Un vistazo a la historia en el Alto de San Juan

Álvaro Segura Monge

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net  

A
unque Pérez Zeledón, como comunidad, no cuenta con un museo que le permita dar un vistazo a su historia, los generaleños tienen la opción de visitar una amplia colección de utensilios, herramientas y fotografías que evocan épocas pasadas, unas lejanas y otras inmediatas que, sin embargo, para los jóvenes de hoy pueden ser desconocidas.

Telefono construido en Costa Rica en 1900.

Telefono construido en Costa Rica en 1900.

La oportunidad la presenta Álvaro Segura Monge, propietario de un pequeño restorán ubicado en el Alto de San Juan, carretera a Dominical, quien no hace más de seis años comenzó a formar un mini museo, con algunas pocas piezas, como atractivo para que lo visiten potenciales clientes.

Quizás el rótulo que anuncia el “mini museo”, a la entrada del restorán La Corronga, no revele el tesoro que Segura tiene a la vista de quienes lo visiten.  Es una estancia donde tanto es posible encontrarse en el corredor con toda una colección de máquinas para hacer picadillo y moler maíz, café y carne como las nunca bien ponderadas bacinillas que se usan en el campo, para evitar resfríos, cuando el excusado está afuera de la casa.

Ya no son muchos los generaleños, que se comunican a diario o, por mejor decirlo, a cada rato, con mensajes de texto digitados en sus teléfonos celulares y sus computadoras, que aprendieron a garrapatear frases en una máquina de escribir.

Aquí es posible encontrarlas de las más diversas formas y hechuras: de escritorio y portátiles, de teclas, bolita y margarita, manuales y eléctricas… con la particularidad de que no admitían correcciones que no delataran al mecanógrafo por un infeliz dedazo o haber escrito una palabra equivocada.

Un taladro para hacer los huecos por donde se metía la cadena, para halar las tucas.

Un taladro para hacer los huecos por donde se metía la cadena, para halar las tucas.

Para secretarias, levantadoras de texto y gente que tenía por oficio escribir y transcribir textos a máquina era un gusto desafiar el movimiento de las teclas y llevarse en velocidad a las máquinas eléctricas (cosa imposible ahora, con los nuevos instrumentos tecnológicos, en que las letras van apareciendo de manera simultánea al tacto del teclado) aunque luego hubiera que ir a enviar el texto escrito al fax (cuando lo hubo), a la sección de encomiendas de la terminal de buses o a la oficina de correos.

Pero si, a algunos, las máquinas de escribir, las consolas, los tocadiscos, los televisores de tubos catódicos o transistores o las máquinas porteadoras (para imprimir cheques), las carburas, los pilones, las canfineras… no les parecen antiguos,  todavía quedan muchos objetos que lo llevarán a reflexionar.

Una consola (radio y "tornamesa"), sólo para las famlias más adineradas.

Una consola (radio y “tornamesa”), sólo para las famlias más adineradas.

Es posible apreciar, por ejemplo, un teléfono fabricado en Costa Rica en 1900 y uno fabricado en Nueva York en la década de 1880; hachuelas que servían fabricar pilones y botes y para labrar la madera, cuando las casas se construían sin clavos; barrenas, uñas para rajar tucas; llaves para trapiche; una gata ferrocarrilera; bombas para sacar agua a profundidad y un ariete (una variedad de bomba) para sacar agua por gravedad… Y para quienes sienten gusto por las armas, un rifle de bala “u” y una variedad de crucetas.

Y ni qué decir de la colección de fotografías de las cazadoras de madera de las primeras décadas del siglo pasado, del Valle Central y también de San Isidro de El General.

Álvaro Segura tiene, en el Alto de San Juan, una colección para pasar horas agolpado por recuerdos y admiración por los que forjaron la civilización que hoy conocemos.


2 Enero, 2014

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