Turismo rural bajo análisis académico

Un rato ameno con el Grupo de Cuerdas de la UNA, Sede Región Brunca, durante la inauguración del Seminario Turismo Rural. En la mesa, Geovanny Jiménez, decano de la sede, Carlos Morera, vicerrector de investigaciones de la UNA y Melvin Bermúdez, coordinador del seminario.

Carlos Monge B.
prensa@perezzeledon.net

Con frecuencia, es posible encontrar que junto a una carretera surge un restorán que, por la cantidad de vehículos que se detienen y de gente que está comiendo, lleva a pensar que su dueño está haciendo plata.

Pero algún tiempo después, se observa que cerca del primer restorán construyeron uno, o dos o tres más que, a juzgar por la cantidad de vehículos que hay en cada uno de ellos, hace presumir que se están distribuyendo los clientes y, en consecuencia, la ganancia. Ahora, posiblemente, ninguno tenga éxito o, por lo menos, ninguno tenga la ganancia que tuvo el primero.

Es la consecuencia de un desarrollo “empírico” y desordenado. El individuo, de cualquier especie, es posible que crezca y se desarrolle confortablemente y sin limitaciones, pero cuando son dos o más, y sobre todo cuando son muchos, generan la necesidad de analizar las oportunidades y establecer limitaciones de cada uno de ellos, para su supervivencia de todos.

Lo mismo en los animales que en las plantas. Llámense ratas (como en la isla de El Coco), chanchos de monte (como en los orígenes del Valle de El General) o jaurías (durante la colonización de los Estados Unidos) cuando crecen sin control convierten en plagas.

Igual ocurre con los seres humanos; igual con el turismo rural, en cualquiera de sus variantes. Los orígenes “empíricos” del turismo rural, fueron sencillos: el dueño de una hacienda, de cafetal o viñedo, transformó la casona, remodeló las habitaciones, construyó más baños, hizo de la sala un restorán e invitó a la gente a que llegara a conocer su finca, a pasar la noche, a disfrutar alimentos con buen vino y mejor café y, por supuesto, a que pagaran por el servicio.

Pero, así como se observa en carretera, con el notorio fenómeno de los restoranes, el turismo rural comenzó a multiplicarse en todas las direcciones y con todas las consecuencias que ello trae: competencia, eficacia/ineficacia y seguramente daños al medio ambiente.

El aprovechamiento del turismo rural es algo fácil de entender. La producción agrícola, con todo y que es de lo poco (sin transgénicos y con agroquímicos dosificados)  que todavía se puede comer, ha ido perdiendo importancia en la economía global. En los países desarrollados, los gobiernos dan incentivos a los productores y los resguardan con medidas proteccionistas; en los otros países, que son casi todos, la agricultura es cada vez menos rentable y más marginada en los programas gubernamentales.

De ahí la buena idea de mostrar los cultivos a los turistas que llegan de las ciudades, alquilarles un cuarto y venderles el desayuno. Es una práctica que se ha venido desarrollando prácticamente en todo el mundo y que en Latinoamérica se ha convertido en rubro importante de la economía.

Cada vez hay más gente –micro y pequeños empresarios- que se dedica al turismo rural. Pero ¿Se están haciendo bien las cosas? ¿No se está saturando el mercado? ¿Se está dando la atención adecuada al turista y, el turista, está correspondiendo a los esfuerzos ecológicos (asociados al turismo rural) de sus anfitriones? ¿Se están utilizando los conocimientos adquiridos en esa materia para que se beneficien muchos? ¿Se está sacando provecho a la tecnología de las comunicaciones?

En la fuerte competencia, el conocimiento es la un pilar del éxito y a estas alturas, el turismo rural demanda un análisis a profundidad; con rigor académico. De allí que, por iniciativa de la Universidad Nacional, Sede Región Brunca, haya académicos y empresarios de diversos países europeos y latinoamericanos y estudiantes de turismo del escalafón universitario, concentrados en San Isidro de El General, analizando lo relacionado con el turismo rural.

Esta faceta del turismo se presenta como una solución amable a las necesidades de las gentes que viven en las áreas rurales; hasta parece fácil. Pero hay que analizarlo en detalle, porque parece que los resultados que se han alcanzado con su beneficio no son lo que se quisiera.

Geovanny Jiménez, decano de la Sede Regional Brunca, destacaba hoy lunes (26 de noviembre de 2012) durante la inauguración del Seminario “Turismo Rural: Una estrategia de desarrollo para América Latina” que en el turismo rural no ha resultado ser una panacea, si se toman en cuenta los índices de desarrollo social, de pobreza y de desigualdad que ubican a la Región Brunca como la más marginal del país. Alertó sobre la necesidad de planificar en el terreno, observar los factores de riesgo y impactos negativos de un desarrollo desordenado.

El seminario se prolongará durante dos días más. Mañana martes será posible escuchar las disertaciones de Klaus Ehrich, de la Federación Europea de Turismo Rural, de Juan Carlos Monterrubio, de la UAEM-México; de Damaris Arrieta Molina, del Instituto Costarricense de Turismo y de Yendry Suárez, de Asoprola. Todas las exposiciones de mañana tendrán como eje temático el “Desarrollo local: Impacto y riesgo del desarrollo del turismo rural”.
 


26 Noviembre, 2012

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