Un mar de dudas, en torno al fallecimiento de don Orlando

Ciclista desaparecido.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

La ubicación del cuerpo sin vida de Orlando Gómez Gómez, el ciclista generaleño que participaba en una actividad recreativa el pasado domingo, no contribuye a despejar el misterio que rodeó su desaparición y, en el sentido inverso, genera un mar de dudas que deberán desentrañar las autoridades.

Su cuerpo fue localizado avanzada la tarde de ayer, viernes 28 de agosto de 2015, más bien de manera fortuita, a kilómetros de distancia de la ruta que se habían trazado los ciclistas para disfrutar la travesía entre el sector de Platanares, en el cantón agrícola de Pérez Zeledón, y Uvita, en el cantón costanero de Osa.

Encontraron su cuerpo de manera fortuita, fuera de la ruta de la ciclística.

Encontraron su cuerpo de manera fortuita, fuera de la ruta de la ciclística.

Sorprende su ubicación en un lugar de tan difícil acceso, después de un período de seis días de búsqueda, en que participaron amigos del fallecido, brigadas de socorristas, patrullas policiales e investigadores de la policía judicial, además de otros colaboradores que se sumaron a la causa.

Ha trascendido por medios informativos y las redes sociales que el cuerpo fue encontrado por dos hombres que caminaban casualmente por un río ubicado dentro de una finca de terrenos más o menos escabrosos, y recuperado tras un prolongado ritual de dolor y resignación, en la madrugada de hoy, sábado.

“Amigos nuestro temor se hizo realidad. Es muy duro para todos los que conocíamos a Orlando así como para tanta gente que ha estado pidiendo a Dios por nuestro amigo y se ha solidarizado con toda su familia en este trance tan difícil. De parte de nuestro grupo le pedimos a Dios que les brinde la sabiduría y fortaleza a todos sus familiares para aceptar esta triste noticia. Buen viaje Negro, siempre vamos a recordarte como la persona buena y noble que eras, estamos seguros que serás otro ángel que estará protegiendo a los ciclistas que acá quedamos”, decía un mensaje transmitido anoche por el grupo Ciclistas Pezeteños, tras la confirmación de la noticia.

Se confirmó la tragedia; los "ciclistas pezeteños" lo lloran.

Se confirmó la tragedia; los “ciclistas pezeteños” lo lloran.

Don Orlando Gómez Gómez era uno de los cientos de ciclistas generaleños que forman parte de una fraternidad de ciclistas conformada en Pérez Zeledón para practicar el deporte y el esparcimiento, a veces con competencias,  generalmente con actividades recreativas y siempre para ayudarle a alguna institución de bien social.

El domingo 23 de agosto partieron por una ruta agreste –típica de sus actividades- con el fin de llegar a la comunidad turística de Uvita, en el litoral pacífico. Pero, aunque algunos de sus compañeros lo vieron y conversaron con él en el camino, don Orlando no llegó a la meta.

Desde entonces se inició la angustiosa búsqueda que culminó poco después de las cinco de la tarde, cuando los hombres que caminaban por un río que desemboca en el sector de Bahía Ballena, comunicaron al 911 sobre el hallazgo de un cuerpo sin vida.

Oscurecía, cuando encendieron todas las alertas. Llevaba la camiseta de ciclista pezeteño. Era don Orlando, “Negro”, como le llamaban sus compañeros por el cariño que le tenían. Pero su cuerpo estaba lejos –se dice que a dos horas caminando- de la ruta prevista.

Desde el domingo, las márgenes de la ruta fueron peinadas palmo a palmo, pero estaba lejos.

Desde el domingo, las márgenes de la ruta fueron peinadas palmo a palmo, pero estaba lejos.

Estaba en junto a poza, en una finca llamada La Carolina, a donde habría descendido por un terreno abrupto. Los rescatistas no encontraron su bicicleta. Y ¿Cómo se explica que el deportista con muchos años de experiencia, haya transitado por un terreno de esa naturaleza, en un prolongado descenso solitario, sin percibir que se encontraba extraviado? ¿Por qué sin vida?

Orlando Gómez Gómez, de 56 años de edad, era trabajador de un taller ubicado en el distrito Daniel Flores y padre de un muchacho y una muchacha, ambos adultos. Su fallecimiento –de la manera en que lo expresan sus compañeros- deja un vacío por el que siembre lo van a seguir recordando, estos tradicionalmente alegres ciclistas –hombres y mujeres, de todas las edades- que semana a semana han cantado loas a la vida y la naturaleza.

 

Créditos: Imágenes por cortesía de Osa Informativo y Ciclistas Pezeteños.


29 agosto, 2015

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