Oda a la paciencia en la sala de un hospital cualquiera

En la sala de un hospital cualquiera.

Paciencia. Ármese de paciencia. Tome asiento, si puede, pues si hubiese  espacio habrá que dárselo a una persona mayor, vamos, sea cortés, no cuesta nada.

El suplicio de ser atendido en un hospital público es toda una vorágine de inciertos si tomamos en cuenta que es la única opción del pobre en un país a punto del colapso como Tiquicia.

Suave un toque, le cuento que si quiere algo mejor y ser bien atendido por parte del médico… ¡pague!, porque lo que usted y yo aportamos, o se nos rebaja,  vale poco.

Aquí estoy en la sala de especialidades de un hospital cualquiera. Llevo dos horas con mi padre esperando que lo atiendan, pero no, cada 20 minutos llaman a las mismas personas, la cuales no sé dónde se habrán metido.

¡Maldita pobreza! para quienes no les toca más que esperar, paciencia, sí paciencia, hasta el semblante del mismo médico que una vez nos atendió en clínica privada, es diferente hoy, lo veo con el ceño fruncido y sin ganas de saludar a nadie, debe ser que no se  acuerda cuando le pagamos 25 mil colones por aquella consulta.

Diviso gente de todos lados. La mayoría seguro vienen de largo, del campo, se les nota en su rostro y en su andar, lucen más tranquilos. Es un hecho que el olor a montaña quita las preocupaciones. Uno en cambio siempre anda atribulado, pensando en hacer esto, terminar aquello y llegar a tiempo. Paciencia, me pido paciencia. Mis estúpidas neuronas no logran entenderlo. Veo señoras con pequeños en brazos, y yo aquí sentado en esta sala de hospital.

Los lloriqueos de un niño que está detrás ametrallan mis oídos. Por lo menos el talante de las secretarias que hay ahora en esta sala es ameno, seguramente ya se pensionaron aquellas amargadas.

Escucho a un hombre fortachón, con camiseta sin mangas y con un tatuaje hindú, maldiciendo al médico de x especialidad: “–Solo jartando pasan estos hijueputas, si no andan en eso, andan viendo a la querida–”. De veras, que su disertación me causó gracia.

Ay, sistema este, abyecto y desalmado como dijo Fito, y yo aquí con mi padre sigo esperando.

Dicen que la Caja está en crisis, cómo no, tantos salarios que pagar, tantas comodidades para algunos, tantas platas que otros se roban, tanto que  se le rebaja a la clase asalariada de esta “Suiza Centroamericana”. Pobrecito el pobre, que no puede recibir de la mayoría de los médicos el saludo y el trato cordial con que atienden en sus consultorios privados.  ¿Será que solo queda  esperar  y tener paciencia?


8 septiembre, 2012

Anúnciate Gratis