Otto Elizondo, el músico del pueblo

Imagen: Otto Elizondo, el músico del pueblo

Este generaleño ha forjado durante años innumerables talentos en Pérez Zeledón

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net


Otto, espera seguir enseñando

Existe un recinto en el Complejo Cultural de San Isidro de El General, donde las melodías más sencillas tienen sello propio, son las de Otto Elizondo.

Don Otto, con su música ha calado en muchas generaciones. “Quizá mi trabajo no se ha visto en el centro de San Isidro, sino, en lugares lejanos de donde muchas personas (niños y adultos) vienen aprender un poco para resolver sus necesidades musicales”, dijo Elizondo.

Forjador. Por más de 40 años, este artífice generaleño ha visitado unas 30 comunidades en las cuales ha conformado estudiantinas, grupos populares y religiosos, estos últimos tanto en iglesias católicas como evangélicas.

Este hombre, oriundo de Pejibaye de Pérez Zeledón, manifestó que imparte lo esencial a sus alumnos, quienes asisten a sus clases tres meses y luego siguen el camino musical por su cuenta.

Don Otto se considera autodidacta y recuerda con nostalgia cuando salió de su pueblo para trabajar en San Isidro de El General como músico. Sus inicios fueron en rondallas, mariachis y también como docente.

“Soy como el arroz, los frijoles y el fresquito, la comida diaria de las personas. Mi música no es de lujo, sino sencilla y popular. Yo les doy las bases rápidamente sin mayores conceptos teóricos”, acotó.

La guitarra, la mandolina, los teclados, el bajo y los violines son los instrumentos que Otto enseña en su escuela, donde niños y adultos llegan con ilusión de aprender melodías.

Huella. A lo largo de su trayectoria ha grabado tres discos, el primero con la estudiantina de la escuela La Asunción a inicios de los años 70, el segundo con el coro de barrio Sagrada Familia en los 90, y un tercero de música infantil recientemente.

Un curioso dato de don Otto es que enseñó a tocar guitarra a un grupo que en la década de los 80 se dio a conocer en la escena nacional como los Abejorros.

Sin embargo, aunque a través de los años ha estado en pueblos donde ha formado un semillero de talentos musicales, actualmente prefiere hacerlo desde su escuela y por ello cobra barato.

Además, él cuenta que ahora imparte sus clases a los nietos de quienes fueron sus primeros estudiantes.

Infortunio. No obstante, la vida golpeó fuerte a este gran músico generaleño, pues en varias oportunidades ha sido víctima del hampa. Recién sustrajeron de su escuela instrumentos y, en el acto vandálico, los ladrones destrozaron su estudio de grabación y documentos importantes. Más de ¢6 millones se registraron en pérdidas.

“Esa vez me mataron el alma, pero si no fuera por mis alumnos y la gente que me brinda su cariño no hubiera salido adelante”, señaló.

De su futuro don Otto no habla, solo le pide salud a Dios para hacer lo que sabe hacer, enseñar música.


14 Enero, 2008

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