Rancho La Botija obtiene acreditación del ICT

Aguas purificadas, sometidas a los más estrictos controles de calidad.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

Junto a la carretera al cerro Chirripó, a sólo cinco kilómetros de  San Isidro de El General, hay un lugar ideal para disfrutar las vacaciones más placenteras, en un ambiente natural donde, además, se rinde la mayor admiración por los protocolos ancestrales y el más estricto respeto por las reliquias aborígenes.

En el Rancho La Botija, Hotel de Montaña, es posible satisfacer todas las necesidades de alojamiento, alimentación y espacios para la organización de actividades festivas o laborales, para nacionales o extranjeros, a título institucional o privado.

Aquí es posible disfrutar de piscinas, admirar la carreta, el yugo, el trapiche y el volador, la cocina de hierro y la plancha de gallo, entre tantos instrumentos que contribuyeron en la evolución de los pioneros de El General; descansar sin los ruidos citadinos; caminar por senderos entre el bosque, el cafetal y el cañaveral y visitar el santuario donde descansan los restos de quienes un día fueron dueños –por herencia natural- de los bosques, del aire y de las aguas.

Hoy, el Rancho La Botija es una empresa consolidada en una propiedad de catorce manzanas, registrada en el Museo Nacional como un sitio arqueológico. Esta particularidad, sumada al hallazgo de un petroglifo, llevó a sus nuevos propietarios a desarrollar un proyecto que les permitiera dar a conocer los valores precolombinos y coloniales, en un ambiente de disfrute para las familias generaleñas.

Entonces fueron construidas once habitaciones, salones para eventos, lagos, piscina y restaurante, cuya acogida rebasó las expectativas originales. Hoy, una buena parte de los clientes que se hospedan en El Rancho La Botija son turistas europeos.

Pero el Rancho La Botija ha alcanzado, a partir de los esfuerzos principalmente individuales de doña Delia Rosa Gutiérrez Elizondo, orientados a desarrollar un proyecto de servicios ecológicamente sostenible, una certificación del Instituto Costarricense de Turismo (ICT).

Habiendo cumplido con una extensa lista de requisitos relacionados con el entorno físico biológico, entre los cuales se incluye una planta de servicio, la atención al cliente externo y el entorno socioeconómico, el Rancho La Botija se acreditó tres de las cinco hojas (¿de laurel? concebidas en el programa de Certificado para la Sostenibilidad Turística (CST) del ICT.  Las hojas son equivalentes a lo que en la hotelería se califica con estrellas.

El logro –explica doña Delia- ha sido el resultado de tres años de trabajo, recibiendo e impartiendo capacitaciones y cumpliendo con los requisitos establecidos. Significa que el Rancho La Botija cuenta con plantas para el tratamiento de aguas, manejo de desechos sólidos, programas de reciclaje y de ahorro de agua y electricidad.

Significa que el ICT también garantiza que la empresa está empleando a personas de la comunidad donde está ubicada y que les da capacitación para el manejo adecuado de los recursos naturales en el local y en sus casas; que ofrece a sus clientes alimentos orgánicos producidos o comprados a productores locales, que imparte charlas ambientalistas a estudiantes de la localidad y que invita a sus huéspedes a cuidar su entorno..

El Rancho La Botija está ahora en las listas que el ICT muestra al mundo, de las empresas que protegen los recursos naturales, culturales y sociales, en aras del progreso y el desarrollo sostenible a largo plazo. Ahora se le conocerá, con más razón, entre el creciente rango de turistas que demandan servicios protectores del medio ambiente.

Pero los pasos que viene dando distan mucho del ideal de una sociedad de servicios turísticos solidaria. Doña Delia, que ha procurado afiliarse a organizaciones turísticas locales, observa una desafortunada lucha a muerte entre empresas, que hacen lo imposible por acaparar.

De manera paralela, lamenta que no haya en Pérez Zeledón una entidad o dependencia institucional que se ocupe de respaldar a la industria turística. Hay cantones con bellezas naturales ínfimas, si se les compara con Pérez Zeledón, que tienen oficinas municipales promotoras del turismo.

Aún así, con esfuerzos más bien individuales, el Rancho La Botija se sigue consolidando, tras 17 años de evolución hacia un desarrollo empresarial en armonía con la naturaleza y la promoción de una oferta cada vez más atractiva entre los turistas del mundo.

La acreditación  que le otorga el ICT al Rancho La Botija tiene vigencia por seis meses; pero está en el ánimo de doña Delia seguir trabajando en sobrepasar las tres hojas alcanzadas, para tratar de llegar a cuatro o al máximo de cinco y, además, izar en algún momento, en la entrada de su empresa, una Bandera Azul Ecológica.

Las instalaciones del Rancho La Botija están abiertas al público, en general, de martes a domingo, de nueve de la mañana a cinco de la tarde. A las nueve de la mañana inicia el tour dirigido, por los senderos que conducen al sitio ecológico y las plantaciones. El hospedaje se hace con reservación y sólo con ella se puede ingresar a las instalaciones después de las nueve de la noche.
 


27 Diciembre, 2012

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