Un bólido generaleño pone y quita récords en La Guácima

Un automovil generaleño que rompe récords.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

A
unque la inversión, en un automóvil dedicado exclusivamente a la aceleración, es alta e irrecuperable, todo esfuerzo se ve compensado cuando –con un trueno ensordecedor- el pequeño vehículo de apariencia simple intenta levantarse de la tierra, como si la autopista le fuera insuficiente y arcaica.

Gilberto y el carrito que alza a 240 km por hora en 380 metros.

Gilberto y el carrito que alza a 240 km por hora en 380 metros.

La pista es, de hecho, insuficiente y arcaica. Para detener a este bólido generaleño se necesitan dos paracaídas; y para evitar que se levente en dos llantas e intente remontar el cielo se requiere de rodines; tales son las características que ha logrado darle su dueño, Gilberto Vargas León, a su automóvil con carrocería de Datsun 1200 y motor de D-21 (2400 cc).

Es una joyita que, cuando no está en la pista- descansa en el taller Countach, en Villa Ligia, un barrio del distrito Daniel Flores de Pérez Zeledón. Con el carrito, Gilberto ha ganado innumerables trofeos, como un campeonato recientemente celebrado en Panamá, o como el récord alcanzado el lunes de la presente semana -23 de diciembre de 2013- en La Guácima, Alajuela.

El equipo infaltable y por supuesto, Gilberto (camisa azul) y Pablo (de cuclillas).

El equipo infaltable y por supuesto, Gilberto (camisa azul) y Pablo (de cuclillas).

Este coupé “Countach” saltó a grandes titulares, ratificando su condición de campeón nacional de aceleración, al alcanzar la velocidad de 240 kilómetros por hora en 380 metros. Hizo los 400 metros en 8.4 segundos.

Pablo, hijo de Gilberto, explica que es un automóvil que no puede desplazarse, como otros, por las carreteras. Fue modificado especialmente, para competencias de un cuarto de milla. La posibilidad de verlo apoderarse del entorno está limitada a los días de competencia, en La Guácima y La Marina de San Carlos y Panamá.

Las modificaciones, para aumentar su potencia, no son pocas. En el transcurso de los siete años en que este Datsun 1200 ha estado destinado a la aceleración, su dueño ha invertido 22.5 millones de colones.

Se necesitan rodines, para que no vuele y paracaídas para detenerlo.

Se necesitan rodines, para que no vuele y paracaídas para detenerlo.

En Costa Rica, La Guácima y La Marina son las dos únicas pistas en que se permite la aceleración. Con anterioridad también hubo competencias de este tipo en Guápiles, pero Seguridad Pública cerró la pista por una situación legal del dueño de la pista, y el aeropuerto de San Isidro de El General, también cerrado a este tipo de competencias por la Dirección General de Aviación Civil.

Gilberto Vargas, dueño del taller y el carro, se involucró en la aceleración desde hace 25 años y en su casa atesora alrededor de 60 trofeos, lo “único” que se recibe usualmente como premio –salvo la explosión de adrenalina y las contadísimas veces en que hay reconocimientos en dinero en efectivo- por un deporte exclusivo y, más que promovido, restringido por la propia índole de sus características.

Es un deporte, sin embargo, que apasiona e involucra a todos los que se encuentren cerca. Si no, que lo diga Pablo –hijo del velocista- que asiste a Gilberto a donde quiera que vaya, como miembro de todo un equipo de apoyo en que participan el mecánico Erick Hernández (Murruco), los colaboradores, los amigos, los parientes.

CRÉDITOS: Fotos de muro en Facebook “Coupe Countach”.


28 diciembre, 2013

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