Pérez Zeledón será la capital de la industria panificadora

Tío Marcos

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

S
ólo los que, siendo niños, esperaron el feliz regreso de un pariente que andaba en San José, con una bolsa de pan, puede comprender lo que significa que la excelencia alcanzada por Pérez Zeledón en el campo de la planificación le haya merecido convertirse en la sede del próximo Día Nacional del Pan.

La industria panificadora de Pérez Zeledón sobresale por su excelencia.

La industria panificadora de Pérez Zeledón sobresale por su excelencia.

Para ese gran día, el próximo trece de agosto de 2014, se espera la presencia, en las instalaciones del Colegio la Asunción, en San Isidro de El General, de empresas panificadoras de todo Costa Rica. Grandes y pequeñas, antiguas y emergentes, estas empresas se están preparando para asistir a un evento que está siendo organizado por el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA).

Pérez Zeledón se convertirá, en consecuencia, en la capital de la panificación nacional, debido a la enorme cultura del pan que ha alcanzado; a la cantidad y calidad de opciones que tienen quienes disfrutan del pan producido en Pérez Zeledón, así se trate de residentes, visitantes o habitantes de otros sectores de la Región Brunca.

Durante la mañana habrá exhibiciones de proveedores y de panificadores. Una oportunidad para que los generaleños conozcan los productos y los instrumentos que utilizan los panificadores para elaborar el “panem nostrum cotidianum” y para disfrutar las muestras que van a estar ofreciendo los industrializadores. Luego, durante la tarde, los empresarios escucharán conferencias sobre las oportunidades de estímulo con que cuenta la pequeña industria y de éxito para los empresarios del pan.

Hoy los generaleños pueden disfrutar desde el tradicional "pan francés" hasta los panes más exquisitos inaginables.

Hoy los generaleños pueden disfrutar desde el tradicional «pan francés» hasta los panes más exquisitos inaginables.

Hoy, en Pérez Zeledón, las opciones son “infinitas”, innovadoras y fascinantes; pero hace apenas unas décadas, las posibilidades que tenían habitantes de El General de disfrutar lo que ha sido, es y será un manjar para la humanidad, eran limitadas y hasta extrañas para muchos de ellos.

La industria de la panificación que fue emergiendo tras la construcción de la carretera interamericana fue lenta y la variedad de su oferta un tanto reducida. Pero, básicamente, la oportunidad de comer pan estaba limitada a los residentes de la ciudad más pudientes y, a los demás, muy de vez en cuando los domingos.

La explicación del fenómeno es simple: los campesinos manejaban entre muy poco y casi nada de dinero y, en su lugar, se alimentaban de lo que producía la tierra: el maíz de las tortillas; “estripados” (bola que resultaba de apretar un gallo de frijoles) leche agria… lo que se comía en el campo.

Desde las formas de pan más sencillas hasta verdaderas obras de arte.

Desde las formas de pan más sencillas hasta verdaderas obras de arte.

El bollo de pan era a cinco céntimos; seis por peseta si llevaba bolsa; y había unos de a diez, del doble de tamaño y con queso que eran de volverse loco. Y no es que de vez en cuando aparecieran unos cinquitos para comprar queques negros, tosteles o ilustrados.

Es que, dentro de lo usual, cuando alguien viajaba a San José hacía un esfuerzo mayor para volver con una bolsada de pan, de variedades que no existían en San Isidro.

Hoy por hoy, cientos de familias dependen de la industria del pan; y la oferta es tan variada como la puedan exigir los paladares más exigentes; mil sabores y verdaderas obras de arte obtenidas de los elementos básicos de la harina, el agua y el calor, en que han mediado, de manera inapelable, la influencia del Instituto Nacional de Aprendizaje y, por supuesto, el gusto de los generaleños por uno de los más benditos alimentos.

NOTA: Fotografías tomadas en la panificadora Tío Marcos, en San Isidro de El General.

12 junio, 2014

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