Un campesino que trabajó como topógrafo en la Interamericana Sur

Xinia Zúñiga J.

Don Hermes Vargas Jiménez, conocido como “Memo”, hoy tiene
81 años, vive en Avenida González en San Isidro de El General
y su pasatiempo es cuidar a sus canarios, pero en 1967 fue una de las piezas
más importantes en la construcción de la Carretera Interamericana
Sur, en donde laboró arduamente durante siete años.

Cuenta que inició con la Compañía Norteamericana llamada
BTA, desde Cañón (viniendo de Cartago hacia Pérez Zeledón)
hasta San Isidro de El General, de aquí hasta Pacuar, luego a Brujo y
de Palmar Sur a Río Claro; primero como peón y luego como encargado
de las cuadrillas, realizando labores de topografía, pese a no haber
estudiado esta profesión, sólo con los conocimientos adquiridos
en el campo.“Cuando empecé con la BTA ganaba un colón con sesenta céntimos
la hora y terminé ganando cinco colones. Trabajábamos desde las
seis de la mañana hasta las once de la noche y cuando menos se laboraba
era hasta las seis de la tarde”, recuerda don Meno, quien enfrenta problemas
de salud, pero no escapa ningún detalle de aquella gran obra que trajo
mucho progreso a la Zona Sur.

En una mecedora, mientras los canarios alegraban la tarde con sus cantos,
Vargas Jiménez relató a este medio, que su labor en la Interamericana
se inició con la sub base –riego de piedra tomando los niveles-,
luego se hicieron los drenajes, colocaron las alcantarillas y por último,
el asfalto.

“Empezamos el asfalto en el kilómetro 61 y me nombraron encargado
de la nivelación del asfalto. Llegamos a San Isidro, nos detuvimos un
poco y luego seguimos hasta Pacuar, Cajón, Convento y nos fuimos hasta
Peje de Volcán en Buenos Aires. Después continuamos de Palmar
Sur hasta Río Claro. Este último trayecto lo hizo una compañía
hondureña llamada La Morazán. Por cierto, fue un trabajo muy mal
hecho, porque el jefe permitía cualquier tipo de trabajo”, manifestó
don Hermes.

Recuerda que tuvo varios jefes, pero lo impresionante fue que siendo un campesino,
realizaba trabajos que requerían de conocimientos en topografía
y asegura que nunca le rechazaron ningún trabajo. Don Hermes llegó
a tener 70 peones a su cargo.

“Comenzamos a colocar niveles en Cañón. Me correspondió
trabajar haciendo niveles en diferentes partes, por dicha que me quedaban muy
bien”, comentó, mientras recordaba que en la construcción
de esta carretera hubo hasta 225 empleados en la Zona Sur.

Al finalizar su labor en la Carretera Interamericana Sur, a Memo se le otorgó
un premio, el cual consistía en quinientos colones por haber prestado
un buen servicio; además, le dieron una carta de recomendación
y algunas herramientas.

Lo llamaron de La Costanera, para que siguiera prestando sus servicios, pero
afirma que prefirió rechazar la oferta y dedicarse a su finquita y por
supuesto, a su familia.

Dificultades

Consultado sobre las dificultades que se encontraron durante la construcción
de la Carretera Interamericana Sur, dijo que cuando se abrió esta carretera
había que ampliarla y tenía muchos tajos; además, hubo
problemas con algunos funcionarios, los cuales no quiso detallar.

Asimismo, resalta las dificultades que hubo para trabajar en el trayecto del
Cerro de La Muerte, el más difícil sin duda alguna, porque según
recuerda, sólo se ponían una capa corriente y botas de hule. “Apenas
es que uno cuenta lo ocurrido, porque cuando había que quedarse hasta
las once de la noche, sentíamos que nos moríamos del frío”,
añadió.

Anécdota

Al preguntarle sobre alguna anécdota que recuerde, se apresuró
a decir que un derrumbe que presenció en el Cerro de La Muerte, el cual
calificó como impresionante, porque pudo ver como cayó la tierra
de golpe, lo que nunca imaginó.

“Eso fue como a las ocho de la mañana y hubo paso como hasta las
diez de la noche. Fue algo muy rápido y me impresionó muchísimo
al ver como todo aquel montón de tierra se vino de golpe y en un instante”,
expresó.

Otro de los recuerdos inolvidables fue cuando se empezó a formar un
sindicato con 200 trabajadores, el representante era Amando Elizondo, pero Meno
se opuso pues consideraba que la compañía les pagaba bien y además,
les daba el transporte, la capa y las botas. “Les dije que no había
que ser mal agradecidos, pero la mayoría no hizo caso y al otro día,
todos los que habían firmado un documento fueron despedidos, sólo
quedaron 25 empleados. Me dijeron que consiguiera más trabajadores y
al poco tiempo se llenó la planilla”, agregó.

Familia

Este pionero de San Isidro de El General, llegó procedente de Nicoya,
Guanacaste en 1956 y según cuenta, el lugar lucía muy despoblado
y aunque no participó en la Guerra Civil de 1948, un coronel lo había
entrenado.

Para ese entonces tenía tres hijos de los catorce que procreó
con doña María Josefa Rojas Vásquez. Llegaron a vivir a
Quizarrá, pero cuando laboró en la Interamericana Sur alquilaba
una vivienda en San Isidro y la compañía los transportaba en autobús
o en cazadora, como se le decía antes.

¿Cómo era San Isidro?

Al consultarle a don Hermes cómo era San Isidro durante la construcción
de la Carretera Interamericana, se acomoda un poco en la mecedora y expresó
que sólo habían cuatro negocios: un hotel de la familia Fallas,
El Kentucky que era un restaurante de doña Hilda Cruz, El Orión
y una bodega de granos básicos, ubicada en la Y Griega.

“La construcción de la Interamericana le dio un realce increíble
a la Zona Sur. Imagínese que antes de que eso ocurriera sólo había
un camino de lastre y una línea de cazadora (autobús), propiedad
de don Tino Moya, brindaba el servicio a San José, el cual tardaba siete
horas y el pasaje costaba diez colones. En esa época el jornal valía
cinco colones, es decir, había que trabajar dos medio días para
poder ir a la capital”, recordó.

Por último, don Hermes Vargas Jiménez indicó que algunos
de los generaleños que trabajaron en la construcción de la Carretera
Interamericana Sur fueron: Carlos Céspedes, Florencio Navarro, Abel Rojas,
Guillermo Blanco y Jorge Jiménez. “Han muerto varios compañeros,
pero todavía quedamos algunos viejitos”, finalizó Memo,
con su característica sonrisa y en su mecedora, a la par de sus inseparables
canarios.


21 Diciembre, 2004

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