Ser o no ser ‘fresa’ en el Unesco, un conflicto pertinaz

Imagen: Ser o no ser ‘fresa’ en el Unesco, un conflicto pertinaz

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net


Juan Diego Jara
Periodista

Jamás pensé que ahondaría en un tema intrínsecamente reservado para mí, minúsculo y sin importancia. Sin embargo, navegando en la Internet, observé algo que me hizo volver a mi adolescencia cuando era estudiante del Liceo Unesco y refutaba a los ‘fresas’.

Me llamó poderosamente la atención ver cómo en YouTube alguien con el seudónimo de “frozen” realizó un montaje cuyas imágenes mostraban a jóvenes -posiblemente ‘fresas’ o ‘pipis’ del Unesco– disfrutando gratos momentos, mientras una locución distorsionada ametrallaba su existencia con frases obscenas y pasadas de tono.Quizás haya sido un estudiante el autor de este contenido profusamente grotesco y hostil -no lo puedo asegurar- pero sí les puedo decir que avivó mi interés por escribir sobre el tema.

Y ¿por qué? Ojo con esto, no porque comparta la maniática acción de “frozen” de lacerar a otras personas, lo cual considero cobarde, vil y enfermizo, sino porque el asunto se las trae, revela una crítica y muestra una realidad más arcaica que el mismo colegio: los ‘fresas’ o ‘pipis’ del Unesco siempre han existido y existirán.

Además, supe que este muchacho “frozen” hizo un montaje similar con los alumnos del Colegio La Asunción, lo cual francamente recrimino pues ‘la voló’ demostrando su aberrante crisis de personalidad.

Es común que este fenómeno suceda en la mayoría de centros educativos del país y en todo el mundo. Sin embargo, me motivó a tocar una arista jocosa con respecto al tema.

1995-1999. Arropo recuerdos que me transportan al Liceo Unesco donde no fui fresa, pero medito, pienso y ratifico que la exclusión del círculo no es más que el aislamiento mismo del individuo, quien por sus complejos, inseguridad y otros conflictos emocionales lacera su personalidad.

Y repito: no fui fresa y no lo anhelé. Tampoco pedí inclusión a las ‘galladitas’ de otrora, ni palco en la Soda de Melo, o cupo en la “Beverly”, “Melrose” o “Rohrmoser” ¡ja!

No obstante, sí aclaro que refuté su actitud pedante, superflua e indiferente hacia quienes no eran del clan, y muchas veces reproché su burla insulsa hacia aquellos compañeros humildes y que venían de lejos. ¡Eso sí me molestó de los ‘fresas’ de mi época!

Por lo demás, lo que hicieran o dejaran de hacer no perturbó nunca mi sosegada estadía en el Liceo Unesco, aunque admito que casi expedí una contienda con uno de ellos.

Mi percepción podría ser colectiva, he conversado con otros ‘no fresas’ y comparten la verosímil hipótesis de que el ambiente en el Unesco resultaba agobiante. “Los fresas me caían mal” esa es la frase que de muchos solía escuchar.

Tal vez muchos que fueron ‘fresas’ leerán este artículo y probablemente no les gustará; sin embargo, con ello no busco confrontar a nadie ni escudriñar memorias del pasado, solo reflexionar al respecto y, relucir, que es curioso que en muchos colegios se dé esta marcada exclusión, aunque con mayor tenacidad en el Liceo Unesco.

Quiero mencionar a quienes intensificaron esfuerzos por integrarse a algún clan ‘fresa’ ¡vaya que la pulsearon!

Con esta retórica, atrapo otro recuerdo: el de los arrimados que recibían humillaciones, y pese a ello siempre estuvieron junto a la bonita, el de plata, el de ropa de marca, el de ojos azules y ‘aretico’.

Los ‘fresas’ contemporáneos dicen: “Los otros se aíslan solos”… buena respuesta, aunque aceptan que no saludan a quienes no son parte del club.

Fresa. Qué término más manoseado: fresa el hijo de mami y papi o fresa el que aparenta tener dinero; fresa el pobre pero con atributo físico o fresa el deportista, el fresa guindado… en fin, fresa posiblemente el popular.

No obstante, el error de todo este embrollo yace cuando se incurre en sentirse más que los demás y cuando se olvida que la esencia del ser humano está en aceptar que nadie es más ni menos que nadie; solamente todos somos diferentes.

El abolengo social, ni el carro de papi ni la ropa fina, traza la diferencia, pues al final de cuentas ¿Qué somos?


22 abril, 2008

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