Rodrigo Mora, generaleño de pura cepa

Imagen: Rodrigo Mora, generaleño de pura cepa

Director fundador de la Escuela Pedro Pérez Zeledón

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net

En su oficina, cuando era director de la Escuela Pedro Pérez Zeledón

Rodrigo Mora Araya es portador de una interesante historia. Posiblemente porque fue el primero en todo y el más audaz en sus distintas experiencias de vida, por lo que ahora, a sus 72 años, se la tira rico y escribe sus memorias.

Este generaleño de cepa, como se autodefine, fue el primer director de la Escuela Pedro Pérez Zeledón siendo apenas un veinteañero. Formó parte de la primera generación de la Escuela 12 de Marzo; también de la primera generación del Liceo Unesco, del Instituto de Formación Profesional, y cuando se abrió aquí la sede Brunca de la  Universidad Nacional (UNA), fue el primero en graduarse como Licenciado en Administración Educativa.Así es que don Rodrigo posee la franquicia de ser primero en cualquier cosa y eso lo tiene muy orgulloso, máxime que desde chiquillo fue muy pobre y siempre tuvo que jugársela por sus propios medios.

Orígenes. Nuestro personaje nació en San Isidro de El General en 1939, es el décimo noveno hijo de una familia numerosa, “el cumiche”.  Sin embargo, solo conoció a seis hermanos, ya que los otros doce murieron antes de que él saliera del vientre materno.

Creció en un rancho pajizo, de piso de tierra, en medio de un cafetal. En una propiedad de 2.000 metros cuadrados que su padre Manuel le había comprado a su tío Celestino.

Don Rodrigo narró que aunque vivió en la pobreza nunca pasó hambre y taciturno recuerda que sus primeros zapatos se los puso cuando hizo su primera comunión, gracias a que un señor, amigo de la familia, se los dio fiados a su mamá.

Por 25 años ejerció la docencia en el cantón generaleño

“Yo nunca tuve más que el pedacito donde estaba la casa. Nunca tuvimos vaca, caballo, cabras… cuando mucho tuvimos cuatro o cinco gallinas. Me acuerdo que mi mamá me daba un huevo con caldo de frijol a la hora del almuerzo y muchas veces llegaba del colegio hambriento y la condenilla gallina todavía estaba pujando”, contó don Rodrigo.

Este ilustre caballero relató que cuando niño ambicionaba muchas cosas, sobre todo, sus zapatos pues iba a oír misa y su felicidad era quedarse viendo a la gente que entraba a la iglesia con su fino calzado, mientras él escondía sus piecillos descalzos.

En 1946 ingresó a primer grado en la Escuela Mixta de Ureña, de la cual salió en 1951. Pero en ese mismo tiempo se fundó la Escuela 12 de Marzo, y a medio curso, los pasaron para el nuevo centro educativo. De manera que don Rodrigo fue de la primera graduación de la 12 de Marzo.

Ya con el sexto grado aprobado, el pequeño Rodrigo no sabía qué hacer, pues en San Isidro no había colegio y solo las familias adineradas podían mandar a sus hijos a estudiar a la capital.

Por eso decidió ponerse a trabajar. Su hermano Modesto tenía una panadería y lo empleó para que fuera a distribuir el pan  a las pulperías del pueblo. Rodrigo usaba una  yegua que se llamaba La Mulinga para acarrearlo. Se iba hasta el abastecedor de Ricardo Cubero en La Palma y al de Talico Durán en El Rosario, bien temprano y regresaba pasado el mediodía.

“Vieras que pan francés más rico. Lo vendíamos a 24 bollitos por un colón. Siempre me venía con la mano en la bolsa previniendo que no se me perdiera la plata”, comentó.

Ese mismo año trabajó en las tiendas El Gallego, en la de Félix Barrantes y en el negocio de granos de Manolo Fernández.

En esas instalaciones donde funcionó la Escuela Mixta de Ureña, el Liceo Unesco, la Escuela Pedro Pérez, entre otros centros educativos, don Rodrigo asumió la dirección siendo apenas un veinteañero

Joven tremendo. Don Rodrigo aseveró que a pesar de que en la escuela era un alumno sumamente tímido, en el colegio se descarriló por completo. Se convirtió en un diablillo, era noviero y hasta  aprendió a fumar… los cigarrillos Piel Roja eran sus favoritos.

Es precisamente en 1953 cuando se abre el Liceo Unesco en San Isidro y Rodrigo adquiere ese cambio extrovertido de personalidad.

Sería por casualidad o porque Dios así lo quiso, que empezó a trabajar en la Escuela 12 de marzo como maestro a los 18 años de edad. “Estaba en mi casa cuando llegó el director Trino Arias y me propuso que trabajara en la escuela para cubrir una incapacidad por tres meses. Acepté el reto y me tocó dar clases a un tercer grado. La maestra se volvió a incapacitar por el resto del año. Al cierre del curso lectivo ella se pensionó y me dieron la plaza”, dijo Mora.

Mientras tanto Rodrigo se preparaba académicamente en el Instituto de Formación Profesional del Magisterio Nacional, en San José, donde se trasladaba los fines de semana y durante las vacaciones. En 1961 se graduó como profesor de Educación Primaria.

La docencia. Llevaba cinco años de laborar en la 12 de Marzo, cuando el director le propuso que se llevara a sus estudiantes para las viejas instalaciones (frente al parque) pues las actuales ya no daban a basto y fue ahí donde don Rodrigo se convirtió en director auxiliar y posteriormente en director fundador de la Escuela Pedro Pérez.

En la actualidad don Rodrigo vive tranquilo en su casa, con su señora, y se dedica a viajar por el mundo

 “Apenas empecé a dar clases en las antigua casona aumentó la matrícula. De pronto tuve de 400 niños inscritos, lo cual me dio la oportunidad de solicitar un código para que se estableciera la escuela. La Junta Escolar y mi persona consideramos oportuno bautizarla en honor a Pedro Pérez Zeledón”, expresó.

Don Rodrigo fue director durante 20 años de la Escuela Pedro Pérez Zeledón. Luego fue supervisor de escuelas en los circuitos 01 y 05 por dos años y tuvo la dicha de pensionarse a los 42 años de edad, lo cual le permitió desarrollar otros oficios, entre ellos, el de técnico en electrónica y comerciante.

Este generaleño vive actualmente en la Cuesta de los Bomberos, en San Isidro de El General, es amante de la pesca e intrépido viajero. Está casado y es padre de tres hijos.


25 Septiembre, 2009

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