“Por una sola vez, Jesús aceptó que lo aclamaran”

Fray Gabriel Enrique Montero.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

H
oy, Domingo de la Pasión, inicio de la Semana Santa, se conmemora un día diferente en la vida de Jesús, porque fue la una ocasión en que admitió que se le aclamara como un a un rey, como a un mesías, porque sabía que su vida terrena estaba tocando a su fin.

Fue el único día –diferente al resto de su vida- en que pidió a sus seguidores que hicieran algo por Él; que le llevaran el burrito, para ingresar a la ciudad de Jerusalén, y en que permitió que las personas le rindieran homenaje.

El padre Luis Picado no tuvo contratiempos con el dócil animalito.

El padre Luis Picado no tuvo contratiempos con el dócil animalito.

Hasta entonces nunca había pedido nada y había prohibido, inclusive, que se difundiera el secreto mesiánico, expuso fray Gabriel Enrique Montero, obispo de la diócesis de San Isidro de El General, de previo a bendición de las palmas y la procesión que se celebró hoy, en esta ciudad del sudeste de Costa Rica.

En esta procesión, que se inició a las nueve de la mañana en templo de El Calvario y desembocó en la Catedral, para dar inicio a la eucaristía, volvió a aparecer el animalito bíblico sobre el que llegó Jesús montado a Jerusalén. Manso y llevadero, el burrito “Ígor”,  cargó hasta la catedral al presbítero Luis Picado, titular de la Parroquia San Isidro Labrador.

Poca gente, pero con manifiesto fervor, acompañó a los sacerdotes y a los actores que representan a los personajes bíblicos, hasta la catedral que, eso sí, estuvo abarrotada durante la ceremonia de conmemoración de los días previos a la muerte y resurrección de Jesucristo.

No muichos feligreses, pero sí con muestras de devoción y entisiasmo.

No muichos feligreses, pero sí con muestras de devoción y entisiasmo.

Hoy son pocos los fieles que participan en las procesiones de Semana Santa, si se les compara con las de hace algunas décadas; y no sólo porque haya diversas parroquias donde también hay celebraciones o porque una cantidad importante se haya retirado a otros credos o porque otros dediquen el tiempo a actividades recreativas. La población también ha crecido.

La respuesta está, acaso, en que se ha perdido la noción de su significado: “Una procesión –decía monseñor Montero- recuerda el camino de la vida; que todos somos peregrinos; que todos vamos hacia una meta definitiva que no es esta tierra, que somos un pueblo de Dios y que estamos orgullosos de tener un Mesías como el que tenemos.

Pidió reflexionar el significado de la conmemoración: “Él, que siendo de condición divina, asumió la condición de ciervo y se presentó ante nosotros como uno de tantos… Si hubieran sabido a quién estaban matando, no lo hubieran matado…

“Asumió la condición de ciervo y aceptó una muerte horrible, en obediencia al Padre. Y por lo que hizo, el Padre lo exaltó y le dio un nombre que está sobre todo nombre, para que, en su nombre, toda rodilla se doble, en el Cielo y en la Tierra”, expresó el Obispo de San Isidro de El General, al pedir a los feligreses que “hagamos serios propósitos para mejorar nuestra vida; hagamos el propósito, con Su ayuda, de ser más y más como Él.

Hoy, en San Isidro


29 marzo, 2015

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