, pues durante el tiempo que viví en México tuve una empresa de reparación de equipos de televisión que me generó muchos dividendos, y aunque ahora mi situación económica es diferente a la de esa época, estoy satisfecho por haber cumplido mi designio, y la verdad es que me puedo morir tranquilo”, afirmó.

Actualmente este trotamundos vive solo, ya que está separado de su esposa. Ella reside en México. Y a pesar de que el cáncer lo está doblegando, a don Víctor le queda el gusto de haber recorrido el mundo entero por cielo, mar y tierra.

 

 


2 Septiembre, 2009

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