Todas las miradas se dirigen al Cerro de la Muerte

Vuelta Ciclística Pérez Zeledón.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

El Cerro de la Muerte, florido,  diáfano y fresco, por estos días iniciales de la temporada veraniega, será el escenario donde se habrá de definir el ganador de la quincuagésima primera Vuelta Ciclística a Costa Rica.

Así como entraron de ajustados ayer, se esperan los resultados de la etapa de hoy.

Así como entraron de ajustados ayer, se esperan los resultados de la etapa de hoy.

Cosas de lógica; no así de las realidades que se van a vivir a partir de las 9:25 de la mañana de hoy, jueves 24 de diciembre de 2015, durante el recorrido de la décima y penúltima etapa, de 122 kilómetros, entre San Isidro de El General y Paraíso de Cartago: Juan Carlos Rojas, líder general de la Vuelta, se encuentra a apenas tres segundos, en relación con Román Villalobos, su más cercano seguidor. Y los persigue, con dos minutos y algunos segundos, Josué González.

Así viven los aficionados al ciclismo la Vuelta Ciclística, cuya novena etapa culminó ayer con un espectacular pique de cuatro corredores, al cabo de un recorrido de 126,8 kilómetros, entre San José y San Isidro. Llegaron casi juntos, en su orden, César Rojas (hermano de Juan Carlos), Román Villalobos, Josué González y el propio Juan Carlos Rojas.

Las responsabilidades de la organización parecen terminarse en la meta.

Las responsabilidades de la organización parecen terminarse en la meta.

La comunidad ciclística de Pérez Zeledón sigue viviendo con intensidad la Vuelta Ciclística a Costa Rica, pero no de la manera en que ocurría en décadas anteriores, cuando los pobladores de las comunidades montañosas les tendían flores en la carretera y los de la ciudad acudían masivamente a aplaudirles.

En el costado sur del parque y la catedral de San Isidro, unos centenares de personas detrás de las vallas y un típico vacío de los organizadores: no reservan rampas ni levantan tarimas para los fotógrafos, periodistas, locutores, cronistas y comentaristas que acompañan o esperan a los ciclistas, ni toman medidas de precaución detrás de la meta.

La gente se aglomera después de la  demarcación y no se cierran las vías en la esquina sureste de la catedral, con el consecuente peligro de accidente para los vehículos de la caravana, los ciclistas, los espectadores y los vehículos que se atraviesan intempestivamente.

Ayer, una bicicleta le hizo viento a una señora; el año pasado, un ciclista se vio a palitos, con un fotógrafo que acató a cambiar de ángulo en el último momento; el antepasado, un pleitillo porque la policía no quiso cerrar las vías cuando comenzaban a aparecer los primeros ciclistas. Sin consecuencias graves (todavía).

Un ciclista encarrerado, un transeúnte descuidado... Todavía no ha ocurrido nada grave.

Un ciclista encarrerado, un transeúnte descuidado… Todavía no ha ocurrido nada grave.

Y aunque la Vuelta Ciclística ha perdido el atractivo de años anteriores, Pérez Zeledón sigue siendo para ciclistas y acompañantes uno de los destinos más importantes e, inclusive, más ordenados. De hecho, a una etapa como la de hoy, entre San Isidro y Paraíso, se le llama “la etapa reina”, por desafiante y definitoria.

Sin más atractivos festivos que la llegada de los ciclistas y la ceremonia de premiación (al margen de los muchachos que se sienten autorizados para jugar jupas y hacer series en la entrada a la meta, durante el tiempo de espera), ayer el punto alegre lo puso el Cuerpo de Bomberos de Costa Rica, a quien fue dedicada la Quincuagésima Primera Vuelta a Costa Rica.

Nadie es insensible ante la majestad de las bombas y nadie se guarda un aplauso cuando el carro de los bomberos, con un enorme bombero de maniquí, simpático y sonriente, entra a la ciudad de San Isidro por la ruta de los competidores, entre el siempre emotivo ulular de las sirenas.


24 Diciembre, 2015

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