Santiago Angulo, el cazador de Buena Vista

Imagen: Santiago Angulo, el cazador de Buena Vista

Su habilidad con los números le ha permitido ejercer importantes cargos en la comunidad

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net


Don Santiago junto a su esposa Berta Zúñiga

Los primos de Santiago Angulo atravesaron la espesura siguiendo un abra con la ilusión de encontrar el prodigioso Valle de El General, donde se rumoraba que la tierra era fértil, buena para el cultivo del maíz y los frijoles.

En la Cima de Copey de Dota no había porvenir, por lo que el padre de Santiago decidió emprender la aventura y fue así como se afincaron en Buena Vista de Rivas, con el respaldo de los primos.
Santiago tenía en ese entonces cinco años y recuerda cómo la escarcha del Cerro de la Muerte laceraba sus pies descalzos cuando su familia se abría camino entre la maleza. Setenta años después, lo encontramos en su casa de habitación, junto a su esposa, hijas y nietos en Buena Vista de Rivas.  Don

Santiago, muy atento nos recibió una soleada mañana de diciembre y departió sus memorias con fogoso brío.

En la sala, decenas de fotos de su estirpe adornan las paredes de la casita de zócalo, que muy pronto espera derribar para darle un techo mejor a su esposa.

“En esa foto aparece mi papá. Era un hombre trabajador. Me parece que fue ayer cuando llegamos acá y nuestros primos nos dieron tierra para empezar a labrar”, acotó.


Parte de la familia Angulo Zúñiga

Precisamente de eso se acuerda muy bien don Santiago, pues en aquel tiempo que arribaron a Buena Vista, era común la repartición de tierras.

“Los vecinos le daban a cada familia que llegaba treinta manzanas que se calculaban midiendo mil metros de fondo por trescientos de frente. En esa época no había egoísmo, solo armonía”, declaró.

Don Santiago comentó que el Gobierno exigía por cada treinta manzanas la corta de una buena cantidad de árboles.  Con ello el campesino se hacía acreedor de un denuncio (carta de posesión) que le permitía acceder a créditos.

Narró que de Buena a Vista a San Isidro se duraba cuatro horas a pie por medio de un trillo a orillas del río. La finalidad era traer productos como sal y jabón, que intercambiaban por hortalizas.

Buena Vista era puros ranchitos ocultos en la montaña, que se cimentaban con madera redonda y hojas secas de caña. No había iglesia en ese entonces y la escuela era otro predio similar. Con el tiempo se fueron forjando tales edificaciones en la comunidad, mediante el aporte de los vecinos, quienes cedieron terrenos.


Este cazador nos abrió las puertas de su hogar para conversar

Cuenta don Santiago que una vez un hombre subió a la loma más alta del pueblo y atisbó a decir ¡buena vista! A partir de ahí los vecinos bautizaron su terruño con ese nombre.

Don Santiago, aseveró que desde los nueve años comenzó a jornalear para ayudar a su familia,  ya que eran muy pobres.  Pero lo que más le gustaba hacer, después del trabajo, era bañarse en las pozas por las tardes y los domingos durante todo el día.

Cuando llegó a la adolescencia se aficionó por la cacería y con escopeta en mano se internaba en el bosque, al acecho de dantas, saínos, jaguares y tepezcuintles.

“Lo bonito de este deporte es que uno se divertía y llevaba carne a la casa. Lo mejor fue cuando maté a un jaguar. Yo era loco y me internaba solo en la montaña y gracias a Dios nunca me pasó nada”, dijo.

Sin embargo, a los 18 años, como muchos jóvenes, dejó la monteada por una práctica más dañina: el licor de contrabando. “Vieras que después de cada saca de guaro se hacían unos pleitos que hasta resultaba gente herida”, resaltó.


Don Santiago se considera un novelero de primera

Pero siendo muchachillo le gustaba también ir a San Isidro solo por ver una película en el cine. Es así como recuerda La Reina del Mambo, las de Tarzán y Cantinflas. Al principio se iba a pie y duraba cuatro horas, después compró un caballo y el recorrido lo hacía en tres horas.

Rabo amarillo. Don Santiago tenía quince años cuando lo mordió una serpiente rabo amarillo por regar frijoles descalzo en la finca de un pariente, dicho percance lo tuvo cuatro días en el hospital de San Isidro.

“Me salvé gracias a Dios porque en la escuela del pueblo me pusieron una inyección, lo cual me permitió llegar hasta el hospital”, expresó.

Vinieron tiempos mejores. Pese a que don Santiago vivió en la pobreza por mucho tiempo, la incursión en la ganadería le trajo un repunte económico y con los años llegó a tener hasta 20 reses.

Durante su vida, don Santiago ha sido muy activo, esto le ha permitido ejercer importantes cargos en la comunidad. Por ejemplo, en la Asociación de Desarrollo, Junta de Educación, Pastoral de la Iglesia y como administrador de la cañería por veintiún años.

Y como solo pudo sacar el cuarto grado, a los 45 años se propuso junto a su señora que obtendría el diploma y lo logró.

Asimismo, debido a su ímpetu formativo llevó varios cursos de ganadería, hortalizas y tesorería en el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA).

Amor a primera vista. A los 24 años don Santiago se casó con doña Berta Zúñiga. Se conocieron porque él tenía una pulpería y todos los días llevaba mercadería a los tíos de su amada.  Duraron seis meses de novios.

“Me costó mucho convencer a los viejitos acerca de mis buenas intenciones, porque vieras que bravos que eran.  Solo nos dejaban marcar de 6 p.m. a 8 p.m. y con una candela en la sala para estar vigilándonos”, relató.

Pese a ello y a escondidas se daban sus besos. Ya fuera en  los turnos o después de la misa mañanera, porque al mediodía tenía que dejar a la novia en la casa.

Ahora con cincuenta años de casados, once hijos y más de diez nietos, considera que posee una familia muy unida, la cual ha sido bendecida por Dios.

“Nunca hemos tenido un pleito, solo discusiones pasajeras. Mi esposa es una compañera inseparable a la que le debo mucho”, afirmó.

Casi a las doce del mediodía, tras desmenuzar idílicos recuerdos y habernos mostrado toda la galería fotográfica de la familia, don Santiago se despide de nosotros y en voz baja le dice a su esposa, sentados en un escaño en el corredor de la casa:  -Berta, ¿cómo quedarían las fotos que nos tomaron?


7 Enero, 2009

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