Pérez Zeledón no fue impuesto; fue propuesto por los generaleños

Carlos Luis Monge Barrantes
prensa@perezzeledon.net

Durante décadas, el origen del nombre del cantón XIX de la provincia de San José se ha presentado como algo confuso, como que fue una ocurrencia de un tal diputado de apellido Jiménez. En realidad, lo que hubo fue una disparidad entre los líderes de El General que propusieron el nombre.

Una de las versiones dice que los generaleños propusieron al Congreso Constitucional de la República (así se llamaba la Asamblea Legislativa en aquel tiempo) la creación del cantón de El General, con San Isidro como centro político y administrativo y que sorpresivamente –sin aparente causa ni justificación- el diputado Carlos María Jiménez Ortiz cambió la propuesta (en tercer debate) para que el cantón se llamara Pedro Pérez Zeledón y la ciudad Ureña.

Se ha dicho, también, que los nombres de Pedro Pérez Zeledón (para el cantón), Daniel Flores (distrito tercero), Domingo Rivas (distrito cuarto) y José María Ureña (distrito primero) fue una propuesta que nació en Dota, a cambio del apoyo que brindó a la segregación del distrito de El General.

En realidad, la iniciativa para que el cantón se llamara Pérez Zeledón nació entre los propios generaleños. Se formaron dos bandos: uno que proponía que el cantón se llamara El General, con San Isidro como centro, y otro que se llamara Pérez Zeledón, con Ureña como centro.

Aún más, en el escrito enviado por los generaleños al Congreso, se lee la propuesta para que el cantón se llame El General, el Distrito Ureña y la ciudad San Isidro.

En los dos primeros debates se dio curso a la propuesta original de creación del cantón de El General, pero los de otra papeleta reaccionaron y lograron que el diputado Jiménez Ortiz introdujera el cambio.

En San Isidro, la noticia se recibió por vía del radiograma y los que proponían la creación de la ciudad de Ureña y el cantón de Pérez Zeledón estallaron en júbilo. “Andrés (Monge Guzmán) saltaba de alegría y gritaba: lo pegué… lo pegué”, destacaba Lidia Agüero, quien a sus 15 años de edad, fue convocada para que leyera el cablegrama ante una importante cantidad de público congregado frente a la Alcaldía.

Aunque no visitó El General más que tres veces, Pedro Pérez Zeledón mantuvo un estrecho vínculo durante toda su vida. Desde que el dictador Federico Tinoco lo confinó a Santa María, donde compró una finca, pasaba largas temporadas en el cantón de Dota. Amaba al Valle; gestionó el envío de los primeros once maestros costeados por el Estado; gestionó la construcción de tres refugios a lo largo de la Picada de Calderón (el trillo que unía a El General con Dota); motivaba a la gente a que se desplazara a lo que él consideraba una tierra de promisión.

 


5 octubre, 2012

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