Una placa para don Macario

Foto de la Primera Ermita y Escuela de Ureña, Marzo 1906. Foto cortesía Generaleños por Siempre

La historia de El General es una historia de campesinos; una historia de campesinos y maestros; una historia de campesinos, comerciantes y maestros; una historia de campesinos, comerciantes, empresarios, académicos y maestros. La historia de rancheríos y ciudades y maestros.

Cuando el Valle de El General era todavía un territorio agreste y sin ley, y los únicos clubes sociales eran las chirriteras, también había generaleños interesados en su propia educación y la de sus hijos, que demandaban escuelas. Y casi siempre, desde el principio, ha habido maestros.

La historia de los pioneros y la historia del maestro de antes tienen en común que son épicas; como las de Ismael Ulloa, Macario Monge, Cornelio Martínez y muchos que han contribuido –con esfuerzo redoblado- a que los generaleños disfruten un mundo mejor.

Conforme lo citan las fuentes más autorizadas, don Ismael, don Cornelio y don Macario fueron los primeros maestros que hubo en el Valle de El General, los primeros dos de manera informal y el tercero por cuenta del Estado. De Martínez sólo contamos con una referencia específica de Wikipedia.

La historia a veces es confusa y muchas veces omisa y faltan apuntes que documenten un vacío que se extiende desde el fallecimiento de Manuel Macario Monge Zúñiga, hacia 1907, hasta que llegó a El General un contingente de maestros que fueron asignados a las incipientes aldeas de San Ramón, La Palma, Daniel Flores, Palmares, Rivas, San Isidro… , hacia 1927.

De los tres, es don Macario el que recibe la bendición formal de la historia, porque existen documentos que acreditan su nombramiento y hasta el emolumento de 25 colones mensuales que le asignaron de salario. Y, como si el registro de su nombramiento como primer maestro formal que existió en El General fuera poco, el benemérito Joaquín García Monge –que fue discípulo suyo- también hace una amplia referencia a la estadía de don Macario y su desgraciada muerte por causa del alcohol.

En una disertación sobre los orígenes de la educación en el Valle de El General, con motivo de la celebración del Cincuentenario de la Escuela Pedro Pérez Zeledón (y 81 años del cantón) el historiador Claudio Barrantes Cartín pidió en la noche del lunes que se le rinda tributo. De acuerdo con sus investigaciones, los restos de Macario Monge Zúñiga debieron ser depositados en el cementerio de lo que hoy es Daniel Flores. El historiador apela al buen sentido de los generaleños para que instalen una placa, si no en su sepultura, porque su ubicación (después de más de un siglo) es por demás incierta, sí al menos en un lugar de privilegio en el camposanto o en algún otro lugar adecuado donde se honre su memoria.

La épica de la enseñanza

En su novela histórica “El General de Antaño”, el profesor Alfonso Quesada Hidalgo escribió que “En nuestra amada patria, desde tiempos inmemoriales, ha existido un gran interés por la instrucción. El General no fue la excepción. Ya en el año 1901, venciendo grandes dificultades, don Ismael Ulla daba lecciones por el pago que los padres de los discípulos le dieron”. “La escuela era un rancho sin los enseres para la enseñanza, pero don Ismael ostentaba la sencillez, la humildad, la tenacidad y el temple de un apóstol”, dice don Alfonso.

Sería el mismo rancho, o tal vez uno muy parecido, que en 1906 utilizó Manuel Macario Monge, un ”maestro titulado que por muchos años ha desempeñado el magisterio, …(que) desea venirse a este barrio a establecer una escuela privada, pero que no lo ha verificado por falta de recursos”, de acuerdo con un documento del historiador Claudio Barrantes Cartín. El rancho estaba en Los Ranchos, es decir, en el General Viejo de hoy, probablemente por donde hoy queda el Salón Marsella, especifica Barrantes.

Don Macario fue educador, porque no pudo ser sacerdote. Trabajó en diversas escuelas de San José, Desamparados y Tarrazú. También fue secretario municipal en Desamparados y jefe político en Tarrazú y si viajó a El General, fue por la amistad que tenía con Juvenal Venegas García, a quien el Gobierno envió a El General para que desempeñara el cargo de agente principal de policía.

La primera escuela pública fue creada por iniciativa de don Pedro Pérez Zeledón, a raíz de una visita que hizo a El General entre marzo y abril de 1904. De acuerdo con Barrantes, don Pedro dijo que el número de niños escolares era más que suficiente para establecer una escuela mixta.

Don Macario trabajó durante poco tiempo; un año y medio tal vez. Doña Rosenda Garbanzo le contó a Barrantes que ella lo conoció: “…padecía de unas fluxiones en la espalda de un mal de pulmonía, nadie lo cuidaba y ya hedía cuando nos buscó.  Siempre lo cuidamos hasta que murió de eso. Se fue poniendo mal y le dio en llorar por una ‘Chepita’ y una pareja de chiquitos, diciendo que por ella no se había hecho ‘padre”.

Luego, Barrantes cita a Joaquín García Monge, quien fue alumno de don Macario: “… Lo dominaba el licor… Allá terminó su vida y su labor magnífica se olvidó”. Eso es; eso es lo que noquiere Barrantes, que por abandono de los generaleños, se cumpla la dolorosa profecía de don Joaquín.


10 Octubre, 2012

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