Un santuario llamado “Lago de las Garzas”

El esplendoroso Lago de las Garzas, en Pavones, es frecuentado por los habitantes locales y de las comunidades locales, pero la mayoría de los generaleños no lo conoce.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net  

Cuando se desciende del Cerro de la Muerte, por el sector de La Auxiliadora, a veces es posible apreciar un enorme espejo hacia el sureste de San Isidro de El General. La posibilidad depende de que el cielo esté despejado y de la ubicación en que se encuentre el sol.

Es lo que los antiguos llamaron “Laguna de Murray” y a la que su nuevo propietario, Manuel Cedeño,  ha denominado “Lago de las Garzas”; y aunque se encuentra apenas a cuatro kilómetros del centro de San Isidro, es un embalse natural de espléndida belleza desconocida por la mayoría de los generaleños.

¿Más grande que el lago de La Sabana? Probablemente sí, pero es difícil de calcular a ojo de buen cubero, porque el Lago de las Garzas se extiende, angosto y alargado, de varios cientos de metros lineales, entre laderas cubiertas de cafetales. Es un lago amplio y, en sectores, también profundo, tanto que en algunas ocasiones han estado navegando lanchas de regular calado. También es posible ver –a efectos de probar su funcionamiento después de alguna reparación- motocicletas acuáticas.

Pero más o menos grande, es todo un atractivo por las oportunidades que brinda al esparcimiento, a cualquier hora, pero más, en palabras de Marchena, “cuando el día ya no es día y la noche aún no llega”, en que miríadas de garzas blancas llegan a pasar la noche sobre ciertos árboles privilegiados.

Los que sí aprovechan y disfrutan a lo grande el Lago de las Garzas, en invierno o en verano, son los vecinos de Pavones, que llegan a pescar, nadar, almorzar o simplemente estar en los alrededores. Los de a pie llegan por diversos caminillos, por la calle que en Pavones toma a la derecha, hacia la urbanización Juan Pablo Segundo, o por la otra, que conduce a La Ceniza.

Para los que llegan en vehículo hay portones y rótulos que dicen que el ingreso está prohibido, pero las disposiciones no son radicales. Lo que en realidad quieren el propietario y su administrador, Oscar Mejía, es que la gente se detenga (a pedir permiso) para solicitarle que cuide la estancia y se abstenga de botar basura.

En la casa de administración, la familia de Mejía lamenta que haya gente que llegue a ensuciar con bolsas y recipientes plásticos, a veces tirados al agua, uno de los pocos santuarios para aves que van quedando y destaca el contrasentido de que la empresa tenga que distraer a sus trabajadores para que le estén dando limpieza al lago porque hay gente que lo ensucia.

Cedeño, el propietario de la finca, es uno de los generaleños que viajaron a los Estados Unidos en busca de mejores horizontes económicos y de los no tantos que se puede decir con certeza que han logrado “el sueño americano”, como producto de un trabajo infatigable y sistemático y de reconocida calidad de ser humano.

Se afirma que está, entre sus proyectos, el desarrollo de un proyecto turístico, con el atractivo principal del Lago de las Garzas” y de un proyecto urbanístico que no se ha podido desarrollar por deficiencias en el servicio de agua potable.
 


7 Enero, 2013

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