Un matrimonio campesino

Imagen: Un matrimonio campesino

Tradicional ceremonia teatral, como parte de las fiestas patronales de Palmares de Pérez Zeledón

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net


El padre Agapito, doña Tula y don Melquíades

Fue un matrimonio campesino, pero picarón, de esos que incitan a masticar tabaco y a tomarse un guarito, de esos que había antes.

El casamiento se celebró en Palmares de Pérez Zeledón, con motivo de las fiestas patronales en honor a San José, pero se trató de una chispeante representación de las costumbres y de las divertidas ocurrencias de nuestros campesinos de antaño.La explanada del parque palmareño lució a reventar. Un gentío atiborró el lugar para presenciar una boda única en su estilo y propia de dicha comunidad.

Sin embargo, por un instante, esa explanada dejó de existir y el público se transportó a una humilde ermita de piso de tierra, empotrada en el campo, entre el cacareo de las gallinas y el rumiar de las vacas.

Escena 1. La ceremonia es presidida por el padre Agapito, quien junto con su atento monaguillo Mingo Arriola no desperdician oportunidad para echarse un trago de Cacique a pico de botella.


Los novios sellando el pacto de amor

El glamour campestre se hace presente cuando don Melquíades Verde Mar y doña Tula Gargantúa (los padres de la novia) lucen sus mejores galas; al igual que sus consuegros; los padrinos de los novios, y la niña no muy niña que porta los anillos.

Escena 2. Poco después arriba la novia con su vestido blanco y su ramillete de flor de itabo montada en la carreta con su yunta de bueyes. No obstante, con su vientre abultado, ¿será?,  ¡Dios libre!
 
Los padres del novio especulan si la novia está embarazada, lo que genera el enojo de don Melquíades quien a punta de escobazos arremete contra los consuegros, porque afirma que su hija es virgen y es imposible que haya “traveseado”. El cura Agabito interviene y remedia la confrontación brindando con Cacique.

Escena 3. ¿Y el novio? El policía da una mala noticia… el novio está encarcelado por una torta que se jaló, y para que pueda salir en libertad, tiene que pagar una fianza. Los personajes solicitan colaboración al público para sacarlo de la cárcel.


Los recién casados

Ya con el dinero, piden al policía que libere al novio, pero este no va. Don Melquíades se molesta por la negligencia del oficial, lo embiste con su paraguas y lo obliga a traerlo.

Escena 4. Llega el novio, quien apenas ve a la novia huye, se muestra renuente a casarse, pues asegura que la prometida espera un hijo, pero no de él.

Escena 5. Amenazado por don Melquíades, no le queda más que unirse en matrimonio, mientras el padre Agapito –ya pasadillo de tragos– emprende el ritual muy a su estilo. Luego todos brindan a pico de botella con Cacique.

La pachanga comienza y don Melquíades baila picaron con la consuegra, a la cual procura alzarle la falda, pero doña Tula lo atisba a tiempo.


Don Melquíades muy picarón baila con la consuegra

Epílogo. El matrimonio campesino se consumó una vez más en la comunidad de Palmares, como parte de una linda tradición en honor al santo patrono, que tiene como fin recaudar fondos para la iglesia.

Precisamente, el cura párroco Ernesto Rivera (este sí es verdadero) informó que uno de los proyectos es la construcción del salón parroquial.

“Considero que logramos el objetivo. En cuanto a las actividades, todas se han dado de la mejor manera y hemos visto mucha colaboración de parte de los feligreses de la parroquia”, acotó el presbítero.

Del 18 al 22 de marzo se celebraron los festejos patronales en Palmares, en los cuales se llevó a cabo la serenata a San José, una misa de confirmación, un reinado con niñas vaqueritas, ricas comidas y, por supuesto, el peculiar matrimonio campesino.

 

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23 Marzo, 2009

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