Si Pérez Zeledón tiene un hijo predilecto, ese es el historiador Claudio Barrantes

Claudio Barrantes Cartín posa junto a su recién develada fotografía que lo reconoce como un ilustre ciudadano de Pérez Zeledón.

Carlos Luis Monge Barrantes
prensa@perezzeledon.net

Si hay alguien por el que los habitantes de Pérez Zeledón conocen su historia desde sus primeros primeras horas, y aún desde sus años precedentes; si hay alguien por el que los generaleños tienen una identidad arraigada; si hay alguien que ha proyectado a su cantón por donde quiera que anda, es Claudio Cartín Barrantes.

Si hay alguien que ha acudido presuroso a brindarles ayuda a los trabajadores de la historia; si Pérez Zeledón ha tenido un hijo a quién brindarle un reconocimiento, ese es Claudio y, por eso, su declaratoria de Hijo Predilecto del cantón de Pérez Zeledón, es recibida con beneplácito.

El Concejo le confirió el más alto honor que una Municipalidad otorga a una persona en vida, en sesión extraordinaria celebrada el 14 de junio y le otorgó el reconocimiento, en sesión solemne celebrada con motivo de la conmemoración del LXXXI Aniversario del Cantón de Pérez Zeledón, el pasado martes 9 de octubre.

Jubilado, “como escondido, sin vida social” en su casa de Golfito, Barrantes se manifestó agradecido con la Municipalidad por el alto reconocimiento, aunque afirma que cuando le dieron la noticia tuvo una rara sensación porque “…eso se estila en gente que ha muerto”.

Barrantes nació en San Isidro de El General, Pérez Zeledón, el 19 de setiembre de 1947 y sus padres fueron Claudio Barrantes Elizondo y Odalía Cartín Alvarado.  Desciende de Joaquín Barrantes Retana y Angélica Elizondo Chinchilla, abuelos también del arzobispo de San José, monseñor Hugo Barrantes Ureña.

Ha contraído matrimonio tres veces y es padre de cuatro “niñas” y un “niño”.  Barrantes reseña que hubiera preferido Antropología, pero tuvo que limitar sus estudios a Historia; y ya trabajaba en la Universidad de Costa Rica, en la Ciudad Universitaria, cuando le asignaron la administración del Recinto de Golfito, en 1987, donde trabajó hasta su jubilación.

El Proyecto Golfito fue herencia de la Compañía Bananera, que cedió las instalaciones a la Universidad de Kansas y ésta a la de Costa Rica.

En Golfito, los acontecimientos lo involucraron como hombre de empuje y liderazgo. Ante la crisis en que se encontraba la comunidad golfiteña, tras la salida de la Compañía Bananera, Barrantes fue llamado para que ocupara puestos determinantes. Fue presidente municipal, presidente de la Asociación de Desarrollo Comunal de Golfito y vicepresidente de la Federación de Uniones Cantonales de la Zona Sur.

En sus esfuerzos por mitigar la pobreza de sus nuevos vecinos, su trabajo fue determinante para evitar el cierre del Depósito Libre de Golfito.

Pero su intensa actividad no lo obstaculizó para que profundizara en la historia de Pérez Zeledón y de todo lo que hoy es la Región Brunca. Si alguien quiere documentar la historia, ahí está “50 años de la Diócesis de San Isidro de El General”. Si alguien quiere respaldar la historia de la zona sur, ahí están “El último Cacique de Talamanca” y otro libro que está en planchas: “Crónicas del Golfo Dulce”, cuya publicación se prevé para principios del año entrante.

O deberá recurrir a las decenas de documentos –fragmentos de la historia, personajes, árboles genealógicos, que ha trabajado y escrito a lo largo de décadas.

Modesto, como si le hubieran otorgado un reconocimiento que “se estila en gente que ha muerto”, Claudio Barrantes Cartín se muestra agradecido, pero en su familia ha habido una explosión de gozo, porque conocen de su trayectoria y sus esfuerzos.


12 Octubre, 2012

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