Todos los diablos están listos para la fiesta de Rey Curré

En el tercer día, los diablitos encuentran al toro, lo destazan y se beben la sangre.

Uriel Rojas/Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

Toda vez que fue superado el trauma por el anunciado fin del mundo, como se tenía previsto para el 21 de diciembre de 2012, ya todos los diablos –díganse los diablos mayores, el toro y los diablitos- se encuentran listos para recibirlo durante las fiestas que se celebrarán a partir de la media noche del 31 de enero de 2013.

Son tres días para pasarla a cachete lleno, con tiempo apenas para bailar en las noches del primero, dos y tres de febrero, ya con Proyecto Disco Móvil, ya con el Grupo Nákar o con Discomóvil 2084.  Ya cuajó el maíz para la chicha, que deberá estar espumeando tres días antes del inicio de las festividades; y fueron escogidos y sentenciados los chanchos de la tamalera.

El Baile de los Diablitos se celebra anualmente en Boruca, a partir de la media noche del 31 de diciembre y en Rey Curré  a partir de la media noche del 31 de enero. Se inicia con el nacimiento de los diablitos y durante los días posteriores se desarrollan persecutorias, para culminar con la muerte del toro, que simboliza al usurpador español. Ambas comunidades están en el cantón de Buenos Aires.

La fiesta tiene algo drama histórico y mucho del esfuerzo de las comunidades indígenas por mantener vigentes su folklor, con sus tradiciones, costumbres, creencias y lenguas.

Hay diablos y diablitos. Entre los mayores están el jefe y los ayudantes, que son los que dirigen la danza; entre los menores hay diablitos y diablitas; todos vestidos con batas de gangoche y con sus rostros cubiertos con máscaras, confeccionadas a la mejor imaginación y buena habilidad de quienes las visten.

Es motivo de fiesta y, al mismo tiempo, de reflexión sobre la evolución que ha tenido un continente donde antes no había fronteras. Los personajes –diablos, diablitos y toro- son acompañados por músicos con flauta, guitarra, tambor, violín y acordeón.

Después de tres días de búsqueda, los diablitos encuentran al toro, al cual descuartizan para vender o regalar los pedazos (simbólicamente) a los asistentes. Ahora sí, diablos, diablitos y diablitas (que han estado abstemios durante la celebración, por reglamento y protocolo) pueden quemar los restos del toro en una fogata y beberse “la sangre” cuya espuma, para entonces –más efervescente que la cidra- está que dispara los tapones de las jícaras.
 


8 Enero, 2013

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