Vecinos de La Trocha envueltos en polvo; un costo del progreso

La Trocha, polvareda.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

T
odos los días, a lo largo del verano, los habitantes de los barrios que han ido creciendo a los lados de La Trocha –el viejo camino recorrido por los viajeros que colonizaron el Valle de El General- han tenido que levantarse a barrer la capa de polvo que amanece en los corredores.

Casas cubiertas con sarán, para cortarle el paso a las nubes de polvo.

Casas cubiertas con sarán, para cortarle el paso a las nubes de polvo.

Algunos de ellos han recurrido al sarán y el plástico para evitar que entren de lleno las ráfagas polvorientas que se levantan de las calles; los caños, sin salida a las cunetas, se desbordan por las calles; algunos vecinos riegan los frentes de sus casas con las aguas de los caños, porque el agua con que la Municipalidad irriga las calles se evapora conforme va cayendo…

Lo choferes pasan despacio, para evitar (con poco éxito) que las nubes se levanten; los enfermos de asma y los susceptibles a alergias por causa del polvo la pasan mal; y los vecinos de Las Brisas, ya en territorio del distrito Daniel Flores, hubieran preferido que menos ráfagas de viento.

Tal es la situación que se está viviendo en este verano de 2015, en las comunidades de las orillas de La Trocha, el sector de carretera que comunica el barrio Sinaí, en San Isidro, con Palmares, en Daniel Flores, sometido a trabajos de ampliación de la carretera y remoción de tierras, que habrán de culminar con el asfaltado de la carretera.

La imagen da una idea de la magnitud de la obra.

La imagen da una idea de la magnitud de la obra.

Es una situación que a ratos se vuelve desesperante; pero, a título general, los habitantes de estas barriadas (Dorotea, Las Brisas, Los Chiles y Daniel Flores, por ejemplo) aceptan la condición como un costo del progreso.

Si no les asfaltan la carretera pronto, por lo menos les llegarán las lluvias. La maquinaria y el personal de las empresas constructoras han venido trabajando (algunos hasta los domingos) para salir con los trabajos a tiempo, aunque a veces hay inconvenientes.

En el sector comprendido entre la Calle de Charol, en el barrio Sinaí, hasta Las Brisas (cerca de la entrada a la Finca Municipal) se aprecia el avance de la obra: ampliación de la calle y su tratamiento con piedrilla, que dan una idea de la transformación que va a tener en unos pocos meses el histórico trillo de los colonizadores.

Pero como siempre –dícese de la Ley de Murphy- en el camino surge algún inconveniente, la maquinaria debió suspender momentáneamente el trabajo que viene realizando en el primer sector de la carretera (son tres sectores, adjudicados a tres empresas diferentes) debido a habrá que esperar una orden judicial para demoler una tapia que se sale a la calle.

Rociando agua con un tarrito, como en los viejos tiempos.

Rociando agua con un tarrito, como en los viejos tiempos.

Estas inconveniencias que se observan a inicios de marzo de 2015, estaban dentro de lo previsto, sin embargo, por los funcionarios de la Municipalidad, que dirigen la obra. A inicios de diciembre de 2014, el ingeniero Ronny Mora, de la Municipalidad, pedía a los vecinos de La Trocha que se armaran de paciencia.

La Trocha, de unos diez kilómetros, está siendo reconstruida a un costo de 1.400 millones de colones, procedentes, mil millones de ellos, de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (al Ministerio de Obras Públicas y Transportes) y el resto a una contrapartida municipal.


9 marzo, 2015

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