Una industria artesanal, en una casa de San Juan Bosco

Olga Cordero Rivera, Pérez Zeledón.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

En Pérez Zeledón hay emprendedores, como Olga Cordero Rivera, para quienes las dificultades no son más que oportunidades para vencer: produce una larga lista –acaso impresionante- de golosinas y viaja desde la lejana comunidad de San Juan Bosco hasta San Isidro de El General, con firmes propósitos de hacer empresa.

Tamal de masa o, si lo prefiere, tamal de maicena o pan casero.

Tamal de masa o, si lo prefiere, tamal de maicena o pan casero.

Su empresa es eminentemente artesanal, producto de un intenso trabajo desplegado a lo largo de la semana, sobre la base del conocimiento que ha ido adquiriendo con la ayuda de la Obra Kolping y el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y lo que ha ido aprendiendo en libros y por herencia familiar.

Doña Olga Cordero está trayendo a vender sus productos en la Feria del Productor Generaleño, desde hace tres meses, y su pequeño stand no pasa inadvertido, por que lucen exquisitos y que, en tan poco tiempo, revelan una alta calidad. El que compra alguno de ellos, vuelve a la semana siguiente por más.

Puede, el cliente de buen gusto, optar por pan casero, biscocho, tamal asado de maíz o de maicena, arroz con leche, pulpas, salsas, cajetas de leche, coco, leche con coco, leche con maní… mermeladas, de frutas, guayaba, piña, naranja… cacao artesanal y queques.

Viaja desde San Juan Bosco a vender toda una gama de productos artesanales.

Viaja desde San Juan Bosco a vender toda una gama de productos artesanales.

Está empezando en la industria. Produce cacao artesanal –cien por cien puro- mediante una fórmula extendida por expertos colaboradores de Kolping y gracias a que un vecino la abastece de frutos. Produce queques, gracias a un curso impartido por profesionales del INA, que ha ido perfeccionando mediante el aprendizaje autodidacta.

Produce mermelada de ochúa, un producto que llama la atención por la cantidad de semillitas que tiene; algo que de alguna forma recuerda (aunque las semillitas son mucho más pequeñas) el pan de las hamburguesas cubierto por semillas de ajonjolí.

Y llama la atención por ser de ochúa, una frutilla exquisita, otrora abundante en tierras generaleñas, respetadísima en aquellos tiempos por los niños porque se decía que era veneno. Lo bonito era reventar (para escuchar el sonido que producían) las membranas que cubrían esas frutillas tan parecidas a las bolinchas.

¿Qué tal unos quequitos producidos en San Juan Bosco, para acompañar el café?

¿Qué tal unos quequitos producidos en San Juan Bosco, para acompañar el café?

Es una industria en ciernes; una ayuda al hogar, cuya principal fuente de ingresos proviene de un abastecedor de abarrotes, ubicado en esta alejada comunidad de San Juan Bosco: por la carretera a Pejibaye, hacia Los Reyes… y después subiendo…

Como Olga Cordero, hay otras mujeres de San Juan Bosco que han recibido cursos para la elaboración de diversos productos. Otras producen ropa, por ejemplo.

Y como Olga (que a veces recibe el apoyo del papá, para transportar los productos) otras mujeres también se benefician con la ayuda de esas gentes benefactoras que siempre están dispuestas a servir: Bernardo Céspedes, un agricultor de La Suiza, que en su carro transporta los productos de diversas mujeres, con el único fin de ayudarles a que se vayan levantando, en sus propósitos de alcanzar una vida mejor.


16 octubre, 2015

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