OIJ de Pérez Zeledón a la caza de incendiarios

Quemas forestales.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

Indignados, ante la agresión sistemática de que son víctimas impunemente, año con año, los dueños de la empresa Probioti Soluciones Ambientales presentaron formal denuncia para que los tribunales de justicia encuentren y sancionen  al pirómano que les está quemando una finca.

Una vez más, el fuego les arrasó un proyecto de producción orgánica y de protección al medio ambiente. Adiós caña orgánica, para el reconfortante caldo que otrora hacía las delicias de los visitantes de la Feria del Productor Generaleño. Adiós frutales y soto caballos. Y adiós al humedal vecino, que servía de hábitat a las pocas especies que van quedando.

Esta vez, el fuego le anduvo cerca a varias casas de habitación.

Esta vez, el fuego le anduvo cerca a varias casas de habitación.

La propiedad, ubicada en El Pilar de Cajón, ha sido dañada o totalmente devastada, a lo largo de los últimos años, desde que Bolívar Ureña y su esposa, Sara Chavarría, iniciaron el proyecto de desarrollo de una finca ecológica, en torno a la empresa Probioti, que se ocupa de limpiar de los artefactos tecnológicos desechados en Pérez Zeledón.

Pero desde los inicios –hace ocho años- han tenido que soportar la devastación causada por el fuego, ante la impotencia de las autoridades. En principio, el inicio los incendios se atribuye al propietario de un cañaveral vecino, que utiliza el fuego para facilitar la zafra.

Pero la identificación del pirómano ha sido imposible, hasta ahora. Ni siquiera hay claridad, entre los funcionarios públicos y los habitantes de El Pilar, acerca de la identidad del dueño de la finca o del capataz que entrega la caña al ingenio. Y menos si es el dueño el que enciende el fósforo, si manda a alguien a que lo haga o si se tratará de un pirómano, enfermizo al que le gusta ver las cosas ardiendo.

Imagen publicada en marzo de 2015. La agresión se repite sistemáticamente.

Imagen publicada en marzo de 2015. La agresión se repite sistemáticamente.

Esta vez, como en otras anteriores, el fuego parece haberse iniciado en el cañal, cerca del mediodía del martes de la semana pasada (29 de marzo de 2016). Arrasó con arbolitos frutales que estaban por cosechar y con los charrales que protegían una laguna inverniz vecina, reservada por su dueño por su condición de humedal.

Sara Chavarría estaba trabajando cuando recibió la llamada telefónica de un vecino, que le informaba sobre el incendio, a las 11:30 de la mañana, hora en que está “prohibido” hacer quemas. (Aunque la prohibición –en la práctica- sólo vale para los productores de caña que solicitan y consiguen el permiso para quemar y que, por ende, se ajustan a todos los requerimientos de ley).

Imposible controlar el fuego, que se extendió por el cañal y los alrededores, a lo largo de al menos cinco horas. Llegaron los bomberos; oficiales de la Fuerza Pública, funcionarios de los ministerios de Salud, Agricultura y Ganadería y Ambiente y Energía, y también agentes del  Organismo de Investigación Judicial.

Adiós plantación de árboles frutales, debido a un nuevo incendio provocado.

Adiós plantación de árboles frutales, debido a un nuevo incendio provocado.

La posibilidad de identificar al incendiario y aportar evidencia es remota, sin embargo, puesto que toda la estrategia consiste en encender un fósforo, dejarlo caer y seguir caminando. La mayor aproximación que podrían tener las autoridades dependerá de que haya testigos que quieran referirse al tema y aporten pruebas circunstanciales y, si se pudiera, una fotografía o un video.

De manera diferente, se necesitaría una modificación a la ley, para obligar a los cañeros (que no escapan a la crítica situación económica por la que atraviesa el sector agrícola) a limpiar los carriles y tomar las medidas preventivas que sean necesarias, durante la época seca, para evitar que el fuego se propague.


2 abril, 2016

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