Un día en la vida de un ‘chinamero’

Imagen: Un día en la vida de un ‘chinamero’

Gerardo González Carvajal, 34 años de edad, vecino de Pavones de Pérez Zeledón

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net



Gerardo tiene desde hace 10 años su chinamo

Son las 6:00 a.m. Gerardo se despierta como de costumbre, le reza al Todopoderoso, y se dispone a emprender un nuevo día.

Desayuna gallo pinto con natilla, degusta el cafecito con leche y se despide de su esposa y sus dos hijos. Sube sus tiliches – como los llama él – a su microbús color vino y sintoniza su emisora Faro del Caribe. Durante el trayecto extiende su mano en señal de saludo a varios conocidos.

En cuestión de minutos ha dejado su barrio Pavones, y la ciudad de San Isidro de El General lo recibe.

En la calle que va hacia el hospital, frente a Megasúper, estaciona su vehículo, y abre las puertas de su chinamo, ya son las 7:00 a.m.

Gerardo respira profundo, se siente bien, listo para iniciar la jornada. Le habla a la gente, busca atraer a los clientes. Se sumerge en el trajín diario y ve pasar la mañana.

“Vieras que cuando hay movimiento de venta a uno se le pasa rápido el día, pero cuando no, lo que hago es ponerme a leer el periódico La Teja”, narró.

Su chinamo contiene un universo de tiliches. Desde llaveros, cortaúñas, hasta zapatos nicaragüenses, cargadores de teléfono, control remoto para televisores, DVD, y equipos de sonido se encuentran ahí.

Son las 12 del mediodía, hora de almorzar para Gerardo, quien saborea lentamente su plato del día: arroz, frijoles, picadillo de papa y su fresquito de Tang.

Gerardo dice que su mercadería es de muy buena calidad, y hasta más barata que la que se vende en las tiendas. “En otros locales pagan alquiler, luz, empleados, seguro social, por lo que se incrementan los costos de los productos. Los zapatos que en un local comercial cuestan ¢18.000 yo los vendo en mi chinamo en ¢10.000”, explicó.

Este chinamero se lleva bien con sus clientes, cuenta con su patente al día, y no tiene problemas con la Municipalidad.

Son las 3:00 p.m. momento propicio para sacar el termo y tomarse un cafecito. A esta hora se acercan pocos compradores.

El proyecto que más le gustaría cumplir en su vida, es heredar un buen ejemplo a sus hijos; poder guiarlos en el camino de Dios, que concluyan sus estudios y se conviertan en profesionales.

Son las 4:30 p.m. Gerardo recoge la mercadería y procede a cerrar el chinamo. Regresa a su casa y medita en el trayecto mientras escucha Faro del Caribe. Se preocupa vehemente por el alto costo de la vida, la elevada en el precio de la gasolina, el estudio de sus hijos que resulta oneroso, entre otras cosas.

Sin embargo, hay una fuerza superior que le inyecta la fuerza necesaria para seguir luchando: Dios, quien lo sacó de las garras del alcohol. Ahora el único vicio que mantiene es la rica comida que le prepara su esposa.

Son las 6:00 p.m. Gerardo ve las noticias, uno de los pocos espacios televisivos que le interesa, así como los de corte cristiano.

“Siempre hay algo que hacer en la casa, algo que reparar o despedazar. Pero lo más importante es que esos ratos me encanta pasarlos con mi familia, la cual es mi sostén y razón de vida”, expresó.

Son las 8:30 p.m. hora de dormir, pues mañana será otro día y este chinamero tiene que levantarse temprano para ir a trabajar.


21 Agosto, 2008

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