Si necesita ayuda del IMAS, métase a la fila… si quiere

Esperar a la sombra, cuando hay, y mantener la esperanza de que calificarán para recibir una ayuda.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

No todo es poesía, para la temporada estival. Con el sol que calcina durante el día, el frío viento de la madrugada y el repugnante olor de la laguna, cientos de personas han tenido que permanecer a la intemperie cuidando el campo para que los atiendan en el Instituto Mixto de Ayuda Social, sede de San Isidro de El General.

La cantidad de personas es sorprendente; las necesidades económicas son incalculables;  decenas, si no cientos de personas amanecieron en la fila o en las aceras, sólo para llenar las fórmulas de solicitud de asistencia estatal por alimentos, becas estudiantiles, ayudas para pagar alquileres…

Diversos vecinos del barrio Las Américas se manifestaron preocupados por las necesidades que está pasando la gente y sorprendidos por la atención que se les está dando. “Publíquelo, dígale a doña Laura lo que está pasando”, comentaba una educadora pensionada, en tanto que Héctor Fallas, presidente de la Cámara de Comercio, reprochaba que en el IMAS hubiesen convocado, para atenderlos en la misma fecha, a los vecinos de diversos distritos simultáneamente.

Frente a la manifestación social que se ha estado dando desde ayer martes 29 de enero, en que la gente comenzó a llegar para garantizarse que hoy la iban a atender y durante el transcurso hoy miércoles, nadie, fuera de la institución, se cuestionaba si las personas que acuden a pedir ayuda tienen necesidades verdaderas o lo hacen por deformación cultural. Ahí están; y necesitan.

Imposible solicitar explicaciones de la “contraparte” institucional, sobre la falta de previsión para atender la avalancha; es difícil, inclusive, ingresar a la casa de clase media baja “remodelada” para que sirviera de sede regional a una institución pública.

La sala partida por la mitad con un mostrador y una puertezuela, sirve a la vez de oficina de recepción y sala de espera. Adentro incómodamente caben diez; afuera la fila supera los quinientos y nadie quiere extender por un minuto más la agonía cediendo espacio para entrevistas.

La pobreza, la pobreza extrema y las necesidades de la clase media baja, donde también se necesita apoyo para que niños y jóvenes puedan estudiar, es un mal entronizado que difícilmente se puede apreciar en una ciudad de San Isidro engañosamente cosmética, aunque sí lo demuestran las estadísticas, que ubican a Pérez Zeledón en la región costarricense más perjudicada por la pobreza.
 


30 enero, 2013

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