Paneles solares rescatan a los indígenas del aislamiento

Algunos niños regresan a sus casas al anochecer, después de caminar largos trechos. Ahora pueden estudiar de noche, aunque no haya canfín ni candelas.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

En sectores remotos de las reservas indígenas de Cabagra y Salitre, cantón de Buenos Aires, el Instituto Costarricense de Electricidad  (ICE) viene desarrollando un proyecto de instalación de paneles solares.

Son pequeños dispositivos que permiten a los aborígenes acumular energía eléctrica, en cada una de sus casas, para abastecer un televisor y tres fluorescentes y mantener cargados sus teléfonos celulares.

Parece poco, pero la repercusión en la vida de cada uno de los habitantes y en la actividad social de las 46 familias beneficiadas puede ser de una importancia trascendental. Un pequeño televisor para no encontrarse del todo aislados del resto del mundo y la oportunidad de que los niños puedan estudiar, aunque sea de noche, cuando regresan de la escuela  tras una o varias horas de camino por desfiladeros y bosques. A veces, por las pobrezas, en la casa no hay canfín ni candelas.

Últimos detalles en la instalación de un panel solar. En la foto, Félix Navarro.

Últimos detalles en la instalación de un panel solar. En la foto, Félix Navarro.

Pero quizás de mayor trascendencia inmediata es la oportunidad de mantener los celulares cargados, para que alguno de ellos suba a un cerro donde se sabe que casi siempre hay señal y pida auxilio, mientras los otros sacan a pie a una persona que se encuentre herida o haya sido picada por una culebra. Ya les ha pasado; a veces pasa.

“Comprar un balón de futbol $ 45.oo… Comprar un celular…  entre $ 25.oo y $ 200. 00… Ver la felicidad de una familia indígena de la reserva indígena Salitre y Cabragra cuando se le instala un panel solar… NO TIENE PRECIO”, dice en su perfil de Facebook Félix Alonso Navarro,  un trabajador del ICE que narra las vicisitudes y emociones que le ha deparado el trabajo de instalación de los paneles.

Las labores se vienen realizando durante el presente mes de marzo de 2013.

Es una experiencia única llegar en un carro del ICE hasta donde termina el camino “transitable” y de ahí emprender el viaje durante horas, a caballo o a pie, por entre montañas, ríos y trillos para llegar a una casa a instalar un panel. Son casas a veces levantadas sobre basas; a veces simples ranchos, pero en buenas condiciones, construidas con bonos para la vivienda. Así las pidieron ellos.

Cocina de leña atrás; sin despensa como las que hay en las casas de las ciudades. Yuca, bananos y, de seguro, frijoles, porque ellos los siembran y en Las Brisas –a varias horas de camino- ya no quieren el quintal ni a 22 mil colones.

Hablan poco, más en lenguas aborígenes que castellanas, pero no porque no sean comunicativos. Desde que llegan los trabajadores del ICE los acompañan a cada paso que dan, observando cada uno de sus movimientos y sus acciones, como si quisieran llegar al fondo del asunto ese de la electricidad.

Luego; los rostros que se iluminan y las exclamaciones afloran, cuando se enciende el fluorescente. Es lo que no se compra con una tarjeta dinero; la sensación más sublime que se puede tener, cuando se trabaja para una institución como el ICE, comenta Félix Navarro.

Quizás algún día el ICE –con sus esfuerzos de interés social- pueda instalarles una antena que les permita tener señal para sus celulares en sus propias casas. Una empresa comercial no; porque nunca podría recuperar las inversiones y sacar provecho.

Este proyecto de paneles solares lo viene realizando el ICE en todo el país. En Costa Rica hay ocho grupos indígenas asentados en 24 territorios reconocidos por ley. De los 75 mil aborígenes registrados, el 43 por ciento vive en territorios indígenas, en condiciones parecidas o de mayor aislamiento –como podría decirse de Olán, también en Buenos Aires.
 


10 Marzo, 2013

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